LISTA DE ENCABEZAMIENTOS DE MATERIA PARA LAS BIBLIOTECAS
PÚBLICAS Segunda edición revisada
MINISTERIO DE CULTURA Dirección General del Libro y
Bibliotecas
Ministerio de
Cultura
Dirección
General del Libro y Bibliotecas
Plaza del
Rey, 1-28004 Madrid
ISBN: 84-505-2836-4
Depósito
legal: M. 14006-1994
NIPO:
301-94-010-6
NIPO:
551-08-104-2 (publicación electrónica)
Imprime:
Imprenta Ministerio de Cultura
Printed in
Spain
PRESENTACIÓN
El Centro de Coordinación Bibliotecaria de la Dirección
General del Libro y Bibliotecas tiene el propósito de ir publicando los
instrumentos de trabajo imprescindibles para la buena gestión de una
biblioteca. Dentro de este propó-sito general ocupan un primer lugar los que
tienen un valor técnico normativo y favorecen la homogeneización de los
catálogos.
A las Reglas de Catalogación, publicadas el año pasado,
sigue esta Lista de Encabezamientos de materia para Bibliotecas Públicas que,
en cierto modo, es el complemento de aquéllas para la redacción del catálogo en
la bi-blioteca pública.
Desde que la benemérita Lista de Encabezamientos de Materia
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas se agotó, hace ya cerca de
veinte años, los bibliotecarios en general y los de bibliotecas públicas, en
particular, han sentido la necesidad de contar con un instrumento de trabajo de
esta naturale-za, necesidad que no han podido ver satisfecha hasta este
momento.
Es de esperar que el esfuerzo de la Comisión que ha
elaborado esta Lista se vea recompensado por el mejor reconocimiento que se les
puede tributar: el uso constante y las observaciones oportunas.
La Dirección General del Libro y Bibliotecas se complace en
ofrecer esta publicación a todos los profesionales y espera, gracias al
esfuerzo de todos, ir completando la redacción de las distintas normas que
permitan un proceso bibliográfico y bibliotecario homogéneo y coherente.
JUAN MANUEL VELASCO RAMI Director General del Libro y
Bibliotecas
INTRODUCCIÓN
Desde que la biblioteca pública ha tomado como propia la
misión de pro-porcionar a toda la comunidad a la que sirve la información que
ésta necesita para el ejercicio de todas sus responsabilidades (personales,
profesionales, so-ciales y políticas) el catálogo alfabético de materias parece
tener asegurado un largo futuro.
La mejor confirmación de este futuro se halla en la
abundante bibliografía especializada que se ocupa de este asunto. En los
Estados Unidos, un siglo después de que Charles A. Cutter publicase en 1876 sus
Rules for a Dictionary Catalog (que suelen citarse por su 4 ed.: Washington:
Government Printing Office, 1904) aparecía la obra de Loys Mai chan (Library of
Congress Subject Headings. Littleton, (Colo.): Libraries Unlimited, 1978) como
código fundamen-tal de reglas para utilizar los Subject Headings de la
Biblioteca del Congreso.
Detrás quedaban obras tan importantes como las de David
Judson Haykin (Subject Headings: A Practical Guide. Washington: Government Printing Office, 1951;
reimpr. New York: Gordon Press, 1978) y Julia Pettee (Subject Headings: The
History and Theory of the AlphabÉtical Subject Approach. New York: H.W.
Wilson, 1947). Y, como instrumentos de trabajo en todas las bibliotecas
nor-teamericanas y en muchas otras del mundo, dos grandes listas: la ya citada
de la Biblioteca del Congreso de Washington (cuya 9.a ed. en 2v. es de 1980 con
suplemento de 1982 y puestas al día y correcciones frecuentes) y la de Sears (Sears,
Minnie Earl: Sears List of Subject Headings. 12 th. ed. New York: H. W. Wilson,
1982) cuya última edición aquí citada no ha dejado de servirse de la lista de
la biblioteca más grande del mundo. Precisamente estas dos listas han servido
de base a las dos más importantes en lengua española: Lista de enca-bezamientos
de materias para bibliotecas por Carmen Rovira y Jorge Aguayo (Washington:
Unión Panamericana, 1967. 3v. y dos suplementos, en 1969 y 1970,
respectivamente) y Sears: Lista de encabezamientos de materia (trad. Y ad.
Carmen Rovira, de la 12.a ed. inglesa –ed. Barbara M. Westby. New York: H. W.
Wilson, 1984). La primera, que recoge la experiencia de un grupo de grandes
bibliotecas hispanoamericanas, se confiesa deudora de la lista de la Biblioteca
del Congreso de la que directa o indirectamente depende; la segun-da es una
traducción inteligentemente adaptada por quien, figurando en estas dos grandes
obras, es nuestra primera especialista en lengua española en este asunto.
No es de extrañar que, hallándose en los Estados Unidos la
cuna de la mo-derna biblioteca pública, se hayan sentado allí las bases del
principal y más sencillo medio de recuperación de la información contenida en
una biblioteca de carácter general que son los encabezamientos de materia. Pero
no es el úni-co país que se ha ocupado de publicar listas o de redactar reglas.
La biblioteconomía italiana, ya desde G. Fumagalli, introductor
de las Reglas de Cutter en 1887, ha dedicado excelentes estudios históricos y
teó-ricos a nuestra materia, entre los que vale citar el de C. Revelli (II
catálogo per soggetti. Roma: Bizzarri, 1970) y el de A. Serrai (Del catalogo
alfabetico per soggetti. Semantica del rapporto indicale. Roma: Bulzoni, 1979)
y, entre otras, la importante lista titulada Soggettario per i cataloghi delle
biblioteche italiane (Firenze; Centro Nazionale per il Catalogo Unico, 1956.
Supl. 1977), muy utilizado en importantes bibliotecas españolas. En este
ámbito, hemos de citar también, por su influencia, las Norme per il Catalogo
degli stampati della Biblioteca Vaticana publicadas en 1935 en su primera
edición y traducidas al español en 1940.
