ORTIZ-REPISO JIMENEZ - La catalogación de la biblioteca digital












 

18.1. INTRODUCCIÓN

La catalogación  en la biblioteca digital

Virginia Ortiz-Repiso Jiménez

El propósito de la catalogación ha sido histórica-mente la creación y organización de la información bibliográfica para proporcionar acceso a las colecciones de las bibliotecas. Este propósito básico no ha cambia-do, pero la automatización de los catálogos manuales, la edición electrónica y las redes de comunicaciones han modificado, inevitablemente, el carácter, el concepto y las actividades asociadas a la catalogación. Algunas de las tareas que fueron importantes en un entorno manual han quedado, ahora, obsoletas. Otras, por el contrario, han ganado relevancia. Por ejemplo, hoy en día una biblioteca puede dar acceso desde el catálogo a sus propias colecciones, pero, también, a colecciones que no posee pero con las que ha suscrito un acceso: las revistas y los libros electrónicos son una buena muestra de esto. La catalogación, sea automatizada o manual, está relacionada con la organización y la recuperación de la información. En términos generales, el objetivo de la organización de la información es permitir que esa información pueda encontrarse cuando se necesite. Así pues, la catalogación de documentos y su posterior recuperación, conocida como «recuperación de la información», son parte de un mismo proceso. Para organizar y recuperar la información, los bibliotecarios, y los profesionales de la información en general, han creado un conjunto de herramientas. Tradicionalmente, estas herramientas de recuperación de la información han sido los catálogos, las bibliografias y los índices impresos. Ahora, sin embargo, las bases de datos y las redes se han convertido en el centro de la organización de la información.

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La catalogación, hoy en día, se desarrolla en un entorno eminentemente tecnológico y se ha convertido en una actividad relativamente compleja y dinámica. Las cuestiones puramente catalográficas que consti-tuían la base de la creación de los catálogos manuales ceden el protagonismo a otras cuestiones relacionadas con el control bibliográfico en línea: los registros bi-bliográficos legibles por ordenador, la catalogación compartida, la incorporación de registros bibliográficos de otras bases de datos, la conversión retrospectiva de los catálogos manuales y la catalogación de los recur-sos en las redes son un buen ejemplo de ello. La cata-logación automatizada, es decir, la aplicación de la tecnología de la información a la creación de catálogos, no cambia el concepto básico de catalogación, pero sí el significado de herramientas y sistemas tradicionales. Los catálogos que se realizan hoy en día y las nor-mas que se emplean para su confección tienen su ori-gen en los objetivos que Charles Amni Cutter definió en 1861. Estos objetivos se han repetido con más o menos modificaciones por, prácticamente, todos aque-llos que han discutido la naturaleza de los catálogos. Estos objetivos son:

1. Permitir a una persona encontrar un libro del que conoce el autor, el título o la materia. 2. Mostrar lo que la biblioteca posee de un autor, una materia o un género determinado. 3. Ayudar en la elección de un libro a partir de la edición o del tipo de documento.

Los objetivos de Cutter permanecieron inalterables durante más de 75 años. Sin embargo, durante estos años se produjeron cambios sustanciales en las reglas y mecanismos de catalogación, así como cambios en 294 / Manual de Ciencias de la Información y Documentación su estructura tecnológica, económica y política. El pri-mer intento de revisión de esos objetivos lo realizó Se-ymour Lubetzky, en 1953, expresando de forma dife-rente el segundo objetivo: mostrar, bajo una única forma del nombre del autor, lo que la biblioteca tiene de un autor concreto y las ediciones o traducciones de un trabajo determinado. Estos objetivos se recogieron, prácticamente sin cambios, 'en los «Principios de Pa- 2. rís», formulados en la Conference on Cataloging Prin-cipies celebrada en París en 1961 de la siguiente forma: El catálogo debería ser un instrumento eficiente para comprobar:

1. Si la biblioteca tiene un libro buscado por: a) su autor y título, o, b) si el autor no se conoce, sólo por su títu-lo, o, c) si el autor y el título no son suficientes o inapropiados para la identificación, un sustituto adecuado para el título; y 2. qué trabajos de un autor determinado, y qué ediciones de una obra determinada, están en la biblioteca.

Estos principios forman la base de los códigos ca-talográficos de prácticamente todos los países del mun-do. Así es, los códigos, denominados de forma genéri-ca «reglas de catalogación», regulan las diferentes partes que componen los registros bibliográficos, así como las normas que deben seguirse para la realización de cada una de ellas. Ahora bien, en la última década del siglo oc, los organismos internacionales, principalmente la IFLA, comenzaron a trabajar para dotar a los catálogos de una estructura y de unas normas que estuvieran más acordes con el entorno tecnológico existente. Los estándares catalográficos vigentes están pensados para un entorno manual; sin embargo, el avance tecnológico exige una actualización de las normas y pautas que recogen. En este sentido, se ha realizado, en los últimos años, un gran esfuerzo para dotar a las bibliotecas de nuevos esquemas y estándares. Los hitos más importantes son:

I . Año 1998: publicación de los FRBR, Functio-nal Requirements for Bibliographic Records (Requisitos funcionales de los registros biblio-gráficos), que suponen el cambio más impor-tante en la normativa catalográfica desde la

