El conocimiento Científico Esther Díaz / Mario Heler
Hacia una visión críticia de la ciencia volumen 2 Eudeba
IV. LAS CIENCIAS SOCIALES
1. EL OBJETO DE ESTUDIO DE LAS CIENCIAS SOCIALES
El prestigio, merecidamente ganado de las ciencias
naturales, particularmente de la física, ha logrado que su método sea exaltado
como "el método de la ciencia''. En cambio, respecto de las ciencias
sociales o humanas no existe unanimidad, no sólo en cuanto al método, sino
tampoco en cuanto a su rango de ciencia. Aunque la controversia sobre las
ciencias sociales es multi-facética, podemos agrupar tres posiciones
divergentes ante el problema de las ciencias humanas:
I. Se las niega como ciencia.
2. Se las acepta como ciencia, pero se les exige que adecuen
su método al de las ciencias naturales.
3. Se las acepta como ciencia teniendo en cuenta su
problemática específica o no se entra en la discusión.
Las dos primeras posiciones parten de premisas similares en
cuanto a su valoración de las ciencias sociales, porque tienen como modelo de
actividad el método experimental de las ciencias naturales. Estas brindan
coherencia lógica y contrastación con la experiencia. Satisfacen con eficacia
las instancias de explicar y predecir, propias de la ciencia. Estos requisitos
no son cumplidos con exactitud por las ciencias sociales.
La decisión de negar categoría científica a las ciencias
sociales proviene del ideal, heredado del positivismo decimonónico, de la
unificación del conocimiento. Las ciencias naturales son el ámbito apropiado
para quienes sustentan que sólo se conoce cuando se unifica lo formal y la
experiencia. Este modelo proviene de la físico-matemática, entronizada en
nuestra cultura desde el siglo XVII. No parece posible conciliar las exigencias
de las ciencias naturales, con lo que se puede exigir a las ciencias sociales.
En vista de esto, se considera que, si no se cumplen los requerimientos de las
primeras, no hay ciencia; en consecuencia sólo hay ciencias formales y
naturales.
Aquellos que reclaman que se adecue el método de las
ciencias sociales al de las naturales, consideran que este último es el
verdaderamente válido. Pero no se atreven a negar una realidad de nuestra
época: las ciencias sociales existen. En atención a esto, se les otorgará un
lugar en la ciencia, siempre y cuando se avengan al mandato del modelo. En el
apartado siguiente se desarrollará brevemente esta postura epistemológica.
Dentro de lo que hemos clasificado como una tercera posición, existen
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variedad de planteos: desde otorgar obstinadamente el rango
de ciencia a las disciplinas sociales, hasta despreocuparse del tema y aceptar
la posibilidad de que no sean ciencia. Por ejemplo, Lacan dice que el
psicoanálisis es una práctica.
No hay duda de que aquello a lo que llamamos ciencias
sociales ha alcanzado logros. Se siguen desarrollando, independientemente de
otorgárles o no jerarquía científica. Las conquistas o los fracasos obtenidos
en el campo del saber no se deben a la voluntad de los episternólogos. Estos
reflexionan sobre la ciencia, ponen a prueba su metodología y aclaran
conceptos. Pero los hechos se imponen. Las ciencias sociales existen.
Abordaremos la tarea de tratar de entender su inserción en el conocimiento
científico.
Las ciencias sociales no son exactas, pero son rigurosas. La
metodología es fundamental. Es poco probable que todas las ciencias sociales
pudieran agruparse bajo un mismo método (hay quienes piensan que sí). Pero lo
que parece claro es que todas comparten un mismo objeto de estudio.
Las ciencias sociales
son llamadas también humanas, del espíritu, de la cultura o del hombre.
Comprenden la historia, la psicología, la antropología, la sociología, la
economía, la lingüística, la criminología y todas aquellas disciplinas
científicas que delimitan su campo de estudio en torno al hombre; no al hombre
como ser biológico, sino como individuo poseedor de libertad de lenguaje, de
cultura.