Francia, que en 1966 publicó (París: Hachette) su Liste de
vedettes matière de Biblio con los encabezamientos utilizados en la confección
de la bibliogra-fía en curso a la que se alude en el título de la Lista, no ha
sido madruga- dora en su preocupación por esta forma de catalogación. Pero
recientemente el interés se ha suscitado y, si bien la Biblioteca Pública de
Información del Centro Pompidou echó mano para la confección de su catálogo por
materias del Répertoire de vedettes-matière de la Universidad Laval de Québec,
consi-derado como la única lista importante en lengua francesa, tanto esta
biblioteca como la Nacional han comenzado (desde 1976 y 1982, respectivamente)
la pu-blicación de sus encabezamientos con los que se formará una Liste
encyclo-pédique française de vedettes-matières cuyas reglas de uso han dado
lugar a un proyecto de norma (Z 47-200) difundido en 1984. Mientras tanto,
aparecen listas (Martine Blanc-Montmayeur y Françoise Danset, Choix de vedettes
ma-tières à l’intention des bibliothèques. París: Cercle de la librairie, 1984)
basadas todavía en la norma vigente (Z 44-070), y estudios como los de Alain
Gleyze (Pour une méthode d’indéxation alphabétique de matières. Villeurbanne:
ENSB, 1983) y, sobre todo, Nöe Richter (Grammaire de l’indéxation alfabétique.
Le Mans: Bibliothèque de la l’université du Maine, 1984). En la República
Federal de Alemania existe una base de normalización al aceptar la bibliografía
comercial Verzeichnis Lieferbarer Bücher los encabeza-mientos utilizados por la
Deutsche Bibliothek de Frankfurt (v. Kelm, Barbara y Schulze, Christa: Regeln
für die Ansetzung un Verwendung der Schlagwörter... Frankfurt, Deutsche Bibliothek, 1979)
Schlagwortkatalog «Erlanger Regelwerk» 4.a ed. rev. Munich, 1977). Por
iniciativa de la Bayerische Staatsbibliothek de Munich y de la Deutsche
Bibliothek de Frankfurt se creó en 1980 una Comisión dentro del Deutsche
Bibliotheksinstitut (DBI) cuyo resultado final deberían ser unas reglas de
encabezamientos de materia (Regeln für dem Schlagwort-Katalog, más exactamente)
que habrían de ponerse en práctica por la Deutsche Bibliothek a partir de 1986.
Un esbozo de estas Reglas apareció ya en febrero de 1982.
Entre los estudios de introducción baste con citar el de
Agnes Stählin (con la colaboración de Roswitha Poll y comisionadas por la
Biblioteca Universitaria de Erlangen-Nürnberg) al que hemos aludido hace poco y
el de Heinrich Roloff (Lehrbuch der Sachkatalogisierung. 5.a ed. München: Saur,
1978).
Gran Bretaña, destacada en los últimos tiempos por sus
estudios en este campo (Coates, E. J.: Subject Catalogues. Headings and
Structure. London: L. A., 1960) ha abierto las puertas al futuro con el PRECIS
(Preserved Context Indexing System) utilizado por la British Library en la
bibliografía nacional británica (V. Wellisch, Hans H.: The PRECIS index system.
New York: Wilson, 1974 y
Austin, Derek: PRECIS, A manual of concept analysis... London: The
Council ofthe BNB, 1974).
Sería ingenuo creer que en España y, sobre todo, en lengua
española no se ha hecho nada. Baste con nombrar una vez más a Carmen Rovira y
aludir a su fundamental estudio. Los epígrafes en el catálogo diccionario (2.a
ed. rev. Washington: Unión Panamericana, 1966) al que nos remitimos para
información acerca de todo lo realizado, sobre todo en lengua española, hasta la
fecha de su edición. Posteriormente, Carmen Rovira ha publicado, además de la
ya citada traducción y adaptación de la 12.a edición de la lista de Sears,
Encabezamientos de materia en español. Pautas y principios. (Bogotá ICFES,
1976. En Méjico, donde Gloria Escamilla González ha dirigido la publicación de
la Lista de en-cabezamientos de materia, elaborada en el Departamento de
Catalogación de la Biblioteca Nacional de México (2.a ed. México: UNAM, 1978),
Blanca María Castañón Moreno había publicado su obra Los encabezamientos de
materia (México: Colegio de Bibliotecología y Archivología, 1974).
Pero en España, en los últimos treinta años, no hemos
contado más que con algunas alusiones en la obra de M. Luisa Poves Bárcena, El
catálogo dic-cionario: normas para su redacción. (Madrid; Dirección General de
Archivos y Bibliotecas, 1970; edición abreviada, Madrid: ANABAD, 1979) y con
una lista de una biblioteca (Encabezamientos de materias para bibliotecas.
Madrid; CSIC, Biblioteca General, 1965). En todo caso, el bibliotecario
español, cuando no ha tenido que sentirse fedatario de instrumentos de trabajo
extranjeros, ha tenido que utilizar medios que o bien eran adaptación de listas
norteamerica- nas o bien, en el mejor de los casos, eran el reflejo de la
estructura bibliográfica de una determinada biblioteca. De hecho, la Biblioteca
Nacional ha construido su archivo de encabezamientos acudiendo sobre todo a la
lista de la Biblioteca del Congreso y al Soggettario florentino. De este
archivo se ha nutrido nuestra bibliografía nacional y Bibliografía Española ha
sido el recurso del que con mayor frecuencia han echado mano nuestros
bibliotecarios para resolver el problema de su catálogo alfabético de materias.
No carecía de sentido, pues, intentar redactar una lista/código
para los biblio-tecarios españoles que sirviera de lenguaje fundamental de
recuperación de la información y de instrumento básico para la redacción del
catálogo alfabético de materias (generalmente mezclado con el de autores y el
de títulos para formar el catálogo diccionario) en las bibliotecas españolas.
El pensamiento iba dirigido a las bibliotecas públicas y además españolas. Si
por fortuna esta obra alcanzase a servir para más, miel sobre hojuelas.
Con esta idea, se formó una primera comisión a fines de
1975, que se reunió con una cierta asiduidad durante los años 1976 y 1977,
cuyos trabajos se vie-ron interrumpidos por causas que no son de este lugar. De
ella formaban parte, entre otros, algunos bibliotecarios que posteriormente,
por distintos motivos, no habían de hallarse presentes. Vale la pena recordar
aquí los nombres de Carmen Amaniel, de Felicidad Buendía, de Milagros del
Corral y de Carlos Rodríguez-Jouliá, quienes no podrían incorporarse de nuevo a
los trabajos.
Efectivamente, a partir de 1981 quedó establecida una nueva
Comisión forma-da por los siguientes bibliotecarios:
Presidente: Manuel Carrión Gútiez
Vocales: Pilar Benedito Castellote
M.a Dolores del Castillo Cuervo-Arango
Josefina Delgado Abad
Isabel Fonseca Ruiz
M.a Carmen Lázaro Corthay
David Torra Ferrer
Éste ha sido el grupo a cuyos componentes, en la medida en
que han partici-pado en los trabajos, hay que agradecer la redacción de esta
Lista.
Las ideas básicas que han orientado su trabajo han sido las
siguientes:
1. Conseguir una lista de encabezamientos de materia al
servicio de la normalización y eficacia de las bibliotecas públicas españolas.
