18.1. INTRODUCCIÓN
La catalogación en la
biblioteca digital
Virginia Ortiz-Repiso Jiménez
El propósito de la catalogación ha sido histórica-mente la
creación y organización de la información bibliográfica para proporcionar
acceso a las colecciones de las bibliotecas. Este propósito básico no ha
cambia-do, pero la automatización de los catálogos manuales, la edición
electrónica y las redes de comunicaciones han modificado, inevitablemente, el
carácter, el concepto y las actividades asociadas a la catalogación. Algunas de
las tareas que fueron importantes en un entorno manual han quedado, ahora,
obsoletas. Otras, por el contrario, han ganado relevancia. Por ejemplo, hoy en
día una biblioteca puede dar acceso desde el catálogo a sus propias
colecciones, pero, también, a colecciones que no posee pero con las que ha
suscrito un acceso: las revistas y los libros electrónicos son una buena
muestra de esto. La catalogación, sea automatizada o manual, está relacionada
con la organización y la recuperación de la información. En términos generales,
el objetivo de la organización de la información es permitir que esa
información pueda encontrarse cuando se necesite. Así pues, la catalogación de
documentos y su posterior recuperación, conocida como «recuperación de la
información», son parte de un mismo proceso. Para organizar y recuperar la
información, los bibliotecarios, y los profesionales de la información en
general, han creado un conjunto de herramientas. Tradicionalmente, estas
herramientas de recuperación de la información han sido los catálogos, las
bibliografias y los índices impresos. Ahora, sin embargo, las bases de datos y
las redes se han convertido en el centro de la organización de la información.
O Ediciones Pirámide
La catalogación, hoy en día, se desarrolla en un entorno
eminentemente tecnológico y se ha convertido en una actividad relativamente
compleja y dinámica. Las cuestiones puramente catalográficas que consti-tuían
la base de la creación de los catálogos manuales ceden el protagonismo a otras
cuestiones relacionadas con el control bibliográfico en línea: los registros
bi-bliográficos legibles por ordenador, la catalogación compartida, la
incorporación de registros bibliográficos de otras bases de datos, la
conversión retrospectiva de los catálogos manuales y la catalogación de los
recur-sos en las redes son un buen ejemplo de ello. La cata-logación
automatizada, es decir, la aplicación de la tecnología de la información a la
creación de catálogos, no cambia el concepto básico de catalogación, pero sí el
significado de herramientas y sistemas tradicionales. Los catálogos que se
realizan hoy en día y las nor-mas que se emplean para su confección tienen su
ori-gen en los objetivos que Charles Amni Cutter definió en 1861. Estos
objetivos se han repetido con más o menos modificaciones por, prácticamente,
todos aque-llos que han discutido la naturaleza de los catálogos. Estos
objetivos son:
1. Permitir a una persona encontrar un libro del que conoce
el autor, el título o la materia. 2. Mostrar lo que la biblioteca posee de un
autor, una materia o un género determinado. 3. Ayudar en la elección de un
libro a partir de la edición o del tipo de documento.
Los objetivos de Cutter permanecieron inalterables durante
más de 75 años. Sin embargo, durante estos años se produjeron cambios
sustanciales en las reglas y mecanismos de catalogación, así como cambios en
294 / Manual de Ciencias de la Información y Documentación su estructura
tecnológica, económica y política. El pri-mer intento de revisión de esos
objetivos lo realizó Se-ymour Lubetzky, en 1953, expresando de forma dife-rente
el segundo objetivo: mostrar, bajo una única forma del nombre del autor, lo que
la biblioteca tiene de un autor concreto y las ediciones o traducciones de un
trabajo determinado. Estos objetivos se recogieron, prácticamente sin cambios,
'en los «Principios de Pa- 2. rís», formulados en la Conference on Cataloging
Prin-cipies celebrada en París en 1961 de la siguiente forma: El catálogo
debería ser un instrumento eficiente para comprobar:
1. Si la biblioteca tiene un libro buscado por: a) su autor
y título, o, b) si el autor no se conoce, sólo por su títu-lo, o, c) si el autor
y el título no son suficientes o inapropiados para la identificación, un
sustituto adecuado para el título; y 2. qué trabajos de un autor determinado, y
qué ediciones de una obra determinada, están en la biblioteca.
Estos principios forman la base de los códigos
ca-talográficos de prácticamente todos los países del mun-do. Así es, los
códigos, denominados de forma genéri-ca «reglas de catalogación», regulan las
diferentes partes que componen los registros bibliográficos, así como las
normas que deben seguirse para la realización de cada una de ellas. Ahora bien,
en la última década del siglo oc, los organismos internacionales,
principalmente la IFLA, comenzaron a trabajar para dotar a los catálogos de una
estructura y de unas normas que estuvieran más acordes con el entorno
tecnológico existente. Los estándares catalográficos vigentes están pensados
para un entorno manual; sin embargo, el avance tecnológico exige una
actualización de las normas y pautas que recogen. En este sentido, se ha
realizado, en los últimos años, un gran esfuerzo para dotar a las bibliotecas
de nuevos esquemas y estándares. Los hitos más importantes son:
I . Año 1998: publicación de los FRBR, Functio-nal
Requirements for Bibliographic Records (Requisitos funcionales de los registros
biblio-gráficos), que suponen el cambio más impor-tante en la normativa
catalográfica desde la
3.
4.
publicación en 1971 de las ISBD. Contem-plan,
principalmente, tres componentes. En primer lugar, un modelo teórico para
represen-tar los conceptos y las relaciones. En segundo, un vocabulario para
describir los niveles de representación. Por último, nuevas formas de
visualizar la información en los OPAC. Marzo de 2009: se aprueba el documento
final de los FRAD, Functional Requirements for Authority Data (Requisitos
funcionales para registros de autoridad), de próxima publi-cación. Año 2009:
nueva declaración de principios internacionales de catalogación para su
apli-cación a los catálogos en linea de las biblio-tecas. Esta declaración
sustituye y amplía el alcance de los Principios de París, siendo la primera vez
que se tienen en cuenta pautas para la búsqueda y recuperación en entornos
electrónicos. Se ha construido sobre la base de la tradición catalográfica
existente, y tam-bién sobre el modelo conceptual de la IFLA: FRBR y FRAD. En
junio de 2010 se publicó un nuevo código de catalogación denominado RDA,
Ressource Description and Access (Descripción de re-cursos y acceso), que
sustituye a los códigos catalográficos existentes. Esta nueva norma se basa en
los tres trabajos anteriormente ci-tados.
