Un libro, otro más, sobre el fin del libro (y de los otros
medios). La Modernidad se pone de pie sobre las espaldas de sus gigantes para
contabilizar los cadáveres que ha dejado su avance arrollador. La planificación
de la obsolescencia. La Postmodernidad, una meta-muerte en sí misma, extiende
un certificado de defunción sobre la Modernidad y sus muertos. Fin de los
grandes relatos (Lyotard), fin de la historia (Fukuyama), fin de la novela
(Mendoza), fin del trabajo (Rifkin)... Ahora que el debate sobre lo postmoderno
fue desterrado de las tertulias intelectuales, sólo nos queda un montículo de
cenizas que los nuevos vientos se encargarán de ir llevando por ahí. Cada medio
de comunicación, antes o después, asiste a su propio velatorio. El cine ha reflexionado,
si no sobre su muerte, al menos sobre el final de una época dorada donde este
medio no tenía contendientes en el universo de las imágenes en movimiento.
Nuovo Cinema Paradiso (G. Tornatore, 1988) nos hacía revivir esa época, un
período que terminaba como los libros de Ray Bradbury en Fahrenheit 451: en
medio de las llamas y con olor a celuloide quemado. A todos los que nos gusta
navegar por las aguas semióticas llevamos en nuestra retina otra imagen de
libros quemándose: el incendio de la biblioteca en las últimas páginas de El
Nombre de la Rosa.
De estas cosas tan actuales hablaremos en este artículo.
La llegada de lo nuevo Cada vez que un "nuevo medio' se
integra al ecosistema de comunicación se producen de manera indefectible
ciertos movimientos o desplazamientos teóricos que se indican a continuación:
I) De forma casi automática se generan movimientos culturales de rechazo o de
aceptación acrítica de "lo nuevo". El debate entre apocalípticos e
integrados (Eco, 1964) alrededor de la televisión y la cultura de masas se
repitió en los años noventa con la web: frente a los que ensalzaron lo
"nuevo" de los tt070 media los defensores de los old media se
refugiaron detrás de una trinchera de volúmenes para resistir un ataque que
sólo ellos veían. Cualquier libro con pretensiones de cientificidad debe
colocarse más allá de la razón dualista que reduce todo a oposiciones manicy
teas. 2) El discurso maniqueo algunas veces pretende ser superado a golpes de
instrumentalismo: el medio, según está versión, es sólo un instrumento neutro
que, dependiendo de quién o cómo lo utilice, pue-de tener efectos positivos o
negativos. Esta lectura apresurada —basada en la vulgata mcluhaniana es
refutada por el mismo McLuhan: los instrumentos creados por los humanos, lejos
de ser una dócil prótesis en sus manos, los remodelan.
Los "nuevos
medios" no son ni buenos ni malos, pero es indudable que están
reformateando nuestra cognición y muchos aspectos de la vida cultural y social.
3) Cada vez que aparece una nueva tecnología y se la pretende encuadrar
teóricamente, se producen otros dos movimientos que tienden a anularse
mutuamente. Por un lado surgen los investigado-res aeriiital distoniimáitas
cuyo planteo puede reducirse al siguiente postulado: el "nuevo medio"
es tan revolucionario e innovador que todo el saber científico acumulado hasta
ahora no puede ser aplicado: la salida, obviamente, se encontraría en los
siempre citados y nunca explicitados "nuevos paradigmas" teóricos.
Por otra parte, los Tifitili enahnuilias sostienen que el "nuevo
medio" de "nuevo" no tiene nada, y por lo tanto se puede seguir
trabajando con los modelos teóricos y las metodologías tradicionales. Se trata
de seguir regando el propio paradigma y seguir comiendo de sus magros fru-tos
(Scolari, 2008a).
4) Cada discurso que ensalza la aparición de un "nuevo
medio" se complementa con un discurso que extiende un certificado de
de-función a un "viejo medio". Algunos predijeron la muerte del
teatro por la llegada del cine, la desaparición del cine por la difusión de la
radio y la televisión, la extinción del libro por culpa de la web. Como se
puede deducir a partir del párrafo anterior, la historia de los medios se
repite, primero como irrupción innovadora —la radio era un new media en la
década del veinte, y la televisión lo fue en los cin-cuenta- v después como
velorio. Algunos intelectuales sienten un espe-cial placer en extender
certificados de defunción a las old media. Como dice la I )] inicia línea de
Fahnmheit 451 ,"it was a pleasure to bum".'