2. Obtener una lista española y al mismo tiempo universal,
al prescindir de traducir o adaptar una lista extranjera de encabezamientos o
la de una bi-blioteca determinada.
3. Partir de la idea de un esquema ideal de colección para
biblioteca pública de nuestro tiempo que quiera ser reflejo fiel de la cultura
actual. Con ello se conseguía también tratar las líneas rectoras para las adquisiciones
de la misma. El esquema
creímos verlo en el Unesco Thesaurus. A struc-tured list of descriptora for
indexing and retrieving literature in the fields of education, science, social
science, culture and comunication. París: Unesco,
1977 (compilado por Jean Aitchisin y traducido en 1984 al
español por Jean Viet).
4. Considerar el Thesaurus no más que como entramado básico
para la redacción de los encabezamientos. Posteriormente, los encabezamientos
esco-gidos han sido verificados en el fichero de encabezamientos de materia de
la Biblioteca Nacional, para recibir lo que podemos llamar la confirmación
bi-bliográfica, es decir, el convencimiento de que se trata de encabezamientos
que la producción bibliográfica española ha obligado ya a utilizar.
5. Por último se ha procedido a relacionar los
encabezamientos entre sí y a comprobar la existencia de un cierto rigor en la
aplicación de normas que conviertan esta Lista en un lenguaje documentado
«controlado».
Haciendo oídos sordos a las necesidades de nuestras
bibliotecas, esta obra podría haber esperado a ser perfecta, es decir, haber
sido aplazada hasta nunca jamás. Pero hemos preferido atender la llamada de los
bibliotecarios y abrir un camino largo de recorrer. Sólo la experiencia de todos
los que utilicen esta herramienta permitirá ir corrigiendo sus errores y
rellenando sus lagunas. La realización del proyecto SABINA debe hacer accesible
a todos el fichero de autoridades que se utilice para los encabezamientos de
materia tanto de libros nacionales como extranjeros. Pero, en última instancia,
es cada bibliotecario el que tiene que ajustar la biblioteca a las necesidades
informativas de la comu-nidad a la que sirve.
La Comisión
NORMAS PARA EL USO DE ESTA LISTA DE ENCABEZAMIENTOS
1. Finalidad. La biblioteca para todos ha traído como
consecuencia la ne-cesidad de responder a las demandas de información del
conjunto de los ciu-dadanos, usuarios en potencia de la biblioteca pública.
Estas demandas suelen concretarse más que en la búsqueda de información sobre
un campo determi-nado del saber –lo cual supondría un conocimiento del campo
más amplio en el que sistemáticamente se inscribe el primero–, en la búsqueda
de información sobre un campo determinado de la realidad susceptible de ser
objeto del cono-cimiento y por consiguiente «materia» de un documento en el que
se transmite ese conocimiento. La biblioteca pública, como medio social de
información, debe, pues, disponer de un medio capaz de mediar en esta búsqueda
y de llevar al encuentro de la información anhelada al lector que busca
información sobre una materia o que, sencillamente, sólo conoce de un libro que
busca la materia de que trata. Este medio, si prescindimos del contacto directo
con el libro en los estantes o con el bibliotecario, es el más sencillo y menos
formalizado de la biblioteca y se llama catálogo alfabético de materias. De su
fusión o no con los catálogos alfabéticos de autores y de títulos depende el
que pase a formar parte de un catálogo general llamado catálogo diccionario.
El catálogo alfabético de materias no es más que un conjunto
de asientos bibliográficos para cuya ordenación se ha tenido en cuenta un punto
de acceso que no abre las puertas a la descripción del libro, sino a su
contenido, y que se llama encabezamiento de materia. Éste es un término tomado
del lenguaje usual que trata de condensar sintéticamente la materia de un
libro, entendiendo por materia, no el mensaje, la información o el discurso que
forman el contenido de un libro, sino el asunto o tema sobre el que versa dicho
discurso. Claro está que toda la ancha realidad, incluida la mental, puede ser
objeto o asunto de discurso. De donde se sigue que, siendo «Botánica» un
discurso o tratado sobre las plantas, puede a su vez ser objeto de un discurso
o tratado sobre la historia de esta disciplina.
Por hallarse los encabezamientos constituidos por términos
del lenguaje usual, se plantean una serie de problemas semánticos y
sintácticos, ya que, por un lado, hay términos con distinto significado
(homonimia) o términos distintos para el mismo significado (sinonimia) además
de evolucionar semánticamente y aparecer de continuo otros nuevos necesarios
para nombrar nuevas realidades, y, por otro lado, no siempre los términos son
tan simples que dejen de tener necesidad de relacionar entre sí sus distintos
elementos. Los encabezamientos de materia necesitan, pues, una codificación, un
«control» para poder servir de instrumentos adecuados en el «diálogo
informativo» y convertirse en un lengua-je documentario.
Los resultados de esta codificación suelen presentarse en
forma de lista de encabezamientos acompañada de un conjunto de reglas como las
presentes.
Con este «código» en las manos, el bibliotecario puede hacer
dos cosas funda-mentales: preparar el catálogo alfabético de materias,
utilizando tanto los en-cabezamientos como las posibilidades aquí contenidas, y
tener un verdadero léxico para mantener el diálogo informativo con el usuario.
Es el resultado de un trabajo que con ser la forma más elemental del análisis
de un documento, es también la forma más fundamental. Y que da pie a la tarea
de más responsa-bilidad comunicadora del bibliotecario en su misión de ajustar
la información contenida en su biblioteca a las necesidades y urgencias de sus
lectores.
Para ello, el bibliotecario tiene que ser capaz de lo
siguiente: identificar el trozo de realidad del que «habla» un libro,
representarlo mentalmente en un concepto, darle nombre y posibilidades de comunicación por medio de un
término, dar la forma debida a ese término, adjudicárselo a un asiento
biblio-gráfico y ordenar adecuadamente el conjunto de todos los asuntos de los
que «hablan» sus libros. No es tarea fácil y está por encima de la habilidad
catalo-gadora. Para identificar con seguridad «trozos» de realidad concreta, hay
que tener en la cabeza toda la realidad susceptible de ser objeto de discurso
dentro de un libro o de un folleto. Sería ingenuo pensar que esta Lista ofrece
todas las soluciones, pero sería suicida creer que, desde ahora, puede
prescindirse de ella. Sobre su pauta pueden construirse otras generales con
mayor número de encabezamientos y un número indefinido para materias especiales
que no llegarían a ser todavía un «thesaurus». Por muchas razones, ya que, a
pesar de coincidir en algunos aspectos, los descriptores son menos complejos
que los encabezamientos y por ello se multiplican más, son más abundantes a la
hora de describir un mismo contenido, tienen mayor movilidad entre sí (sin que
hayan de ocupar un puesto tan prefijado de antemano) y necesitan una sintaxis
más rica para su enlace; los descriptores pertenecen a un lenguaje más
especializado y técnico que los encabezamientos; aunque los encabeza-mientos
ofrecen algunas posibilidades de síntesis o de postcoordinación, los
descriptores pertenecen a un lenguaje más postcoordinado y, por consiguiente,
con mayores posibilidades para el análisis documental en profundidad; por fin,
en el caso de los descriptores tienen mayor importancia la sistematización o
conexión interrelacional del conjunto.