18.2. LOS REGISTROS BIBLIOGRÁFICOS Y LA NORMALIZACIÓN EN
LOS CATÁLOGOS MANUALES
Un registro bibliográfico, en la actualidad, se com-pone
básicamente de tres partes bien diferenciadas y de distinto propósito (este
concepto no cambiará con los nuevos códigos). Por un lado, lo que se denomina
«la descripción bibliográfica», donde se consignan to-dos los elementos
necesarios para poder diferenciar un documento de otro similar: título/s,
autor/es, colección, edición, características físicas, por ejemplo. Por otro,
los puntos de acceso al registro, donde se recogen las formas normalizadas de
los autores que han hecho po-sible la realización de ese documento y donde,
además, se hace constar, también de forma normalizada, la ma-teria que ese
documento trata. La primera de ellas sir-
e Ediciones Pirámide
ve, por tanto, para diferenciar; la segunda, para agrupar
todos los documentos de un mismo autor, título, serie o materia bajo una misma
forma y permitir así la or-denación de las entradas en el catálogo. Por último,
la localización sirve para decir dónde está físicamente ese documento. En el
proceso de catalogación y, por tanto, en un registro bibliográfico, hay un
número de elementos di-ferentes que podemos agrupar en tres partes:
— La descripción bibliográfica del documento. — Los puntos
de acceso al registro'. — La localización.
La parte sombreada se corresponde con la descrip-ción
bibliográfica; la información colocada en la esqui-na superior derecha, a la
localización del documento, y el resto, a los puntos de acceso (el autor
principal, en la parte superior, y los puntos de acceso secundarios, en la
inferior). Para la realización de los registros ca-talográficos se siguen unas
normas determinadas.
18.2.1. ¿Por qué unas reglas?
Históricamente ha existido un perpetuo intento de controlar
la producción mundial de publicaciones. Con este propósito se crea, por
ejemplo, el Instituto Biblio-gráfico de Bruselas, bajo la dirección de Otlet y
La Fontaine, a principios del siglo XX. Pero la realización de esta tarea por
unos pocos era humanamente impo-sible. Ante el crecimiento acelerado de la
producción, pronto se comprendió que la única forma de controlar y tener acceso
a la producción mundial era la coope-ración internacional a través de
asociaciones profesio-nales de bibliotecas. En 1926 nace la IFLA (Federación
Internacional de Asociaciones de Bibliotecas e Institu-ciones). El objetivo
principal de esta institución es im-pulsar la cooperación internacional, que
habría de co-menzar por la máxima unificación de las normas y prácticas
catalogadoras del mundo. Hasta ese momen-to cada país tenía sus normas o
instrucciones para lle-var a cabo la catalogación, pero existía una gran
dis-paridad de criterios. Si se quería tener un intercambio internacional de
información bibliográfica, era impres-
I Aquí incluyo también los puntos de acceso que se derivan
del análisis de contenido, es decir, los encabezamientos de materia y los de
clasificación sistemática.
e Ediciones Pirámide
La catalogación en la biblioteca digital / 295
cindible estructurar unas reglas de descripción
biblio-gráfica que fueran aceptadas por todos los países. De esta forma, en
1973, se crea, dentro del marco de la IFLA, el programa de Control
Bibliográfico Universal (CBU). La idea básica era el intercambio internacional
de descripciones bibliográficas normalizadas, estable-cidas y distribuidas por
las agencias nacionales en el país de origen de la publicación. El concepto no
era nuevo, pero comenzaba a ser realista y factible. La Conferencia
Internacional sobre Principios de Catalogación, a la que ya se ha hecho
referencia, había establecido el marco teórico para el desarrollo de estándares
internacionales. En 1969, en Copenhague, en el Encuentro Internacional de
Exper-tos en Catalogación, se inició la redacción de dichos estándares,
conocidos como International Standard Bi-bliographic Descriptions = Descripción
bibliográfica internacional normalizada (ISBD). La automatización de la
catalogación en las bibliotecas, sobre todo en las agencias nacionales de
catalogación, siguiendo las lí-neas del UNIMARC (Universal Machine-Readable
Cataloguing), hizo el control bibliográfico universal, en teoría, inminente al
acercarse los años noventa. Pero para que este control pueda llevarse a cabo de
manera efectiva las bibliotecas deben seguir unas normas co-munes en el proceso
de catalogación; normas que, como vamos a ver a continuación, afectan a las
distin-tas partes de un registro bibliográfico.
18.2.2. Normas de descripción bibliográfica
Las normas reconocidas internacionalmente en este campo son
las ISBD. La casi totalidad de los có-digos catalográficos nacionales se han
desarrollado a partir de ellas, y todos muestran una gran uniformidad. La
publicación de las ISBD puede verse como la cul-minación de la evolución de la
descripción bibliográ-fica. En la elaboración de las ISBD influyeron un
con-junto de elementos de los que podemos destacar: las reglas bibliográficas
tradicionales; la historia y teoría de la catalogación, basadas
fundamentalmente en los trabajos de Panizzi, Jewett y Cutter; la historia más
reciente de los códigos catalográficos, y especialmente
296 / Manual de Ciencias de la Información y Documentación
las reglas de catalogación de la Biblioteca del Congre-so,
así como el trabajo de teóricos y profesionales con-temporáneos, desde Seymour
Lubetzky hasta Michael Gorman. Las ISBD son, por tanto, las normas más
aceptadas internacionalmente. Sin embargo, como ya se ha indicado, estas normas
quedarán reemplazadas con la publicación de las RDA (Ressource Description and
Access). El objetivo básico de las ISBD es ayudar a la co-municación internacional
de información bibliográfica, ya que crea un lenguaje catalográfico universal
com-prensible por todos. Este lenguaje permite: intercam-biar los asientos
procedentes de diferentes fuentes, permitir su interpretación
independientemente del idio-ma en que estén redactados y ayudar a convertir
esos registros a formatos legibles por ordenador. Las normas ISBD prescriben
los elementos obliga-torios que deben figurar en la noticia bibliográfica, el
orden en que deben consignarse y la puntuación que debe separarlos. Divide la
descripción bibliográfica en diferentes áreas, cada una de las cuales está
formada por uno o varios elementos y separada entre sí por un punto y una raya.