2. Libros + bibliotecas + incendios = Eco2
Escribe Humberto Eco en
El Nombre de la Rosa : "Quería un
ciego que custodiase una biblioteca (me parecía una buena idea narrativa), y
biblioteca más ciego sólo puede dar Borges, también porque las deudas se
pagan" (1989:515). Mutatis mutandis, si hablamos de incendios y libros,
una figura se abre paso entre los anaque-les de la biblioteca: el mismo Umberto
Eco. Tanto su producción teórica como narrativa, sin olvidar su pasión como
bibliófilo, lo co-locan como referencia ineludible en el debate sobre el fin de
libro. Recapitulemos este recorrido.
Robert Comer abrió la discusión con un artículo titulado The
Enid of Books y publicado por The New York Times en 1992: El hipertexto es
ciertamente un entorno nuevo y único. Los artistas que trabajan en ese entorno
deben ser leídos ahí. Y probablemente serán juzgados en ese mismo entorno: la
crítica, al igual que la ficción, se está moviendo fuera de la página (off the
pape) para irse al online, donde es .susceptible de continuos cambios textuales
y de estado.
Fluidez, contingencia, indeterminación, pluralismo,
discontinuidad son las claves del hipertexto, y se están convirtiendo
rápidamente en principios, de la misma manera que la relatividad hace no tanto
tiempo desplazó a la manzana cayéndose (Comer, 1992). En los comienzos de la
era digital parecía que todos los textos se estaban moviendo, como decía Comer,
"off the page" . Después ele 500 años de libros impresos y 2.000 años
de pasar páginas con la yema del dedo la web afectó formas muy radicadas de
producir y hacer circular el conocimiento. En este contexto los libros de
Gutenberg, como los grandes depredadores del jurásico, parecían condenados a la
extinción.
mberto Eco no podía quedar al margen de este debate. En 1994
organizó en el Centro Intenzazionak di Studi Semiotici e Cognitivi (San Marino)
un seminario titulado The. Future of the Book que convocó a especialistas de
todo el mundo. Como resultado de este seminario, no podía ser de otra forma,
Ceoffrey Nunberg publicó un libro titu-lado 'the Future of the Book (University
of California Press, 1997). En este seminario Eco dejó caer aquellas que serían
sus reflexiones más destacadas sobre el fin del libro.
Eco identificó una serie de núcleos temáticos en el discurso
sobre el "fin del libro" y trató de ir más allá de las oposiciones
maniqueas (nuevo/viejo, vida/muerte, pasado/fiuuro, etc.). Escuchemos lo que
Eco decía sobre el más importante dispositivo para la transmisión cultural
desde el siglo XV:
Imágenes versus cultura alfabética
Las responsabilidades y las tareas deben ser cuidadosamente
balanceadas. Si para aprender idiomas las cimas son mejores que los libros,
cuidemos los casettes. Si una presentación de Chopin con comentarios en CD
ayuda a que la gente entienda a Chopin, no nos preocupemos si no compran los
cinco volúmenes libros venus otros [...] Estoy seguro de que las nuevas
tecnologías vol-soportes verán obsoletos muchos tipos de libros, como las
en-ciclopedias o los manuales [...] Los libros seguirán siendo indispensables
no sólo para la literatura, sino en cualquier circunstancia donde se necesite
leer con cuidado, no sólo recibiendo información sino también especulando y
reflexionando sobre ella (Eco, I997b).
Publicar versus La gente puede comunicar directamente sin la
inter-comunicar mediación de las editoriales. Mucha gente no quiere publicar;
simplemente quieren comunicarse entre sí. El hecho de que en el futuro lo harán
por coreo ele-trónico o por Internet será un gran beneficio para los libros, la
cultura y el mercado de libros. Miren una librería. Hay demasiados libros (Eco,
1997h).
Cambio venus En la historia de la cultura nunca algo ha
simplemente integración matado otra cosa. Algo ha cambiado otra casa (...] Me
parece que la oposición real no es entre computadoras y libros, o entre
escritura electrónica y escritura ma-nual o impresa (Eco, 1997b).
