TAI 2 - Plan de preservación - Térmens

 



ELABORACIÓN DE UN PLAN DE PRESERVACIÓN

 

En el capítulo anterior hemos visto un catálogo de soluciones de preservación digital que se encuentran en pleno funcionamiento o en fase avanzada de implantación y con anterioridad se han explicado los principales parámetros técnicos en los que se basa la preservación digital. Ante toda esta avalancha de informaciones, algunas ciertamente muy especializadas, cabe preguntarse qué debe hacer una institución determinada que quiera avanzar en este ámbito.

¿Existen prácticas recomendadas? ¿Existes soluciones aplicables de forma genérica o las que hemos visto solo son aplicables a grandes instituciones, con grandes presupuestos? A continuación intentaremos dar respuesta a estos enigmas. Para emprender un sistema de preservación digital, previamente tiene que formularse una política al respecto y definir unos objetivos: ¿qué vamos a preservar y que no?, ¿con qué finalidad, para que usuarios?, ¿lo vamos a hacer solos o colaborando con otras instituciones o empresas?, ¿preservar forma parte de nuestras responsabilidades o es una actividad voluntaria?, ¿disponemos del conocimiento técnico para hacerlo?, ¿tenemos asegurados los medios económicos para su sostenibilidad a largo plazo?... Es dificil que un sistema de preservación sea viable si los procedimientos previos de gestión y explotación de documentos y datos no están bien asegurados. Así, una empresa o administración pública primero deberá disponer de un buen sistema de gestión documental o ERM antes de emprender la preservación a largo plazo. Dcl mismo modo, una biblioteca universitaria primero debe dotarse de un buen repositorio digital v de todos los procedimientos de gestión anexos. Existe una tendencia equivocada a centrar las preocupaciones en la preservación a largo plazo (décadas) mientras se descuidan las acciones a cono plazo (quin-quenio), mucho más viables y urgentes a la vez. En efecto, lo primero que debería de asegurarse es la fiabilidad y seguridad de los sistemas de gestión presentes, asegurando su robustez ante:

 

• El crecimiento de los contenidos.

• El incremento en el uso.

• Las incidencias informáticas.

• Los ataques a su seguridad.

 

Para conseguirlo es necesario actuar en cuatro niveles sucesivos:

 

• Disponer de sistemas de copias de seguridad fiables, alguna de ellas en localizaciones externas.

• Establecer procedimientos de garantía de la cali-dad del servicio.

• Realizar auditorías de seguridad. Una buena pauta puede ser seguir las indicaciones establecidas en el Esquema Nacional de Séguridad (ENS).

• Intentar establecer sistemas informáticos redundantes (duplicadora), quizás en colaboración con otras instituciones similares.

En cuanto a los datos, es importante normalizar el Formato en que estos se crean y almacenan. El objetivo es la reducción del número total de formatos a gestionar y que los finalmente elegidos puedan contar con mejor soporte técnico. Esta práctica está siendo implementada en todos los archivos nacionales que han empezado a gestionar datos electrónicos. También es importante hablar con los usuarios potenciales (llamados comunidad designada en el argot de preservación digital), para conocer de forma exacta cuáles son sus expectativas, qué propiedades de los documentos o de los datos son las más significativas para ellos s cómo esperan interactuar en el futuro con los contenidos. Este conocimiento ha de servir para configurar el sistema de preservación digital de forma que satisfaga el máximo número de estas expectativas.

Fijémonos en que, por ejemplo, para una administración pública lo primordial es asegurar la autenticidad y validez jurídica dc los datos, aunque no necesariamente su imagen externa; en cambio para un artista de media art la forma puede ser crucial y para un artista de net.art la forma ha de estar ligada a la posibilidad de poder interactuar con la misma. Cada comunidad de usuarios tiene sus expectativas, sus formatos comunes de ficheros, sus formatos de metadatos, el nivel de complejidad con el que está dispuesta a trabajar, etc.

 Pensemos en el ejemplo de los formatos gráficos: un artista de fletad puede trabajar con GIF, una biblioteca digital con JPEG, un archivo histórico con TIFF, un fotógrafo profesional con DNG y un observatorio astronómico con FITS; sería una gran equivocación intentar normalizar estos formatos de entrada V migrarlos a otro distinto, los usuarios del presente y del futuro no lo perdonarían. Por último, a lo largo del texto ya ha quedado patente que la preservación digital es una actividad compleja a nivel técnico y cara a nivel económico. Estos aspectos se han de tener bien presentes en el momento de asumir responsabilidades de preservación; claramente se ha de impulsar que estas scan debidamente ejercidas por aquellas instituciones que tienen la conservación entre sus funciones.

En cualquier caso es obligatorio explorar las posibilidades de emprender acciones de forma coordinada o consorciada. lista es una tendencia claramente visible en Estados Unidos, en Australia y en distintos países europeos, donde se están uniendo esfuerzos y com-partiendo recursos para crear sistemas de preservación comunes o bien, a un nivel más simple, para intercambiar copias de seguridad de los datos. Un ejemplo máximo de esta tendencia es el consorcio HathiTrust (http://www.hathitrust.org/), creado en 2008, que da seguridad a los contenidos de unas 60 ins-tituciones, entre ellas las principales bibliotecas digitales de Estados Unidos, incluyendo Berkeley, Duke, lirnory, Harvard, Johns Hopkins, MIT, Michigan, Ncw York, Princeton, Stanford y Yale.

 A este consorcio también se ha unido la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid, lo que la ha convertido en su primer socio no norteamericano. Su modelo de funcionamiento se basa en el mantenimiento mancomunado de un centro de datos distribuido entre la Indiana University y la University of Michigan en el que hay un duplicado de todos los libros digitalizados por distintos socios. Hatchi Trust también mantiene un catálogo abierto con todos sus fondos y permite su consulta según las condiciones de copyright de cada obra y el estatus del usuario.

 

Un segundo ejemplo reelevante es el del consorcio Meta Archive Cooperative en el año 2002 como una agrupación de seis bibliotecas universitarias del sudeste de estados unidos. En la actualidad está formado por unas cincuenta instituciones de cuatro países entre las que se encuentra el Consorcio de Biblioteques Universitares de Catalunya en el mantenimiento de una red LOCKSS con la que se aseguran los objetos digitales de las distintas bibliotecas participantes

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