A su vez, los elementos de una mis-ma área han de ir separados por una puntuación
deter-minada prescrita por las normas para cada caso.
18.2.3. Puntos de acceso al registro
Ésta es, sin duda, la parte más problemática del registro
catalográfico. Al contrario que en el caso an-terior, en que existían reglas
internacionales aceptadas por todos los países y dé uso generalizado, no ocurre
así con los puntos de acceso y la forma que tienen que adoptar esos
encabezamientos. El primer documento aceptado internacionalmente, que sería la
base para el desarrollo mundial de la normalización en el campo bibliográfico,
se creó, como ya se ha dicho, en la Con-ferencia de París de 1961. El resultado
fueron los lla-mados Principios de París, a los que ya se ha hecho referencia.
A partir de entonces, algunos de esos prin-cipios han recibido más atención que
otros, y se han establecido estándares bibliográficos nuevos basados en ellos
(FRAD). Pero, a pesar de esto, no existe, to-davía, un código
internacionalmente aceptado para lle-var a cabo el proceso de establecer los
puntos de acce-so y las formas de autoridad. Los códigos catalográficas de cada
país definen sus propias reglas para realizar el
proceso. A partir de la publicación de las RDA, esta
situación pensamos que cambiará. El control de autoridades forma parte, desde
hace mucho tiempo, de las tareas bibliotecarias. Es un con-cepto que muchas
veces se entiende mal, posiblemen-te porque su nombre no describe bien su
función. El control de autoridades es un procedimiento mediante el cual una
única forma de palabras/términos se esta-blece para un conjunto de datos
bibliográficos. Estos datos no se corresponden con un solo registro, sino que
son potencialmente comunes a más de uno de los re-gistros de la base de datos.
Por ejemplo, el nombre de un autor, de una materia o el título de una serie.
Esta forma autorizada de los datos se recoge en lo que se llama un «registro de
autoridad», junto con las referen-cias a otras formas aceptadas o no aceptadas
con las que pueda aparecer. El fichero de autoridades se con-sulta
continuamente cuando se realiza la catalogación de los documentos y constituye
la única forma posible de dar consistencia al catálogo. Es fundamental,
ade-más, para la recuperación por parte del usuario final.
18.2.4. Las reglas de catalogación españolas
El primer intento de normalización bibliográfica en nuestro
país surge en 1902, año en el que se publican las Instrucciones para la
redacción de catálogos en bibliotecas públicas del Estado, realizadas por la
Jun-ta Facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos. A partir de entonces,
España participa en las conferen-cias internacionales de normalización y va
adoptando la normativa internacional en las diferentes ediciones de las
Instrucciones. En 1976, Bibliografía Española adopta las ISBD, aunque la
normativa anterior sigue estando vigente. Finalmente, en 1980 se crea una
co-misión de expertos para redactar unas nuevas normas de catalogación que
recogieran tanto lo relativo a la descripción como a los puntos de acceso. De
esta for-ma, se publican en 1985 las Reglas de catalogación españolas, cuya
última edición es la de 1999. Las re-glas españolas asumen para la descripción
bibliográfi-ca las normas ISBD, y para la elección de puntos de acceso y forma
del encabezamiento recogen tanto las normas establecidas por la IFL.A, en las
distintas pu-blicaciones de su programa CBU, como la tradición catalográfica
española.
Ediciones Pirámide
18.3. LOS REGISTROS BIBLIOGRÁFICOS Y LA NORMALIZACION EN
LOS CATÁLOGOS AUTOMATIZADOS
Los registros bibliográficos manuales están regidos por unas
normas (ISBD, reglas de catalogación, etc.), y el usuario puede distinguir un
dato de otro según su posición en la ficha o según la puntuación. Puede,
asi-mismo, distinguir un registro de otro diferente por ocu-par diferentes
fichas catalográficas. ¿Pero cómo hace-mos que el ordenador comprenda la
información que tiene que procesar? La información que se almacena en una base
de datos debe organizarse de tal manera que sea fácil recuperarla y
manipularla. Es decir, cada dato debe identificarse de forma unívoca para que
el sistema pueda interpretarlo. ¿Cómo puede reconocer el sistema un
encabeza-miento de materia o un autor personal? ¿Cómo puede saber dónde empieza
y dónde termina un registro o un área? Sólo puede hacerlo adjudicando códigos,
como un sólo byte, que diga «éste es el final del registro». Cada tipo de
información, cada dato, debe ser iden-tificado sin ambigüedades para su
posterior manipu-lación. La automatización de los catálogos requiere, por
tanto, una serie de trabajos previos, y el primero de todos consiste en
estructurar los datos que van a intro-ducirse en el sistema informático. Para
ello, los diferen-tes elementos de una noticia deben ser distribuidos y
codificados de una manera especial; a este ordenamien-to y codificación
particular es a lo que se le denomina «formato». El formato bibliográfico puede
considerarse la estructura y el sistema de códigos que hacen com-prensible al
sistema informático el contenido de una noticia bibliográfica. Debe estar
diseñado de tal modo que sea capaz de recoger de un documento todos los
elementos descriptivos precisos, teniendo en cuenta las necesidades de Ios
usuarios. Además, debe disponer de mecanismos para realizar las operaciones de
selección, ordenación, búsqueda, edición y análisis estadísticos.
18.3.1. Organización de los datos bibliográficos
Todos los formatos de descripción bibliográfica comparten
unos conceptos básicos que son imprescin-dibles para comprender su
funcionamiento. A continua-ción vamos a definir brevemente los más importantes.
Ediciones Pirámide
La catalogación en la biblioteca digital / 297 Registro:
grupo de elementos de información tra-tados como una unidad por la aplicación
del programa. Cada registro contiene información referida a una uni-dad
determinada en el caso de las bibliotecas: mono-grafías, publicaciones
seriadas, etc. Como puede ser necesario acceder a algunas partes del registro,
éstos están divididos en campos y, si es necesario, en sub-campos. Los sistemas
automatizados pueden, por su-puesto, leer todos los registros para detectar la
presen-cia o ausencia de un dato específico, pero sí dividimos el registro en
campos y subcampos, se logra una mayor rapidez en el proceso de búsqueda y
recuperación. Campos: parte de un registro que contiene infor-mación
relacionarla con una característica o grupo de características de la unidad
bibliográfica que represen-ta el registro. Normalmente estos campos representan
las diferentes áreas tradicionales de los registros biblio-gráficos. El número
y la naturaleza de los campos se determina al mismo tiempo que se diseña la
estructura del registro. Subcarnpos: partes de los campos que no pueden estar
aisladas de la información del campo pero que requieren un tratamiento
individualizado. Por ejemplo, el editor-en el campo de publicación. Los subcampos
son el equivalente automatizado de los elementos de las áreas catalográficas.