En los años siguientes Eco siguió participando en el debate
sobre el fin del libro en diferentes conferencias y eventos, pero los
fundamentos de su discurso siguieron siendo aquellos presentados en San Marino
en 1994. En una serie de entrevistas -A Gonversation on Infinnation (Eco,
19956), Le notizie surto troppe, imparate a decimar-le, (Eco, 1996a) y The
JVorld According to Eco (Eco, I 997a)- el destacado semiólogo describió muchas
circunstancias y experiencias personales relativas al uso de la computadora y
la sobrecarga infor-mativa (infOrmation ovellmo). Antes, si yo necesitaba una
bibliografía sobre Noruega y la semiótica, iba a una biblioteca y probablemente
encontraba 4 Ítems. Tomaba notas y encontraba otras referencias bibliográficas.
Ahora con Internet puedo tener 10.000 Ítems. A estas alturas queda paralizado.
Tengo que elegir otro tema (Eco. 1995)
nos permite crear y editar imágenes, cuyas instrucciones son
introducidas por medio de iconos; pero también. es cierto que la computadora
.se ha convertido, ante todo, en un instrumento alfabético (Eco, 1996b). La
11'11'11' es la Abuela de Todos las Hipertextos, una biblioteca mundial donde
uno puede, o podrá dentro de poco tiempo, tener acceso a todos los libros que
desee. La web es el sistema general de todos los hipertextos existentes (Eco,
1996h). penemos tres tipas de memoria. La primera es orgánica, es la memoria de
carne y sangre (11e.sh ami blood) administrada por nuestro cerebro. La segunda.
es mineral. En este sentido la humanidad ha conocido dos tipos de memoria
mineral: hace algunos milenios era la memoria. representada por las tablas de
arcilla y los obeliscos, muy conocidos en. este país (Egipto, N.d.1..), donde
la gente grababa sus textos. Sin. embargo, el segundo tipo de memoria mineral
es la actual, la. de nuestras computadoras basadas en el silicio. También hemos
conocido otro tipo de memoria, la vegetal, representada en las primeros papiros,
también muy conocida en este país, y los libros, hechos de papel 1. Este lugar
(la Biblioteca Alejandrina, N.d.T) ha estado en. el pasado y lo estará en el
futuro destinado a. la conservación de libros; por lo tanto es y será. un
templo de la. memoria vegetal (Eco, 2003). Inclusive si se imprime en papel
ácido moderno, un libro dura unos 70 años más o menos, pero siempre es más que
un soporte magnético. Es mas, ellas no .sufren por los cortes eléctricos ni las
caídas de tensión, y son más resistentes a las descargas (Eco, 2003).
Por favor recuerden que tanto los hebreos como las primeras
civilizaciones árabes estaban basadas en un. libro, y esto no es independiente
del hecho de que ambas fueran civilizaciones nómades. Los antiguos egipcios
pudieron grabar sus textos en obeliscos de piedra.; Moisés y Mahoma no
pudieron. Si una quiere cruzar el Mar Rojo, o ir desde la península arábiga
hasta España, un rollo es un
Después de haber pasado doce horas en una computadora, mis
ojos quedan como dos pelotas de tenis, y siento la necesidad de sentarme
confortablemente en un sillón y leer el diario, o quizás un buen poema. Creo
que las computadoras están dijúndiendo un nuevo tipo de allizbetismo, pero son
incapaces de satisfacer todas las necesidades intelectuales que ellas mismas
estimulan (Eco, 2003).
Para concluir esta sección, podemos decir que la visión ele
Umberto Eco sobre el futuro del libro no se aleja demasiado de las concepciones
de Marshall McLuhan y otros miembros de la llama-da Escuela ele Toronto (Harold
Milis, Derrick de Kerkhove, Robert Logan). Como hemos visto, Eco considera que
los libros no desapare-cerán: simplemente están redefiniendo su lugar en el
sistema de medios. Si bien en la actualidad "el concepto de alfabetismo
compren-de muchos medios", el libro es todavía "el más económico,
flexible, lava-y-listo sistema para transportar información a muy bajo
costo" (1997b). El libro no ha muerto, larga vida a la memoria vegetal.
3. Soportes, semiosis e interfaces ¿Cuál Eco se interesa por
el fin del libro? ¿El profesor ele semióti-ca de Rolan o el bibliófilo
empedernido? En otras palabras: ¿Debe la semiótica ocuparse del fin del libro?
¿Entra dentro de su mirada científica la desaparición de un soporte material?