El hombre es un ser que puede tomar decisiones dentro de los
condi-cionamientos y de las circunstancias individuales y sociales. Hay
sociólogos que se oponen a que se lo defina al hombre como poseedor de
libertad. Defienden su postura diciendo, por ejemplo, que los obreros
explotados o las familias que viven en villas de emergencia, no pueden salir de
esa condición, no son libres para modificar su realidad. Sin embargo, nadie
puede asegurar que esas personas decidan seguir como están, o promover
movimientos de fuerza, o tratar de cambiar su condición delinquiendo, o
enrolarse en un movimiento revolucionario, o suicidarse, o tomar resoluciones
que ni siquiera. imaginamos. Mientras un físico puede predecir con certeza cómo
se comportarán determinados metales que están expuestos al calor, un sociólogo
no cuenta con la misma capacidad de predicción cuando estudia una situación
social. Los fenómenos físicos no tienen creatividad, no disponen de voluntad,
responden a las leyes de la naturaleza.
Por el contrario, los hombres crean, eligen. Su espíritu no
está regido por las leyes de la naturaleza. El objeto de estudio de las
ciencias sociales, el hombre, no está rígidamente determinado como lo están los
objetos de estudio de las demás ciencias. Sabemos con seguridad cómo se
comportará la piedra que dejamos caer en el vacío. No sabemos con la misma
seguridad cómo se comportará un hombre ante una situación conflictiva. Se
pueden establecer legalidades respecto de las conductas de los hombres, de las
sociedades, de las culturas. Pero nunca tienen la inflexibilidad de las leyes
naturales. Además, el hombre tiene lenguaje. Manifiesta lo que quiere, y a
veces, lo que no quiere. El lenguaje le brinda al hombre una peculiaridad
indiscutible en relación con otros objetos científicos. Esta característica del
ser humano, el lenguaje, forma parte del núcleo de interés de la ciencia social
y su investi-gación crea dificultades y otorga beneficios. Para las ciencias
sociales puede ser una complicación la ambigüedad de la palabra estudiada. La
palabra
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puede manifestar verdad, pero también puede ocultar, o
mentir. Se complica aún más el panorama, en cuanto lo veraz o lo falaz puede
ser consciente o inconsciente. Pero tiene también su beneficio. La palabra
emitida por el ser que se estudia puede arrojar luz sobre las teorías. Puede
servir de fuente de información. Puede utilizarse para contrastar hipótesis en
psicología, sociología, antropología, etc. Puede ayudar a refutar o a
verificar. La palabra no sólo es factible de ser analizada en lo que dice
—informante en antropología— sino también en lo que oculta —interpretación en
psicoanálisis.
La característica del
lenguaje es privativa del objeto de estudio de las ciencias sociales. Sólo el
hombre es capaz de expresarse en un lenguaje simbólico. Esto es algo totalmente
ajeno a los problemas de un científico de la naturaleza. Cuando un físico dice
que la piedra cayó atraída por la ley de la gravedad, la piedra calla, casi
podríamos decir: otorga. Cuando un economista dice que la inflación es un
"problema psicológico", los pobladores afectados pueden discutir la
aseveración del economista.
Marcamos la libertad, el lenguaje y la cultura, como las
principales características que diferencian al hombre de los demás objetos de
estudio de las ciencias. En cuanto a la última característica, la cultura, está
constituida por las creaciones humanas. Desde este punto de vista, el objeto de
estudio posee la misma índole que quien lo estudia. El hombre es el único ser
que crea símbolos. Esto hizo posible el lenguaje, el mito, la religión, el
arte, la ciencia.
Quien crea símbolos, quien inventa la cultura es también
quien la estudia. No se trata de estudiar a un ser natural que no es artífice
de sí mismo. Se trata de estudiar á un ser cultural que va constituyendo sus
condiciones de vida: inventa costumbres, mantiene tradiciones, implanta normas
y leyes, trabaja. Todo ese bagaje va siendo modificado, alterado y recreado en
la historia. Y va generando regularidades.