Formato del registro: los términos estructura del registro, formato del
registro y formato legible por or-denador se utilizan para referirse a la
disposición e identificación de la información que manipula el orde-nador. La
palabra «formato» expresa la noción de un marco formalizado, una estructura que
utilizarán los registros de contenido vario. También implica la idea de un
juego de reglas para controlar la representación de la información. Estas
reglas pueden ser únicas de un sistema o compartidas con otros sistemas.
Existen, por tanto, formatos internos y formatos de intercambio. Formatos de
intercambio: tienen como finalidad el intercambio de registros entre sistemas.
Deben, por tanto, ser aceptados por las agencias de intercambio y ser a la vez
sumamente flexibles para poder adaptarse a los diferentes sistemas de software.
Teóricamente de-berían facilitar el intercambio de información que se utiliza
en las diferentes aplicaciones bibliográficas, desde la producción del catálogo
tradicional en fichas hasta los registros en bases de datos de acceso público
en línea. Formatos internos: específicos de un sistema o software. En comparación
con los formatos de inter298 / Manual de Ciencias de la Información y
Documentación
cambio, pueden construirse específicamente para las
necesidades de un sistema local y no tienen que ade-cuarse a ningún estándar
externo.
18.3.2. El formato MARC y MARC 21 MARC es un acrónimo de
MAchine Readable Ca-taloguing (Catalogación legible por máquina), y es un
estándar para el intercambio de información bibliográ-fica entre sistemas
automatizados de bibliotecas. Este formato lo diseñó la Biblioteca del Congreso
en los años sesenta con el fin de intercambiar datos bibliográ-ficos con otras
bibliotecas de dentro y fuera del país. Desde 1968, en que se publica, se ha
convertido en un estándar internacional. Actualmente describe una fami-lia de
estándares que organizan la información biblio-gráfica para su almacenamiento y
comunicación. Los formatos MARC son estándares para la representación y la
comunicación de información bibliográfica y re-lacionada (autoridades, fondos y
localizaciones). Se denominan «estándares para la representación de
infor-mación» porque especifican una presentación estructu-rada de los datos.
Se denominan «estándares de comu-nicación» porque no obligan a almacenar o
visualizar la información de una forma determinada en los siste-mas
automatizados. Esto dependerá de las caracterís-ticas propias del sistema, de
los requisitos de la biblio-teca, etc. El objetivo principal de los formatos
MARC es servir como formato de comunicación entre sis-temas. Se ha escrito
mucho acerca de si los sistemas au-tomatizados de bibliotecas deben basarse en el
forma-to MARC. El punto más importante es que si para una biblioteca tanto la
comunicación de información bi-bliográfica entre sistemas como compartir
recursos son cuestiones importantes, entonces el sistema que se se-leccione
debe poder cargar registros MARC de fuentes externas y mantener esa información
en un formato que permita al sistema generar también registros MARC de la base
de datos de la biblioteca. De ello se deduce que el concepto más importante del
MARC, como he dicho al comienzo, es su función como formato de comuni-cación.
No importa que el sistema automatizado de una biblioteca almacene sus registros
en formato MARC, pero sí es importante que permita una recodificación en
formato MARC, ya que va a permitir importar y exportar datos bibliográficos.
Ahora bien, hoy en día
también se utilizan otro tipo de esquemas más acordes con la
situación tecnológica y las redes: los metadatos, cuyo representante principal
es el Dublin Core. Aunque su uso en los catálogos bibliotecarios no está
todavía muy extendido, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos en un
período de cambios importantes en el terreno catalográfico. El formato MARC
define la información bibliográ-fica de tal manera que todas las aplicaciones
de los programas puedan trabajar con la base de datos de la biblioteca. Por
ejemplo, los módulos de control de pu-blicaciones seriadas, catalogación,
circulación, adqui-siciones, catálogo de acceso público, manipulan por-ciones
de los registros basados en un formato común y en la información adicional
apropiada, como, por ejemplo, los vendedores en el subsistema de adquisi-ciones
o los diferentes usuarios del préstamo. En palabras de Henriette Abraham, una
de las per-sonas que más contribuyó a la realización del formato MARC: «Un
registro bibliográfico único, legible por ordenador, creado una sola vez, puede
ser utilizado para una gran variedad de fines, incluyendo las adqui-siciones,
la catalogación y el registro de publicaciones seriadas». El uso de los
formatos MARC es fundamental para permitir a las bibliotecas y a los servicios
bibliográficos nacionales compartir y comunicar información biblio-gráfica. El
MARC permite a una biblioteca:
— Importar y descargar registros: hay muchas fuentes, como
son los servicios bibliográficos, los productos en CD-Rom y bibliotecas
nacio-nales, en las que una biblioteca puede obtener copias de catalogaciones
en formato MARC. Si la biblioteca ha automatizado sus procesos utilizando una
interfaz MARC, puede derivar registros al sistema local y después editarlos
para adaptarlos a las prácticas locales y añadir su registro de ejemplares. —
Compartir la catalogación: con grandes siste-mas, con sistemas regionales, con
sistemas lo-cales, etc. — Participar en catálogos colectivos contribuyen-do así
al control bibliográfico universal. — Mantener flexibilidad: los registros que
impor-te siempre pueden editarse, se pueden definir registros para las
necesidades propias de una biblioteca sin necesidad de elaborar toda la
in-formación desde cero.
© Ediciones Pirámide.
Mejorar o cambiar de sistemas en el futuro. La creación de
bases de datos legibles por orde-nador para reemplazar al catálogo en fichas es
un proceso costoso y que consume muchos es-fuerzos. Es esencial que una
biblioteca proteja esa inversión creando y manteniendo bases de datos de tal
forma que quede garantizado que el catálogo puede ser trasladado a un nuevo
sistema en el futuro. Hardware y software se vuelven obsoletos y deben
reemplazarse o adaptarse. Una base de datos que se genere en MARC puede moverse
a un nuevo sistema sin grandes esfuerzos de programación.