¿Debe la semiótica extender su análisis hacia el soporte material o está
limitada al estudio de los procesos semiósicos de producción e interpretación
de significados? Esbozo una primera hipótesis: el bibliófilo se interesa por el
oh-jeto-libro, el semiótico por los sistemas de significación que se expre-san
en sus páginas y los correspondientes procesos ele producción/ reconocimiento
de sentidos que desencadenan. Explica Eco en si claro que hay bibliófilos que 11.1 incluso leen las libros
que acumulan.. Pero para leer tantas libras hay que ser un ratón de
biblioteca. El bibliófilo, en. cambio, si bien. está atento al contenido,
quiere el objeto, y si es posible que sea el primero que salió de la imprenta.
Existen bibliófilos, que yo no apruebo pero comprendo, que si tienen. un. libro
con. las páginas pegadas no las separan para. no violar el objeto que han
conquistado. Cortar las páginas de un libro raro sería. como si un.
coleccionista de relojes rompiera la caja para ver el mecanismo (Eco, 2007).
El
bibliófilo practica el culto del soporte orgánico, es incapaz de maltratar un
volumen, se esmera por mantenerlo en vida y nunca se le ocurriría subrayar una
frase. El semiótico, por el contrario, desarrolla una mirada con rayos X donde
el soporte tiende a des-aparecer y se fija en la estructura ósea del corpus
textual. Cuando el Eco-semiólogo analiza Sylvie de Nerval en Isctor in abulta
0979: no nos dice nada del ejemplar impreso sobre el cual está traba-jando. No
sabemos si era un ejemplar hardcover o de bolsillo, si estaba subrayado con
lápiz o anotado en sus márgenes con tinta. Esta aproximación semiótica que
ignora al soporte se convierte en el gesto especular del Eco-bibliófilo, el
cual se deleita en El Nombre de In Rosa describiendo con lujo de detalles el
estado de las páginas de un manuscrito del siglo XII (pero sin entrar a
analizar su dispo-sitivo de significación).
Volvamos a nuestro debate sobre el fin de libro. Si el libro
des. aparece en tanto soporte orgánico de la escritura, la profesión (que es
también pasión) del bibliófilo se extinguirá ole a poco, hasta que quede
desfigurada o absorbida totalmente por la del arqueólogo. Es sólo una cuestión
de tiempo: los bibliófilos se ocupan de incunables y los arqueólogos de
papiros. Al César lo que es del César. Pero si el libro muere, el lenguaje
verbal e icónico que se expresa en sus páginas de papel no se irá con él:
encontrará otros soportes para expresarse. El semiólogo, desde esta
perspectiva, tiene su futuro profesional (y pasional) asegurado. Siempre habrá
textualidades mi-nerales, vegetales o digitales para analizan si no son los
libros, nos paremos de los textos que aparecen en algunas de las pantallas que
nos rodean.
¿Es posible cruzar estas dos tradiciones, la del bibliófilo
(que se centra en el soporte material y descarta el contenido) y la del
se-miólogo (que se reserva para sí el estudio de los sistemas semióticos, más
allá de la materia en que se expresen)? Creo que sí. El punto de encuentro
sería una semiótica de las interfaces (Scolari, 2004), en este caso una
semiótica especializada en las interfaces de la escritura corno aquella
desarrollada por Alessandro Zinna en Le interface degli oggeill di serian. (2004).4 Si las
interfaces son semiotizadas, es decir, analizadas en tanto dispositivos que
también hacen su aporte en la construcción del sig-nificado, entonces esa zona
vacía que queda entre el soporte y el texto comienza a completarse. En otras
palabras: si considerarnos a las interfaces corno un dispositivo de
significación, es posible juntar alrededor de una misma mesa la tradición
bibliófila de los estudios de los soportes materiales de la escritura y la
tradición semiótica. Este festín imaginario, donde estarían invitados
investigadores como Guglielmo Cavallo, Roger Chartier, Lucien Felwre y
Henri-Jean Martín, se podría completar con lo más granado de la escue-la
semiótica textual, por ejemplo Algirdas Greimas, Eliseo Verón, Mijail Bajtín y
Jurij Lotman. Umberto Eco, por su triple condición de bibliófilo, semiólogo e
italiano, debería presidir el evento ocupando el lugar del eapotavoln.
Enfrente a Eco, en el otro extremo de la mesa, una silla debería estar
reservada a Roland Barthes.