2. Principios básicos. Ya desde Cutter, la redacción de una
Lista como la nuestra y, por consiguiente, la asignación de encabezamientos de
materia, se apoya en una serie de reglas básicas o principios generales
–algunos inmutables y otros variables– cuyo conocimiento es imprescindible al
catalogador, ya que le dan a conocer el alcance de la lista que utiliza y le
orientan para realizar con acierto las distintas posibilidades que se le
ofrecen.
2.1. Principio de especificidad. El encabezamiento debe
servir para de- signar una materia determinada y sólo ella y además debe ser
precisamente aquella de la que trata el documento. Está claro que el ideal de
lo específico se consigue cuando un término sólo puede designar a un solo ser,
como es el caso de todos los nombres propios. De donde se sigue que los
documentos cuyo asunto sea designable con un nombre propio son los de más fácil
catalo-gación por materias. Precisamente por eso la Lista no contiene ningún
nombre propio (a excepción de los utilizados como modelos en los apéndices) ni
de persona, ni de entidad, ni de animales, ni de lugar. Pero tampoco contiene
nombres comunes de cosas concretas enumerables en series uniformes. Basta
pensar en los infinitos términos originados por la taxonomía en las distintas
ciencias de la naturaleza (nombres de seres pertenecientes a los tres reinos:
mineral, vegetal y animal) muchos de los cuales tienen su correspondiente en el
lenguaje vulgar. Precisamente una y otra clase de nombres constituyen el grueso
del contenido de los diccionarios enciclopédicos. A ellos y a los
espe-cializados, así como a los manuales más acreditados hay que acudir en
estos casos. Muchas veces, el bibliotecario recibirá el aviso con la fórmula
Pueden usarse además los nombres... que se utiliza no sólo en los casos ya
citados, sino también en el de las enfermedades, órganos y huesos, objetos
artificia-les como máquinas, herramientas, etc. Bastará sencillamente con
acudir al índice alfabético de la CDU en su edición abreviada (la aparición de
la 4.a es inminente) para que, dada la naturaleza eminentemente enumerativa de
este sistema de clasificación, los 5.000 encabezamientos que contiene esta
Lista se conviertan en unos 19.000.
La especificidad influye además en la elección del elemento
inicial del en-cabezamiento en los casos en que se plantee el problema por
tratarse de un encabezamiento compuesto, ya que, en el caso de encabezamiento +
subencabe-zamiento no deberá ser aquél menos específico que éste. Pero a lo que
se opone radicalmente la especificidad es a la sistematización y no tanto, como
veremos, al uso de términos más universales, justificados, en ciertos casos.
Puede estar justificado alguna vez, por tener pocos libros sobre este tema,
catalogar un libro que trata de Manzanos bajo Arboles frutales; lo que nunca
estará justificado es catalogarlo bajo Arboles frutales-Manzanos.
2.2. Principio de síntesis. La asignación del encabezamiento
de materia es el resultado de un proceso mental de síntesis en cuya virtud no
sólo se procura reducir el contenido de un documento a muy pocos
(preferiblemente a uno) asun-tos o materias, sino que se intenta obtener la
expresión del mismo con un término de la máxima simplicidad. La mayor o menor
dificultad para conseguir todo esto depende fundamentalmente de dos
condiciones: que el documento –por razón de su contenido y no desde el punto de
vista formal– tenga carácter monográfico y que la materia de esta monografía no
supere un cierto grado de complejidad. Asíque los encabezamientos de materia no
tienen útil aplicación en la catalogación de poligrafías y publicaciones
periódicas. Y la dificultad, a veces la imposibi-lidad, de conseguir una
síntesis perfecta justifica el procedimiento de acudir a más de un encabezamiento
de materia para la descripción del contenido de un documento. A veces no
quedará más remedio que renunciar a la síntesis perfecta y dejar perder parte
del contenido.
Es probable que esta imposibilidad de síntesis en las obras
literarias, cuyo contenido se halla tan estrechamente ligado al discurso (el
asunto de un poema es el poema mismo) a la que se añade la importancia del
autor en estos casos, haga desaconsejable la utilización de encabezamientos de
materia para las obras literarias o de creación mejor identificadas por su
autor o por su título que de cualquier otra manera.
2.3. Principio de uso. Los encabezamientos de materia deben
acomo-darse al fin para el que se utilizan: aplicarse a unos determinados
fondos, ayudar a unos usuarios concretos, formar un catálogo llamado catálogo
alfa-bético de materias. En nuestro caso, implica tener en cuenta la naturaleza
de los fondos de la biblioteca pública, las necesidades del usuario de los
mismos y la finalidad del catálogo alfabético de materias. Un principio tan
descara-damente relativista y pragmático rompe toda idea de perfección y de
aplicar a rajatabla principios casi filosóficos en la asignación de
encabezamientos de materia. Los encabezamientos de materia de esta Lista han
sido redactados para una biblioteca pública española de carácter general y de
tipo medio. En ella, prescindiendo de ejemplares duplicados, de la literatura
infantil y de la literatura de creación, los fondos no superan por lo general
los 30.000 títulos; a ella acuden usuarios que no son especialistas, que buscan
lectura o bien información sobre puntos concretos y no materiales de arranque
para una investigación.
Por eso estos encabezamientos están pensados para
macrodocumentos con predominio de los de tema genérico. En nuestra Lista los
encabezamientos se detienen en un grado de especificidad poco profundo, abundan
poco los subencabezamientos (más necesarios cuando la materia es más
compuesta), hay pocos casos de inversión de los elementos de un término así
como de términos compuestos y se han aceptado con generosidad nombres de
dis-ciplinas (Geología, Mineralogía, etc.) como encabezamientos de materia, a
sabiendas de que no se trata en tales casos de verdaderos encabezamientos de
materia, pero conscientes de que este tipo de encabezamientos es necesario para
bibliotecas públicas en las que los estudiantes constituyen el 90% de los
usuarios.