El formato MARC tuvo su origen en la Biblioteca del Congreso
de los Estados Unidos en 1966, cuando se desarrollaron los proyectos MARC I y
MARC II. Aunque colaboraron en el proyecto especialistas de Es-tados Unidos y
Reino Unido, hubo dos versiones dis-tintas del formato, publicadas ambas en
1968, corno vemos antes de que se publicaran por primera vez las ISBD. Las
diferencias venían marcadas fundamental-mente por la utilización de diferentes reglas
catalográ-ficas. Los dos formatos, sin embargo, utilizan el mismo juego de
caracteres y la misma estructura, estructura que fue aprobada por el American
National Institute (ANSI) y por la British Standards Intitution (BSI),
or-ganismos norteamericano y británico de normaliza-ción. En 1969 la estructura
del formato fue aprobada por la Organización Internacional de Normalización
(ISO), que la convirtió en la norma ISO 2709-1973: formato para el intercambio
de información bibliográ-fica en cinta magnética = Formar for bibliographic
in-formation interchange on magnetic tape. En líneas ge-nerales se puede decir
que todos los formatos MARC siguen la ISO 2709, pero no por todos los formatos
que sigan la ISO 2709 son formatos MARC. El éxito obtenido por los formatos de
la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y por la Biblio-. grafía
Nacional Británica animó al desarrollo de siste-mas análogos en otros países,
creándose lo que de for-ma coloquial se denomina la familia MARC. Muchos se
desarrollaron a partir de las especificaciones de la LC, y otros, de las de la
BNB. Por ejemplo, en España se crearon dos formatos MARC distintos: el
IBER-MARC, muy parecido al USMARC, y el CATMARC, similar al UKMARC. El proyecto
MARC consiguió dotar a la comunidad bibliotecaria de un formato de comunicación
e inter-
Ediciones Pirámide
La catalogación en la biblioteca digital / 299 cambio
bibliográfico y dio mayor estabilidad a las ac-tividades normalizadoras que se
estaban llevando a cabo. El formato MARC y, con posterioridad, la
inter-conexión de sistemas han permitido un intercambio efectivo de información
y la creación de redes coope-rativas de catalogación. La expansión y la
consolidación del formato MARC tuvieron lugar en el período comprendido entre
1969-1979. Los progresos realizados en esta década están íntimamente
relacionados con cuatro aspectos. En pri-mer lugar, el rápido desarrollo en la
tecnología del or-denador. En segundo lugar, una disposición favorable hacia la
automatización en la comunidad bibliotecaria. En tercer lugar, el crecimiento
significativo de los que hoy en día son los sistemas cooperativos más
importan-tes y su apoyo al MARC. Y, por último, el desarrollo de los sistemas
de recuperación de información. Existen tres tipos de formatos MARC que se adap-tan
a las partes que conforman el proceso catalográfico: El formato MARC de datos
bibliográficos, que contempla todo tipo de documentos (monogra-ffas,
publicaciones seriadas, manuscritos y ma-teriales no librados). — El formato
MARC de autoridades, para la crea-ción de los registros de autoridad. — El
formato MARC de holdings o fondos y lo-calizaciones.
Los tres tienen idéntica estructura, pero el tipo de
información que soportan es, evidentemente, de distin-ta naturaleza. En el año
1999, fruto de la colaboración entre la Biblioteca Nacional de Canadá y la
Biblioteca del Con-greso de los Estados Unidos, se publicó el formato MARC 21,
que armonizaba el USMARC y el CAN/ MARC. Nació con el objetivo de convenirse en
un formato internacional, como así ha ocurrido. Marc 21 no es un nuevo formato,
es una actualización que per-sigue eliminar las diferencias que existen entre
los di-ferentes formatos MARC en el mundo. Hoy en día su uso está muy
extendido, y es el formato que emplean la mayor parte de las bibliotecas.
18.3.3. IBERMARC y
MARC 21
El formato IBERMARC se creó en 1976 en una edición
provisional (Manual del formato IBERMARC300 / Manual de Ciencias de la
Información y Documentación para monografías). El formato IBERMARC es
simple-mente el USMARC adaptado a las características y normas catalográficas
españolas. Bíbliografia Españo-la comienza a utilizarlo en 1976, en el mismo
año que empieza a usar las normas ISBD para descripción bi-bliográfica. Ante la
falta de normativa propia (la primera edi-ción de las Reglas de catalogación no
aparecería hasta 1985) y la escasa automatización de los centros espa-ñoles, no
podemos hablar de una verdadera utilización del formato hasta 1988, en que
aparece el manual ac-tualizado. El formato IBERMARC es, como se ha señalado,
una adaptación del USMARC. Se pretendía conse-guir la mayor compatibilidad
posible con el formato MARC utilizado por las bibliotecas norteamerica-nas, en
las que se encuentran estructuradas las prin-cipales y mayores bases de datos
bibliográficas del mundo. El formato IBERMARC no es el único formato que se
utiliza en nuestro país. En Cataluña se utiliza una versión del formato UKMARC
(Reino Unido), deno-minada CATMARC. También hay que tener en cuenta que muchas
veces la utilización de un formato depen-de del sistema automatizado que se
implante. La última edición del formato 1BE1tMARC de da-tos bibliográficos es
la publicada en 2001, y engloba de forma integrada todos los materiales. El
formato IBERMARC de autoridades se publicó por primera vez en el año 1999, y
unos años más tarde vio la luz el de fondos y localizaciones. En la actualidad,
en España, desde que la Biblio-teca Nacional adoptó el MARC 21 en el año 2008,
en aras de una mayor internacionalización, muchas biblio-tecas han comenzado a
utilizarlo. Es necesario señalar que las diferencias no son muy grandes, y su
aplicación no difiere, apenas, del IBERMARC. Se puede consul-tar una tabla con
las diferencias en las páginas web de la Biblioteca Nacional de España.
18.3.4. Estructura de los formatos MARC
Muchos bibliotecarios crean y usan registros MARC sin
entender realmente su naturaleza. Si bien para catalogar no es imprescindible
conocer el funcio-namiento interno del MARC, los bibliotecarios nece-sitan
saber más acerca de cómo funciona el MARC en los sistemas automatizados de
gestión bibliotecaria. Un
mejor conocimiento del MARC ayuda cuando se debe tratar con
vendedores o con empresas de servicios, o cuando tenemos que decidir sobre OPAC
y otros siste-mas automatizados. El formato MARC constituye la base para
almace-nar información bibliográfica de una forma consisten-te, compartir esa
información y manipularla mediante el ordenador. A continuación se presentan
las características principales de este formato a través de esquemas que ayuden
a comprender tanto los aspectos técnicos como los operacionales. Comenzaremos
mostrando un ejem-plo de un registro en formato ISBD y su traducción a formato
MARC de salida. A continuación, desglosare-mos ese formato MARC en las
diferentes partes que lo componen para facilitar su lectura y analizaremos cada
una de ellas.