¿Por qué no sentar a Barthes junto a Greimas, Verón, Bajtín
o Lotman? Al final de los años 60, después de recoger el guante se-miológico
que los discípulos de Saussure habían dejado caer en el 1916, Roland Barthes
fue reconfigurando sus ideas de lo que era un texto, un autor o una
interpretación. Este último Barthes, tan amado por la escuela
deconstruccionista e hipertextual (Landow, 1992), se fue acercando a la
práctica de la escritura, sobre todo después desu experiencia en Japón. Si en
L'Empire des Signes (1970) Barthes reflexionaba sobre la escritura ideográfica
japonesa y el gesto del pincel deslizándose sobre la superficie del papel, en 1977
abrió la lección inaugural al aflige de Frantz. sosteniendo que la literatura,
más que un corpus de obras, es "el complejo gráfico de las huellas de una
práctica: la práctica de la escritura" (Barthes, 1981: 11). Es ahí, en el
papel todavía húmedo por el paso del pincel, en la superficie vegetal marcada
por los tipos de plomo entintados, en la pantalla plana de las máquinas
digitales, donde la semiótica de las interfaces de la escritura construye su
cmpus y encuentra su motivo de ser. Pero nos volvimos a alejar del terna de
este artículo: ¿Desaparecen los libros? Es muy probable. las tablas de arcilla
duraron varios milenios, los papiros sobrevivieron otro tanto, los códices de
pergamino tuvieron su momento de gloria durante unos trece siglos... ¿Por qué
habrían de ser eternos estos objetos de papel impreso? Como ya dijimos, que el
soporte material desaparezca no significa que la escritura o las prácticas de
lectura mueran ni que sus interfaces pasen a mejor vida. Veamos rápidamente
estos cambios. El paso del rollo de papiro al códice de pergamino hace unos
2.000 años significó dos cambios: una modificación del soporte (de una trama de
juncos a la piel) y un cambio de interfaz (cle un texto que se desenrollaba a
un texto que se hojeaba). Por otro lado, el paso del códice de pergamino al
códice de papel en el siglo XIII no fue tan traumático: cambió el soporte
material pero la interfaz siguió siendo la misma. La llegada de la imprenta,
revolucionaria bajo tantos aspectos, apenas modificó la interfaz de los libros
que se copiaban a mano a comienzos del siglo XV. En la Biblioteca del Congreso
de los Estados Unidos se encuentran expuestos dos ejemplares enfrentados: por
un lado la Biblia de Gutenberg (tina de las mejores ediciones salidas cle su
imprenta), por otro la Biblia Gigante de Mainz (manuscrita). Ambas fueron
realizadas alrededor del 1450. Resulta cuanto menos interesante ver cómo los
impresores hicieron todo lo posible para reproducir con medios mecánicos lo que
hasta ese momento se hacía a manos
Siguiendo con esta rápida lectura histórica, los actuales
libros digitales reproducen en la pantalla interactiva el gesto de "pasar
página" proveniente de los códices manuscritos nacidos con la era
Cristiana', al mismo tiempo que los programas de videmsnitura se presentan en
la pantalla bajo la forma de un rollo vertical sin solución de continuidad...
Si los soportes materiales de la eStrial-ra pueden terminar en un museo, las
interfaces -.a mueren: se transforman y
aparecen en otros soportes (Scolari, 2004). Si trasladamos este planteo desde
las interfaces a los medios nos encontramos con lógicas tres. Los medios rara
vez desaparecen: suelen adaptarse al nuevo ecosistema para sobrevivir, por
ejemplo adoptando o lindo los rasgos pertinentes de los recién llegados o
integrándose dentro del nuevo medio (Scolari, 2008a, 2008b). Según Marshall
McLuhan el contenido de un nuevo medio es siem-pre otro medio. El cine deglutió
al teatro, la televisión al cine, la web a la televisión.
Las apasionadas discusiones que enfrentan a los adalides de
la me-moria de silicio contra los defensores de la memoria vegetal deberían ser
encuadradas dentro de una evolución histórica de larga duración. Más de un
escriba se habrá querido tirar de la Pir: " le de Keops cuando aparecieron
los primeros códices de pergamino , y mejor no pensar en las reacciones de los
copistas medievales a la "nueva tecnología" inventada por Gutenberg a
mechados del siglo XV. Los soportes materiales y las discusiones pasan, las
interfaces y los procesos semió-sicos de producción de sentido e
interpretación, quedan.
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