Por este motivo, se cae en la sistematización en todos los
casos en que se uti-lice el subencabezamiento –Historia (en el que se sigue un criterio
cronológico) y en los casos a los que sirve de modelo Lengua española–. Por lo
que se refiere al vocabulario se ha utilizado un conjunto de términos a mitad
de camino entre el uso vulgar y el uso especializado. Y es que la abundan-cia
de medios de comunicación ha divulgado gran cantidad de términos que en otro
tiempo habrían sido considerados como estrictamente para especialistas.
2.4. Principio lingüístico. Los encabezamientos se
redactarán en español (cuando exista un término aceptado en nuestro idiomas),
en el lenguaje usual (que no tiene que ser necesariamente el «vulgar») y en el
orden natural del idio-ma (prevalencia del nombre sobre el adjetivo como
elemento inicial). Los casos de inversión –señalados por la coma (,) que sigue
al primer elemento– deben limitarse al máximo y se justifican cuando el
elemento inicial es demasiado ge-nérico y se prevé que la búsqueda se hará por
otro elemento más específico (en muchos casos un apellido).
2.5. Principio de uniformidad. Cada materia debe tener siempre
el mis-mo encabezamiento. Por consiguiente debe escogerse (basándose en razones
de uso y de idioma) entre varios posibles (sinonimia) y debe distinguirse por
medio de determinantes entre paréntesis en el caso de que un encabezamiento
sirva para varias materias (homonimia).
2.6. Principio de economía. Debe limitarse al máximo el
número de en-cabezamientos para un mismo documento. Esto supone no acudir con
asidui-dad a los encabezamientos dobles o a los compuestos con «y» (que
solucionan fácilmente el problema de las materias que se solapan), pero
evitando al mis-mo tiempo el peligro de caer en los encabezamientos
excesivamente genéricos.
Mientras que en la biblioteca especializada el análisis de
las materias y la mul-tiplicidad de encabezamientos puede ser hasta
recomendable, en el caso de la biblioteca pública no debiera pasarse de tres
encabezamientos para un mismo documento. Cuando un libro trate demasiados temas
o un tema contemplado desde muchos puntos de vista o un tema demasiado
complejo, no habrá más remedio que acudir a un encabezamiento más genérico,
aunque otros más espe-cíficos, que podrían ser utilizados en el caso de no ser
tantos, se encuentren o puedan encontrarse en la Lista.
3. Formas del encabezamiento
3.1. Encabezamientos con una sola palabra. Es la forma ideal
de enca-bezamiento y se trata de ordinario de un nombre, ya que los adjetivos
sólo son usados como encabezamientos cuando han sido sustantivados por el uso,
y otras formas gramaticales sólo pueden ser usadas cuando son sustantivadas por
el hecho de constituirse formalmente en asunto de un estudio.
En el caso de los nombres propios, la forma que ha de
adoptar el encabeza-miento se rige por lo establecido para ellos (sean de
persona, de entidad o de lugar) en las vigentes Reglas de Catalogación. I.
Monografías y publicaciones seriadas (Madrid: Dirección General del Libro y
Bibliotecas, 1984).
En cuanto al uso de nombres comunes no presentan mayor
problema que el del uso del singular o del plural. No es fácil establecer una
regla segura por el hecho de que todo concepto universal, aun en su forma
singular, se refiere a muchos individuos. P.e., tanto se refiere a muchos
Hombre como Hombres, Caballo (o el Caballo) como Caballos, así que la regla más
socorrida y práctica viene a ser el uso y a veces la simple eufonía. Con todo
diremos que aquí hemos procurado utilizar la forma plural para los nombres
concretos, es decir, que indi-can realidades sustantivas, y que al mismo tiempo
se refieren a una pluralidad de individuos (Barcos, Peces...) así como para las
materias que no pueden expre-sarse en singular (Derechos políticos y civiles,
Países comunistas... mientras que se reservaría el singular para los nombres
abstractos (Libertad, Calor...) y para los concretos que no designan
directamente una pluralidad de individuos (Trigo, Oro...).
3.2. Encabezamientos de nombre + adjetivo. Es una forma
consustan-cial del idioma para especificar a un nombre y, por consiguiente, a
una materia. Es una forma eficaz de encabezar y al mismo tiempo puede ser una trampa.
Un libro que trate de las Fiestas madrileñas no puede encabezarse por Fiestas
ma-drileñas, sino por Madrid-Fiestas, mientras que otro que trate de España y
su pintura puede no tener que encabezarse por Pintura-España, sino por Pintura
española si el tema es la pintura hecha por españoles y no la pintura existente
en España. Resolver el problema con acierto supone muy a menudo conocer el
idioma con el que se trabaja, la materia de que se trata y las técnicas de
catalo-gación por materias. Intervienen el grado de acuñación del término
compuesto,su elocuencia, su capacidad descriptiva. Calzadas romanas no puede
ser deotra manera, mientras que Carreteras palentinas –de apariencia
semejante–tiene que ser Carreteras-Palencia. En general la forma nombre + adjetivo
está siempre justificada cuando no puede ser cambiada por la forma
encabezamiento+ subencabezamiento sin que cambie el sentido. En todo caso debe
evitarse la acumulación de adjetivos, aunque acaso no pueda evitarse cuando se
trata de expresar las variedades y estilos artísticos: Pintura barroca
española.
3.3. Encabezamientos de nombre + complemento. A veces es el
medio de lograr términos que designan un solo concepto y consiguientemente una
sola materia: Máquinas de vapor, Aviones de reacción, Aceite de oliva... En
este mismo grupo hay que situar la expresión de cualquier materia cuando se
quiere indicar formalmente su condición de asunto en la literatura o en el
arte: Madrid en la poesía, Niños en la pintura...
3.4. Encabezamientos de nombre + nombre. Muchas veces se
trata de una simple acumulación verbal para cubrir adecuadamente una
determinada materia, sobre todo en el caso de cuasi-sinónimos muy unidos: Ritos
y ceremonias, Usos y costumbres, Emociones y sentimientos..., pero la fórmula
sirve también para mucho más: para expresar los asuntos en que varias materias
se entrecruzan o solapan, creando un campo en el que no es posible estudiar (y,
por consiguiente, buscar) la una sin la otra: Arte y Literatura, Padres e
hijos, Educación y empleo.
3.5. Encabezamientos de frase. Se utilizan únicamente en los
casos en los que una frase hecha (a menudo en otros idiomas) es la mejor forma
de designar una materia específica: Donación «inter vivos», «Res nullius»,
Seguro a todo riesgo... Este tipo de encabezamientos no suele ser necesario en
el grado de especificidad que ha de alcanzar la catalogación por materias en la
biblioteca pública.