Registro ISBD
Townson, Hazel ¿Se puede saber qué haces? / Hazel Townson ;
tra-ducción de Carlos Torres ; ilustraciones de Mary Rees. — Madrid :
Espasa-Calpe, D.L. 1991. — 30 p. : il. col. ; 19 cm. — (Austral infantil ; 59)
Tít. orig.: What on the earth? D.L. M-8298-1991. — ISBN 84-239-2879-9 I.
Torres, Carlos. II. Rees, Mary. HI. Título, IV. Serie 087.5:82
Registro MARC
00598nam002200181 i 4500 00100130000000500130001300800410002601000
17000670170016000840200019001000400018001190 410013
00137080001300150100001900163245010 400182260003600286300002900322440002500 3 5
15 O 0003 1 O 0376 7 00 001 9 O 04 077 0 00 01 5 004
26ABNE930649144A199306132115t792121151991 esp spa dA SzCEN920161110A $aM
8298-1991A $a84-239-2879-9A $aCENSbspaScCENA 1 $aspa$hengA 4$a087.5:82 A
10$aTownson, HazelAll$a¿Se puede sa-ber qué haces$cHazel Townson ; traducción
de Carlos Torres ; ilustraciones de Mary Rees AO SaMadrid$bapasa-Calpe$cD.L.
1991A $a[30} p.$bil. col.$c19 cmA 0$aAustral infantil$v59A4 $aTít. orig.: What
on earth? AllSalbrres, CarlosAll$aRees, Mary A A .

O Ediciones Pirámide
La catalogación en la
biblioteca digital / 301

Registro MARC desglosado Cabecera o leader:
00598nam00220018114500 Directorio:
001001300000 005001300013 008004100026 010001700067
017001600084 020001900100 040001800119 041001300137 080001300/50 100001900163
245010400182 260003600286 300002900322 440002500351 500003100376 700001900407
700001500426 001 BNE930649144 005 199306132115 008 921211s1991. .esp spa.d 010
UCEN920161110 017 $aM 8298-1991 020 $a84-239-2879-9 040 $aCEN$bspa$cCEN 041 1.
$aspa$heng ()SO .4 $a087.5:82 100 10 $aTownson, Hazel 245 11 $a¿Se puede saber
qué haces$c / Hazel Townson ; traducción de Carlos 'torres ; ilustraciones de
Mary Rees 260 0. $aMadrid$b : Espasa-Calpe$c, D.L. 1991 300 $430] p.$b : ii.
col.$c ; 19 cm 440 .0 $aAustral infantil$v ; 59 500 4. $aTít. orig.: What on earth? 700 11 Saibrrcs,
Carlos 700 11 $aRees, MaryA A
«.» =
espacios en blanco
Todos los registros MARC, independientemente de y
localizaciones) y de su nacionalidad, tienen una es-su formato (datos
bibliográficos, autoridades y fondos tructura básica común que es la siguiente:
Cabecera Directorio
Campos de control
Campos de infor. bibliográfica 1 Separador del registro
Etiquetas
Indicadores
Códigos de soberano
a) Leader o cabecera: es la primera parte de un registro
MARC. Tiene una longitud fija (24 caracteres) y su objetivo principal es
propor-cionar al sistema, de forma codificada, la in-formación básica del
registro, como: longitud del registro, estado del registro, tipo de regis-tro,
nivel bibliográfico, nivel de codificación, longitud de los elementos en el
directorio, etc. El programa lo crea al mismo tiempo que se crea o se modifica
el registro. Contiene dos tipos de información: una generada automáti-
© Ediciones Pirámide
camente por el sistema y otra que proporciona el usuario. b)
Directorio: está formado por segmentos de longitud fija (12 caracteres). Cada
segmento corresponde a un campo presente en el regis-tro. Por tanto, habrá
tantos segmentos como campos tenga el registro. El directorio lo crea y lo
mantiene el software, y el usuario no pue-de modificarlo. Su objetivo principal
es per-mitir al programa la localización de los datos en el registro rápida y
eficazmente. Cada uno 2 Manual de Ciencias de la Información y Documentación
de los segmentos que forman el directorio está compuesto
por: la etiqueta de cada campo (tres caracteres), la longitud de cada campo
(cuatro caracteres) y la posición del carácter inicial de cada campo (cinco
caracteres). c) Campos de control: contienen información co-dificada,
identificada por su posición. Son, por tanto, campos posicionales, de longitud
fija. Todos comienzan por 00 y no son repetibles. A diferencia de los campos de
información, no tienen indicadores ni subcampos. Contienen números de control e
información codificada que usa el sistema para procesar los registros. d)
Campos de datos (bibliográficos, de autoridad o de fondos): son de longitud
variable, están agrupados en niveles (Le. IXX: encabeza-mientos principales,
7XX: encabezamientos secundarios) y pueden ser repetibles o no re-petibles
dependiendo de la naturaleza de la información. Todos están compuestos por los
siguientes elementos, que se denominan de forma genérica «designadores de
contenido»: — Etiqueta del campo (tres dígitos). — Dos indicadores que sirven
para cualificar la etiqueta y que tienen valores diferentes dependiendo del
campo al que estén aso-ciados. Su objetivo es dar información de cómo debe
tratarse la información conte-nida en el campo. — Delimitadores de subcampo:
códigos inter-calados en el texto: $a, $b, etc. Preceden e identifican los
elementos de los campos del registro. Carecen de significado fuera del contexto
del campo al que van asociados. e) Separador del registro: indica al sistema
que ese registro ha terminado y comienza uno nuevo.
Si hacemos una comparación entre un registro bi-bliográfico
manual y uno automatizado, podemos ver que la estructura del registro manual,
realizado siguien-do las reglas de catalogación, se ve perfectamente re-flejada
en la estructura de campos del formato MARC.