El compromiso del científico social, por ser parte de lo que
estudia, tiene un aspecto positivo y otro negativo. El primero se vincula a su
posibilidad de comprensión de los fenómenos humanos. El negativo se presenta
por la falta de distancia entre él y su objeto.
Concebir el conocimiento como una relación entre sujeto y
objeto fue de gran ayuda para las ciencias naturales. El sujeto científico
aprehende las características del objeto físico. Sujeto y objeto están
enfrentados. Tal enfrentamiento posibilita la distancia entre ambos, necesaria
para la objetividad, en el sentido en que ésta es entendida en las ciencias
naturales. Cuando el objeto es otro hombre la relación no es tan diferenciada y
transparente. Aun cuando el científico pretenda ser imparcial y se proponga
objetividad, su manera de entender la sociedad, su formación y su ideología
condicionarán su capacidad de análisis. Si, en general, la objetividad
científica es discutible resulta mucho más problemática en ciencias sociales.
Lo discutible de la objetividad en ciencias sociales puede llegar a ser un
rasgo positivo. Borrar el rígido esquema sujeto objeto puede facilitar el
acceso al objeto. Las ciencias sociales pueden abordar sus problemas por medio
de la comprensión de (etnpatía psi-cológica con) su objeto de estudio. Se ha
defendido la comprensión como método de las ciencias sociales. En el apartado
siguiente veremos una crítica a esta posición.
Desde otra perspectiva, las dificultades epistemológicas con
las ciencias sociales se origina en la juventud de estas ciencias; excepto la
historia, las de-
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más ciencias sociales comienzan a surgir como tales a partir
del siglo pasado. Cuando se expuso el tema de la verdad (cap. I, apartado 6)
vimos las condiciones históricas que posibilitaron el advenimiento de nuevos
dominios de sa ber. Las prácticas sociales (acumulación de mercadería y
capital, grupos de control, instituciones de encierro), constituyeron el examen
como modo de acceso a la verdad. Generaron un nuevo tipo de ciencias, las
sociales. Es decir que el hombre, como objeto de estudio de la ciencia, nació
hace poco tiempo. Los fenómenos físicos comenzaron a ser estudiados
racionalmente por los Jonios (siglo vn a.C.), quienes comienzan a abandonar las
explicaciones mítico-religiosas. Se trata de explicar la naturaleza por causas
físicas y no por el accionar de agentes divinos, se prepara el terreno para lo
científico. El objeto de estudio de las ciencias naturales crecieses a
dibujarse hace 2500 años. El de las ciencias sociales no llega a 200 años.
El hombre fue
investigado por la filosofía desde la antigüedad, pero la filosofía no es
ciencia; en ciencia, el hombre está aún por determinarse como objeto de
estudio. Hoy, todos los físicos se pondrían de acuerdo para definir qué es el
agua. No todos los científicos sociales tendrían una respuesta unívoca ante la
pregunta, qué es el hombre?'
Como objeto de estudio científico lo humano no está
cabalmente conformado. Hay que pensarlo. Hay que terminar de constituirlo. Las
ciencias sociales tienen la frescura de la juventud y la inmadurez propia de
ella. ¿Por qué han de competir con las ciencias naturales?, mejor dicho,¿tiene
sentido competir? Entendemos que no pueden ni deben competir porque otra es su
temática, por ende otros métodos. Sus
objetivos de estudio son distintos. Ni más altos, ni más bajos, simplemente
diferentes. Tanto unas como otras comparten hoy el campo del saber. Esa
vecindad no tiene por qué exigir uniformidad metodológica.
La concepción que se acaba de exponer es una postura
noreduccionista. Se denomina "reduccionistas" a las posiciones que
exigen un solo método de estudio, cualquiera sea la característica del objeto
investigado. En consecuencia, lo expuesto defiende una metodología que varíe de
acuerdo con el tipo de objeto y con las circunstancias en que se lo estudie.




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