3.6. Encabezamiento + Subencabezamiento. Es prácticamente el
único caso de sintaxis propia en la asignación de encabezamientos: El del
término que resultaría demasiado difuso por lo extenso de su enunciación o cuyo
primer elemento es demasiado genérico. El resultado práctico de utilizar
subencabe-zamientos es conseguir la entrada por un término más específico,
evitando la excesiva acumulación de los mismos términos genéricos. Al mismo
tiempo se consigue la especificación de una materia. El mayor o menor uso de
subencabezamientos en una biblioteca depende de la abundancia de sus fondos y
de su finalidad informativa. En una Lista como la presente, destinada a las
bibliotecas públicas españolas, los subencabezamientos son poco abundantes, si
prescindi-mos de los utilizados en los modelos ofrecidos en los apéndices.
La Lista, a la hora de escoger los encabezamientos que
figuran en ella, ha seguido principalmente el llamado criterio bibliográfico:
se escogía en concreto el encabezamiento sobre el que se supone que existen
publicaciones con posi-bilidades de estar en una biblioteca pública. De esta
suerte, el bibliotecario se encontrará con Trigo y con Arroz, pero no con
cebada, por poner un ejemplo.
El mismo criterio ha sido seguido en cuanto a los
subencabezamientos. Así que la Lista no evita el trabajo personal del
bibliotecario en la confección de su ca-tálogo por materias ni resuelve los
problemas, por ejemplo, de un bibliotecario de biblioteca universitaria. Con
todo, nos atrevemos a pedir a nuestros compañeros que no se desani-men, con
estas dos aclaraciones:
1. Algunas veces, el criterio bibliográfico nos lleva a
ofrecer algunos enca-bezamientos con subencabezamientos más o menos
desarrollados, que pueden servir como modelos para casos análogos. Así
Aceitunas, para otros productos agrícolas; Abogados, para otras profesiones
(podríamos haber escogido Médicos por el criterio bibliográfico, pero en este
caso se imponía el orden alfabético); Acero, para otros metales o aleaciones;
Calor o Electricidad, para otras formas de energía física; Indios americanos,
para otros pueblos; Lengua española, para otras lenguas; Pulmones, para otros órganos
y aparatos; Tuberculosis, para otras enfermedades. De forma parecida, otras
veces, los subencabezamientos utilizados para un encabezamiento genérico pueden
valer para los encabezamientos más es-pecíficos comprendidos en su extensión,
como ocurre con Alimentos, Animales, Arte, Enfermedades, Funcionarios,
Máquinas, Plantas, etc.
2. La segunda aclaración es también un consejo: que aprendan
a formar los subencabezamientos para formas de catalogación por materias más
afinadas de las que se necesitan en la biblioteca pública. Para ello, además de
tener en cuen-ta lo que se dice en esta parte doctrinal de la Lista, no deben
dudar en acudir a las partes de los sistemas de clasificación en las que se
desarrollan las facetas o, en el caso de la CDU, los auxiliares especiales. La
necesaria limitación de estas líneas nos impide demostrarles cómo.
4. Los subencabezamientos. Como en el caso de los
números auxiliares de la CDU podríamos hablar de subencabezamientos generales y
subencabe-zamientos especiales atendiendo a la extensión de su posible
aplicación. En realidad un subencabezamiento no puede ser tan especial que sólo
sirva para un encabezamiento (Factor Rh, pero no Sangre-Factor Rh) ni tan
genérico que no especifique nada (para un libro sobre la Vida de los animales
salvajes, hay que usar Animales salvajes y no Animales salvajes-Vida). Para que
el biblio-tecario pueda escapar de los falsos subencabezamientos, deberá
comenzar por tener en cuenta dos cosas: que el subencabezamiento sea
«elocuente», sirva para especificar la materia del encabezamiento, y que no se
produzca en ningún caso subordinación sistemática. Pero sin el sueño de aplicar
principios metafísicos en este campo: desde un punto de vista teórico, tanto
valdría Automóviles-Ruedas como Ruedas de automóvil.
Respecto a los subencabezamientos conviene tener en cuenta
las siguientes normas: a) Distinguimos cuatro clases de subencabezamientos: de
materia, topo- gráficos, cronológicos y formales.
b) Cada subencabezamiento se une con el encabezamiento o con
los su-bencabezamientos anteriores por medio de un guión (-).
c) El orden obligatorio en que se consignan los
subencabezamientos, en caso de concurrencia de varios, es el establecido en a).
d) Sólo debe utilizarse un subencabezamiento de cada clase,
menos si se trata del de forma (Cervantes, Miguel de - Personajes femeninos y
no Cervantes, Miguel de - Personajes-Mujeres, Pulmones - Diagnóstico de las
enfermedades y no Pulmones - Enfermedades-Diagnóstico).
4.1. Subencabezamientos de materia. Suelen indicar cualidades,
propie-dades, acciones, etc. de una materia específica que no se estudia en
toda su rea-lidad. En todo caso deben ser siempre conceptos aplicables a muchas
materias.
4.2. Subencabezamientos topográficos. Son nombres de lugar
que sirven para especificar una materia. Los nombres de lugar pueden ser
también encabe-zamientos y no es fácil determinar cuándo un nombre de lugar
indica la materia de un documento y cuándo sirve solamente para especificar tal
materia. Los intentos de dar reglas válidas han terminado por ser
recomendaciones pragmá-ticas y solucionar el problema con el doble
encabezamiento no parece la mejor de las soluciones. La solución habrá que
buscarla acudiendo a los modelos para España –y para Madrid– que se dan en los
apéndices.
A este respecto, conviene tener presentes las siguientes
observaciones:
a) La redacción de los encabezamientos de nombres de lugar
sigue las mis-mas reglas que la de los encabezamientos análogos para el
catálogo alfabético de autores.
b) El grado de especificación geográfica (país, región,
ciudad, etc.) debe fijarlo cada bibliotecario en función de las necesidades de
sus usuarios.
c) En todo caso el encabezamiento o subencabezamiento se
hará de forma directa (Bogotá y no Colombia-Bogotá: Barcelona y no Cataluña-Barcelona).
d) Los adjetivos gentilicios prevalecerán en los casos en
que tienen un valor distinto del puramente geográfico (Pintura española, pero
Bibliotecas-España y no Bibliotecas españolas).
e) Para determinar si el topónimo ha de ser encabezamiento o
subencabe-zamiento se tendrá en cuenta que cuando se trate de asuntos de los
que trata la historia, la geografía, la política y la sociografía el topónimo
deberá utilizarse como encabezamiento (España-Política exterior;
España-Política y Gobierno; España-Clima... La razón de esta regla generalmente
aceptada puede ser, por un lado, que la connotación topográfica parece esencial
al tema (hasta el pun-to de que puede hablarse de «política exterior española»,
«Gobierno español»,etc., mientras que no es posible decir «mortalidad
española») y, por otro, que el nombre geográfico es más específico que el
común.
f) Los términos que designan instituciones (universidades,
bibliotecas, mu-seos, etc.) se utilizan como subencabezamientos con los nombres
de ciudad, pero como encabezamientos con subencabezamiento topográfico en los
demás casos.