Registro manual en ficha Encabezamiento principal Área de
título y mención de responsabilidad. –Área de edición. – Área de detalles
específicos de la clase de documento. Área de publicación y distribu-ción. –
Área de descripción física. – Área de serie. Área de notas Área de número normalizado
1. Encabezamientos de materia. 1. Encabezamien-tos secundarios de nombres y
series CDU
Registro en formato MARC 001 Número de control 020 ISBN 080
Número de la CDU 1XX Encabezamiento principal 245 Área de título y mención de
responsabi-lidad 250 Área de edición ' 25X Área de detalles específicos de la
clase de documento 260 Área de publicación 300 Área de descripción física 4XX
Área de serie 530C Área de notas 6)0C Encabezamientos secundarios de materia
7XX Encabezamientos secundarios 830C Encabezamientos secundarios de serie
Si descendemos al nivel de elementos de áreas y su
equivalente en el formato, los campos, también ve-mos cómo el MARC sigue en su
estructura a las reglas de catalogación. En la página siguiente se presenta un
esquema con los campos del formato MARC 21 que se utilizan para la catalogación
de monografías y que puede ser muy útil para comprender de forma genérica la
estructura de la información de un registro bibliográfico y poder, así, aplicar
las etiquetas a las distintas áreas y puntos de acceso de una noticia
bibliográfica.
O Ediciones Pirámide
La catalogación en la biblioteca digital / 303
CAMPOS DEL FORMATO
MARC 21: MONOGRAFÍA
001 Número de control (NR) 005 Fecha y hora de la última
transacción (NR) 008 Códigos de información (NR) 016 Número de control de la
Biblioteca Nacional (NR) 017 Número del Depósito Legal (R) 020 ISBN (R) 026
NIPO (R) 035 Número de control del sistema de procedencia (R) 041 Código de
lengua (NR) 080 Número de la CDU (R)
100 Encabezamiento principal: Autor personal (NR) 110
Encabezamiento pricipal: Nombre de entidad (NR) 111 Encabezamiento principal:
Nombre de congreso (NR) 130 Encabezamiento principal: Título uniforme (NR)
240 Título uniforme (NR) 243 Título uniforme colectivo (NR)
245 Mención del título (NR) 250 Mención de edición (NR) 260 Publicación,
distribución, etc. (NR)
300 Descripción física (R)
490 Mención de serie (R)1
500 Nota general (R) 501 Nota de «con» (R) 502 Nota de
disertación y tesis (R) 503 Nota referente a la edición e historia
bibliográfica (R) 504 Nota de bibliografía (R) 505 Nota de contenido (NR) 510
Nota de citas o referencias bibliográficas (R) 520 Nota de sumario, resumen,
etc. (R) 533 Nota de reproducción (R) 534 Nota sobre la obra original (R) 580
Nota de relación compleja con otro documento (R.)
600 Encabezamiento secundario de materia: Nombre personal
(R) 610 Encabezamiento secundaría de materia: Nombre de entidad (R) 611
Encabezamiento secundario de materia: Nombre de congreso (R) 630 Encabezamiento
secundario de materia: Título uniforme (R) 650 Encabezamiento secundario de
materia: Término materia (R) 651 Encabezamiento secundario de materia: Nombre
geográfico (R) 653 Término de indización no controlado (R)
700 Encabezamiento secundario: Nombre personal (R) 710
Encabezamiento secundario: Nombre de entidad (R) 711 Encabezamiento secundario:
Nombre de congreso (R) 730 Encabezamiento secundario: Título uniforme (R) 740
Encabezamiento secundario: Variante de título (R) 770 Entrada de
suplemento/Número especial (R) 772 Entrada de registro de publicación principal
(R) 800 Encabezamiento secundario de serie: Nombre personal (R) 810
Encabezamiento secundario de serie: Nombre de entidad (R) 811 Encabezamiento
secundario de serie: Nombre de congreso (R) 830 Encabezamiento secundario de
serie: Título uniforme (R)
18.4. NUEVOS
ESTÁNDARES PARA LA CATALOGACIÓN
El conjunto de normas y estándares que se ha de-sarrollado
en las últimas cinco décadas ha permitido llevar a cabo un acceso a colecciones
controladas de información. Las Anglo-American Cataloguing Rules, las regias de
catalogación españolas, los ISBN e ISSN, el formato MARC, el MARC 21 y el
crecimiento de las bibliografías nacionales representan el gran esfuer-zo
profesional realizado para globalizar y normalizar el control bibliográfico. En
el mismo sentido, la cata-logación cooperativa, la conversión retrospectiva de
catálogos y los servicios de indización y resumen han dado como resultado
grandes bases de datos que se han puesto a disposición de la comunidad
interna-cional.
O Ediciones Pirámide
Sin embargo, en las dos últimas décadas ha surgi-do un nuevo
reto para las bibliotecas provocado por el crecimiento vertiginoso de la
información electrónica y han nacido nuevos estándares para describir,
recupe-rar y acceder a los objetos de información en un entor-no de red. Estos
nuevos estándares están relacionados, por una parte, con normas catalográficas más
acordes con la tecnología existente y provienen, fundamental-mente, de las
bibliotecas y asociaciones bibliotecarias. Por otra, con los desarrollos
propios de la red y la des-cripción de los objetos de información, esto es, los
len-guajes de marcas y los esquemas de metadatos. En lo que respecta a la
normativa catalográfica, el nuevo código internacional se editó en el año 2010,
RDA (Resource Description and Access), basado a su vez en los FRBR, FRAD y los
Principios Internacio-nales de Catalogación de 2009, intenta aunar los con-04 /
Manual de Ciencias de la Información y Documentación
ceptos catalográficos con diferentes esquemas de
codi-ficación en los entornos electrónicos. Es decir, los catálogos que se
construyan podrán realizarse con for-mato MARC o con metadatos. Los metadatos o
metadata hacen referencia a cual-quier dato usado para ayudar a identificar,
describir y localizar los recursos electrónicos en un entorno de red. En el
mundo bibliotecarió el concepto de metada-tos, datos acerca de datos, nos es
familiar. Los registros bibliográficos que se han creado a lo largo de muchos
años son esencialmente metadatos. Proporcionan infor-mación descriptiva y
analítica sobre un objeto de in-formación. Los catalogadores los han empleado
como método descriptivo desde hace décadas, bien como re-gistros MARC en los
OPAC, bien como fichas catalo-gráficas en los catálogos manuales. Por tanto, un
regis-tro catalográfico no es otra cosa que un conjunto de metadatos. Los
metadatos se usan para describir recursos di-gitales y no digitales localizados
en un sistema distri-buido en un entorno de red. Para que su uso sea eficaz,
deben estandarizarse. Tradicionalmente los metadatos incluían las reglas de
catalogación y los formatos. Sin embargo, debido al gran incremento de la
información electrónica, se han extendido, reflejando las necesida-des de
recuperación y uso de la información en entor-nos de red. Y, en lugar de usar
el término «reglas de catalogación electrónicas», se utiliza el de metadatos.