4.3. Subencabezamientos cronológicos. Especifican una
materia al si-tuarla en el tiempo. Cuando los términos cronológicos o con valor
cronológi-co designan materias sin ninguna especificación (Edad Media) o
equivalen a nombres propios (Renacimiento, nombres de acontecimientos, guerras
y ba-tallas, etc.) pueden ser usados como encabezamientos. En el caso de
batallas, convendrá acudir a la inversión, sobre todo cuando la denominación incluye
un topónimo (Bailén, Batalla de (1908)). Hay que estar atentos para evitar
errores con nombres de persona que equivalen a períodos cronológicos (La España
de Carlos V = España-Historia...).
El grado de especificación en los términos cronológicos
varía según las nece- sidades informativas de la biblioteca. En los apéndices
se dan, a título de orien-tación, las principales denominaciones cronológicas
de la historia de España y de las repúblicas hispanoamericanas. Como podrá
observarse, la ordenación en estos casos es cronológica y no alfabética. Esto
plantea algunos problemas a la hora de utilizar el tratamiento electrónico de
datos en la confección de un catálogo alfabético de materias. Convendrá
tenerlos en cuenta para buscar las soluciones adoptadas en otras partes.
Por fin, conviene advertir que en esta Lista sólo se
utilizan como subencabeza-mientos los términos cronológicos precedidos del
subencabezamiento uniforme-Historia. Ello supone, en algunos casos, dejar de
alcanzar un grado de especifi-cación de la materia que no es necesario en una
biblioteca pública (para una obra acerca de la Restauración de monumentos en
Madrid en el siglo XIX, habremos de contentarnos con Madrid-Restauración de
monumentos más que suficiente para la cantidad de documentos sobre el tema que
tendrá la biblioteca) y en otros casos apelar a otra clase de recursos
(Soria-Restos arqueológicos o Restos arqueológi-cos medievales, por
Soria-Restos arqueológicos-Edad Media); pero se consigue también evitar el uso
indiscriminado de esta clase de subencabezamientos.
4.4. Subencabezamientos formales o de forma. No designan la
materia propiamente dicha, pero tampoco necesariamente sólo su envoltura más
externa o soporte, es decir, la «designación general del material». La forma se
refiere so-bre todo al discurso, a la configuración del discurso que trata una
materia. Esta configuración va desde los aspectos más externos (Fotografías,
Grabados...) hasta el mismo género literario (Novelas, Ensayos,
Conferencias...) pasando por muchos grados intermedios y pudiendo llegar hasta
un comienzo de valora-ción crítica (Publicaciones infantiles y juveniles;
Manuales para aficionados...).
En una biblioteca pública no conviene abusar de ellas, como
suele ocurrir. Se recomienda utilizar las contenidas en el Apéndice. Naturalmente,
las denominaciones de forma pueden ser también encabeza-mientos de materia (en
singular en el caso de los géneros literarios), además de utilizarse en su
valor formal como apoyo para otros subencabezamientos for-males: Novela; Diccionarios;
Bibliografías; Ensayos-Colecciones; Ensayos-Certámenes, etc.).
5. Materias y casos especiales
5.1. Subencabezamientos dobles. Aunque hemos dicho que no
deben utili-zarse dos subencabezamientos de la misma clase y aunque a veces
puede evitarse el duplicarlos haciéndolo con el encabezamiento (Aleaciones de
oro y plata: Oro-Aleaciones; Plata-Aleaciones), algunas veces se admite la
duplicación: España-Relaciones-Francia; Vega Carpio, Félix Lope de-Influencia
Calderón de la Barca, Pedro (se haría un segundo encabezamiento por Calderón de
la Barca, Pedro-Crítica e interpretación); Lengua española-Diccionarios-Lengua
francesa.
5.2. Nombres étnicos. Se utilizan sólo para designar a los
pueblos o na-ciones que no tienen territorio propio: Judíos, Gitanos, Arabes...
Pero España-Historia, para Historia de los españoles. Asimismo el adjetivo
gentilicio se conserva en Pintura española, Lengua española, Literatura
española...
5.3. Lengua y literatura. Para designación de las distintas
lenguas o idiomas, hemos adoptado el sistema de utilizar la palabra Lengua
seguida del adjetivo correspondiente. Creemos que va mejor con el uso actual en
España en los títulos de libros y en los nombres de entidades relacionadas con
«el es-pañol». Este procedimiento afecta también a campos superiores a los de
un idioma (Lenguas africanas-Bibliografías y no Lenguas-África-Bibliografías
Bibliografías para un estudio titulado Bibliografía de las
lenguas de África) y para los nombres de dialectos (Dialecto aragonés; Dialecto
leonés...), pero no para variedades lingüísticas más específicas (Dialecto
leonés-Bierzo). Dado que el procedimiento no es muy estrictamente aplicable a
partes de la lengua (consonantes españolas = consonantes de la lengua española;
ortografía españo-la = ortografía de la lengua española), los
subencabezamientos utilizados con el modelo Lengua española no evitan toda
apariencia de sistematización.
Un sistema equivalente se usa con Literatura (Literatura
española; Literatura francesa...) y con sus formas (Literatura popular;
Literatura religiosa...), las cuales, al combinarse con la primera no podrán
evitar la du-plicidad de adjetivos: Literatura popular española. Pero hay una
diferencia sustancial respecto a la lengua y es que los géneros y subgéneros
encabezan directamente: Novela española y no Literatura española-Novela. La
simple enunciación del encabezamiento basta para saber cómo resolver ciertos
compromisos: Literatura francesa-Autores españoles; Literatura ar-gelina;
Literatura argelina (árabe); Literatura argelina (francés).
Como subencabezamiento para estudios de historia de la
literatura se utiliza Historia y Crítica y en el caso de obras individuales, el
nombre del autor con el título uniforme y el subencabezamiento Crítica e
interpretación.
Todo cuanto hemos dicho se refiere, claro está, a los
estudios literarios. Las obras literarias de creación pueden también contener
información sobre un asunto que justifique un encabezamiento de materia. Pero
ya hemos dicho que, en principio, las obras literarias no son objeto de
búsqueda en un catálo-go alfabético de materias. Otros casos relacionados se
resuelven en la entrada Literatura.
5.4. Tratados, convenciones, convenios, etc. Los
encabezamientos redac-tados a base del término Tratados (que puede servir
también de subencabeza-miento) son encabezamientos propiamente dichos, es decir
que se refieren a la materia Tratados
como tal: Tratados internacionales. No hay inconveniente en que una biblioteca
utilice formas más específicas como Tratados bilaterales, Tratados
multilaterales, Convenios, Convenciones internacionales, etc. Los tratados
mismos se encabezan por el país o por la materia del tratado y llevan como
subencabezamiento –Tratados, convenios, etc.: España-Tratados, conve-nios, etc.
– Francia; Pesca-España-Tratados, convenios, etc. – Francia. Los tra-tados
individuales se encabezan por su nombre, con inversión de los términos, cuando
sea preciso: Utrech, Tratados de 1713.
6. La Lista como estructura. Si los encabezamientos de
materia tienen ya una estructura común por el hecho de su ordenación
alfabética, la tienen mucho más por el sistema de referencias con que los
encabezamientos están unidos en-tre sí y por las posibilidades de desarrollo de
un encabezamiento que se indican de continuo, generalmente a través de la
fórmula «Pueden usarse además...».Las definiciones y explicaciones que sirven
tanto para fijar el significado de los términos como para determinar su
extensión conceptual, son también elementos estructurales de la Lista.
No hemos creído en la rutinaria afirmación de que el
catálogo alfabético de materias dispersa la información y, por consiguiente, no
hemos sentido la nece-sidad de recuperar, a través de las referencias, la
sistematicidad y jerarquización perdidas. No hay tal. Tanto el catálogo
alfabético de materias como el sistemático tratan de concentrar la información,
sólo que el primero lo hace en torno a temas o asuntos y el segundo de otra
manera cuya exposición no es de este lugar.
Así que, al utilizar las referencias, no hemos tratado en
modo alguno de re-construir el árbol del saber, sino de asegurar dos cosas: a)
La eficacia heurística, el valor informativo que el catálogo ha de tener para
el usuario, el cual nunca debe alejarse de la biblioteca sin haber obtenido
alguna noticia, mientras la haya en la biblioteca, sobre el asunto por el que
siente interés.
b) El valor de código que la Lista tiene para el
bibliotecario quien, en todo caso, debe poder solucionar el problema de
expresar una determinada materia.
La referencia simple de «V.» («Véase») y la
explicación correlativa «U.p.» («Úsase por») van dirigidas tanto al
bibliotecario como al lector, por lo tanto deberán estar también presentes en
el catálogo. La referencia de «V.» sirve para enviar del encabezamiento posible
y no escogido al escogido, en aquellos casos en que por tratarse de sinónimos,
de encabezamientos complejos (con distintas posibilidades de elemento inicial),
de distintas formas de un mismo término o de un determinado grado de
especifidad prefijado por el catalogador, sería posi-ble escoger entre varios.
La explicación «U.p.» avisa sobre los encabezamientos que no deberán buscarse.
Las referencias complementarias o de «V.a.» («Véase además»)
van dirigi-das al usuario del catálogo. Tratan de completar la información
sobre un asunto por dos caminos: indicando otros asuntos relacionados con el
que interesa y (siguiendo el procedimiento de algunas listas italianas)
refiriendo a temas más genéricos en los que ciertamente se trata la materia de
que se trata. Hemos pres-cindido, pues, de remitir por medio de «V.a.» a temas
más específicos y hemos escogido el camino contrario. Mantener el «V.a.» para
enviar a los múltiples temas en que se puede descomponer uno más genérico no es
en el fondo más que el viejo sueño mantenido desde Cutter de conferir
sistematicidad a un catálogo que no es ni pretende ser sistemático y muchas
veces este tipo de referencia equivaldría a remitir a toda una enciclopedia,
como acontece en el caso de las referencias llamadas «generales» («Véanse
además los nombres de los distintos escritores», etc.). Es seguro que un lector
encontrará información sobre los Gatos entre los Felinos, mientras que no es
probable que lo halle sobre los Felinos en Gatos. Por lo demás, también con el
sistema adoptado se consigue establecer la conexión conceptual que puede llevar
a reconstruir la sistematicidad.
Con ello queda dicho que desaparecen las referencias
generales de esta Lista y que las indicaciones de «R.e.» van dirigidas al
bibliotecario para indicarle la posibilidad de usar encabezamientos más
específicos dentro de una materia; esta posibilidad se ve ampliada por los
avisos de «Pueden usarse además...» en que se convierten las antiguas
referencias generales. El mismo aviso advierte al lector de que existen tales
encabezamientos más específicos.
7. La Lista y el catálogo. Entre la Lista y el
catálogo debe existir una perfecta simbiosis: la Lista se refleja en el
catálogo y el catálogo se refleja en la Lista.
La presencia de la Lista en el catálogo no se limita a
prestar sus encabe-zamientos o a orientar en la confección de los mismos, sino
que además debe trasladarse al catálogo todo aquello que sirve para garantizar
el acierto en la bús-queda de información. Así sucede con algunas notas y
definiciones que no son útiles únicamente al bibliotecario y con los dos pares
de referencias (V - U.p. y V.a. - R.e.) que, al establecer interrelación entre
todos los encabezamientos del catálogo, garantizan la precisión y exhaustividad
de su respuesta al lector. No se agota aquí el aparato de ayuda en el catálogo,
el cual debe disponer además de guías (bien conocidas de los bibliotecarios)
para acotar debidamente el campo de búsqueda en parcelas más chicas que un
cajetín de fichero y de fichas de referen-cia explicativa que pongan al
corriente de los cambios introducidos en el sistema de catalogación por
materias, cuando no compensa el cambio de los asientos:
Beneficencia
Para las obras posteriores a 1970
V. Asistencia social
El catálogo debe estar presente en la Lista con la
constancia de que un en-cabezamiento (y de las referencias que este uso pueda
provocar) ha sido ya utilizado. Cuando esto sucede por primera vez, se hace una
señal junto al en-cabezamiento en la Lista. También se hacen constar en ella,
en el lugar debido, los encabezamientos y subencabezamientos que hayan tenido
que ser utilizados y no consten allí. Sólo en el caso de los nombres propios
convendrá mantener un fichero aparte. Las grandes bibliotecas necesitan, por
supuesto, mantener su propio fichero de autoridad. Por fin, no puede olvidar el
bibliotecario español su obligación de contribuir a la continua actualización
de esta obra.
8. Ordenación alfabética. La ordenación del catálogo alfabético de ma-terias debe atenerse a las normas establecidas en el cap. 9 de las Reglas de Catalogación: I. Monografías y publicaciones seriadas (Madrid: Dir. G. del Libro y Bibliotecas, 1986).
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