Los metadatos son importantes en la recuperación de la información global en
Internet por distintas ra-zones:
— Permiten indizar gran cantidad de datos de di-ferentes
tipos sin necesidad de utili7ar un gran ancho de banda, ya que se indiza la
represen-tación del objeto y no el objeto en sí. — Ayudan a descubrir y
recuperar recursos en la red, ya que analizan el contenido del objeto con
profundidad. Comparten e integran recursos de información heterogéneos y
localizados en sitios muy di-versos. — Pueden controlar el acceso a información
res-tringida.
El uso de metadatos para organizar el contenido de la
información en Internet está, hoy en día, muy exten-dido. Los metadatos se usan
de tres formas distintas: pueden ir acompañando al propio documento o recurso
(en la cabecera de un documento HTML o cabeceras SGML y XML
en general); pueden formar un fichero separado de metainfonnación para
describir recursos distintos de los de HTML (sonido, imagen, programa de
ordenador, etc.), o también se puede crear con ellos una base de datos central
o distribuida con punteros a los recursos que describen. Los metadatos han
evolucionado desde formatos de estructura muy simple hacia formatos más
comple-jos. Y se han movido desde estándares emergentes pro-pietarios a
estándares internacionales. Y, muy impor-tante, los metadatos que se crean se
pueden compartir con otros. La información que contienen es variada: desde
información descriptiva similar a la que estamos acos-tumbrados a ver en las
bibliotecas hasta información que ayude a la aplicación cliente a tomar una
decisión sobre el formato o sobre la localización. Sus usuarios pertenecen
también a distintas categorías, desde aque-llos que desean conocer sólo los
términos de disponi-bilidad de un recurso hasta aquellos que desean tener más información
sobre el contenido del objeto infor-mativo. Los recursos son, además, de
distinta tipología: algunos tienen una existencia efímera y sólo necesitan una
descripción somera; unos pueden ser simples, otros, más complejos. En este
sentido nos encontramos con una tipología parecida a la que existe en el mundo
impreso. Las estructuras de metadatos están adquiriendo un lugar central en la
descripción de documentos electró-nicos, de cualquier tipo y naturaleza, como
medio de dotarlos de formas eficaces de recuperación. El estándar que más se
utiliza para la estructura-ción de estos datos es XML, que proporciona acceso a
información jerárquica, bibliográfica y analítica com-pleja. Todos los
conjuntos de metadatos que se están em-pleando para describir los recursos en
las redes, bien sea como parte de los documentos, bien como entida-des
individuales pero enlazadas a los documentos, si-guen el lenguaje XML,
Extensible Markup Language (lenguaje de marcas extensible). Es un metalenguaje
extensible de etiquetas desarrollado por el World Wide Web Consortium (W3C).
Supone una simplificación y adaptación del SGML, Standard Generalized Markup
Language (Lenguaje de marcas estándar generalizado), y permite definir la
gramática de lenguajes específicos (de la misma manera que HTML es a su vez un
len-guaje definido por SGML). Por tanto, XML no es real-
ce Edicions Pinímidc
mente un lenguaje en particular, sino una manera de definir
lenguajes para diferentes necesidades. Aunque XML es un estándar generalizado,
no es, realmente, un lenguaje de marcas como tal. No propor-ciona por sí solo
un lenguaje de marcas que uno puede simplemente llevarse a casa y aplicarlo a
una carta, una novela, un artículo o un registro catalográfico. XML, como se ha
señalado, es conocido como un metalen-guaje, lo que significa que no es un
único lenguaje, sino una norma amplia para construir lenguajes de marcas.
Proporciona una sintaxis para definir y expresar la es-tructura lógica de los
documentos, así como las con-venciones para nombrar los componentes o elementos
de los documentos. Son numerosos los proyectos de diseño de meta-datos que se
están llevando a cabo. Los más importan-tes, atendiendo a su uso y a la
organización que los ha creado, son:
- DC:
Dublin Core Metadata_ - RDF: Resource Description Framework. — TEI: Text
Encoding Initiative. - MARCXML.
De todos ellos, el más extendido es el Dublin Core, forma
abreviada de denominar el Dublin Metadata Core Element Set (Conjunto básico de
elementos me-tadatos de Dublín). Es un proyecto cooperativo de ám-bito
internacional —promovido por OCLC y NCSA (Nacional Center for Supercomputer
Applications)—
La catalogación en la
biblioteca digital I 305
cuyo objetivo principal es crear un conjunto de elemen-tos
de datos que describan los documentos electrónicos de las redes con el fin de
facilitar su búsqueda y recu-peración. El Dublín Core está diseñado para
facilitar la re-cuperación de recursos en las redes de una forma simi-lar a un
catálogo de biblioteca pero con una estructura mucho más sencilla. Está formado
por 15 elementos de datos y su punto más fuerte es que el diseño es tan
intuitivo que los propios proveedores de información pueden codificar sus
documentos al mismo tiempo que los crean sin necesidad de poseer una formación
espe-cífica. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha realizado ya un
programa de conversión entre MARC 21 y XML, denominado MARCXML. Para concluir.
El mundo de los catálogos, en la actualidad, está sufriendo numerosos cambios
para po-der acompasar el ritmo tecnológico imperante. Nos encontramos, en este
momento, en una etapa de tran-sición en la que las normas y formatos
tradicionales siguen empleándose de forma mayoritaria. Pero co-mienzan, al
mismo tiempo, a materializarse nuevas formas para los catálogos que, con
seguridad, se con-solidarán en los próximos años. Este cambio es abso-lutamente
necesario, ya que la catalogación adolecía del entorno manual en el que fue
creándose y desarro-llándose. Ahora es tiempo de adaptar las prácticas
an-tiguas a un nuevo medio para que el catálogo siga re-presentando un papel
importante entre el gran número de recursos de información a los que tenemos
acceso.
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© Ediciones Pirámide
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e Ediciones Pirámide
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