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publicación en 1971 de las ISBD. Contem-plan, principalmente, tres componentes. En primer lugar, un modelo teórico para represen-tar los conceptos y las relaciones. En segundo, un vocabulario para describir los niveles de representación. Por último, nuevas formas de visualizar la información en los OPAC. Marzo de 2009: se aprueba el documento final de los FRAD, Functional Requirements for Authority Data (Requisitos funcionales para registros de autoridad), de próxima publi-cación. Año 2009: nueva declaración de principios internacionales de catalogación para su apli-cación a los catálogos en linea de las biblio-tecas. Esta declaración sustituye y amplía el alcance de los Principios de París, siendo la primera vez que se tienen en cuenta pautas para la búsqueda y recuperación en entornos electrónicos. Se ha construido sobre la base de la tradición catalográfica existente, y tam-bién sobre el modelo conceptual de la IFLA: FRBR y FRAD. En junio de 2010 se publicó un nuevo código de catalogación denominado RDA, Ressource Description and Access (Descripción de re-cursos y acceso), que sustituye a los códigos catalográficos existentes. Esta nueva norma se basa en los tres trabajos anteriormente ci-tados.

18.2. LOS REGISTROS BIBLIOGRÁFICOS Y LA NORMALIZACIÓN EN LOS CATÁLOGOS MANUALES

Un registro bibliográfico, en la actualidad, se com-pone básicamente de tres partes bien diferenciadas y de distinto propósito (este concepto no cambiará con los nuevos códigos). Por un lado, lo que se denomina «la descripción bibliográfica», donde se consignan to-dos los elementos necesarios para poder diferenciar un documento de otro similar: título/s, autor/es, colección, edición, características físicas, por ejemplo. Por otro, los puntos de acceso al registro, donde se recogen las formas normalizadas de los autores que han hecho po-sible la realización de ese documento y donde, además, se hace constar, también de forma normalizada, la ma-teria que ese documento trata. La primera de ellas sir-

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ve, por tanto, para diferenciar; la segunda, para agrupar todos los documentos de un mismo autor, título, serie o materia bajo una misma forma y permitir así la or-denación de las entradas en el catálogo. Por último, la localización sirve para decir dónde está físicamente ese documento. En el proceso de catalogación y, por tanto, en un registro bibliográfico, hay un número de elementos di-ferentes que podemos agrupar en tres partes:

— La descripción bibliográfica del documento. — Los puntos de acceso al registro'. — La localización.

La parte sombreada se corresponde con la descrip-ción bibliográfica; la información colocada en la esqui-na superior derecha, a la localización del documento, y el resto, a los puntos de acceso (el autor principal, en la parte superior, y los puntos de acceso secundarios, en la inferior). Para la realización de los registros ca-talográficos se siguen unas normas determinadas.

18.2.1. ¿Por qué unas reglas?

Históricamente ha existido un perpetuo intento de controlar la producción mundial de publicaciones. Con este propósito se crea, por ejemplo, el Instituto Biblio-gráfico de Bruselas, bajo la dirección de Otlet y La Fontaine, a principios del siglo XX. Pero la realización de esta tarea por unos pocos era humanamente impo-sible. Ante el crecimiento acelerado de la producción, pronto se comprendió que la única forma de controlar y tener acceso a la producción mundial era la coope-ración internacional a través de asociaciones profesio-nales de bibliotecas. En 1926 nace la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas e Institu-ciones). El objetivo principal de esta institución es im-pulsar la cooperación internacional, que habría de co-menzar por la máxima unificación de las normas y prácticas catalogadoras del mundo. Hasta ese momen-to cada país tenía sus normas o instrucciones para lle-var a cabo la catalogación, pero existía una gran dis-paridad de criterios. Si se quería tener un intercambio internacional de información bibliográfica, era impres-

I Aquí incluyo también los puntos de acceso que se derivan del análisis de contenido, es decir, los encabezamientos de materia y los de clasificación sistemática.

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cindible estructurar unas reglas de descripción biblio-gráfica que fueran aceptadas por todos los países. De esta forma, en 1973, se crea, dentro del marco de la IFLA, el programa de Control Bibliográfico Universal (CBU). La idea básica era el intercambio internacional de descripciones bibliográficas normalizadas, estable-cidas y distribuidas por las agencias nacionales en el país de origen de la publicación. El concepto no era nuevo, pero comenzaba a ser realista y factible. La Conferencia Internacional sobre Principios de Catalogación, a la que ya se ha hecho referencia, había establecido el marco teórico para el desarrollo de estándares internacionales. En 1969, en Copenhague, en el Encuentro Internacional de Exper-tos en Catalogación, se inició la redacción de dichos estándares, conocidos como International Standard Bi-bliographic Descriptions = Descripción bibliográfica internacional normalizada (ISBD). La automatización de la catalogación en las bibliotecas, sobre todo en las agencias nacionales de catalogación, siguiendo las lí-neas del UNIMARC (Universal Machine-Readable Cataloguing), hizo el control bibliográfico universal, en teoría, inminente al acercarse los años noventa. Pero para que este control pueda llevarse a cabo de manera efectiva las bibliotecas deben seguir unas normas co-munes en el proceso de catalogación; normas que, como vamos a ver a continuación, afectan a las distin-tas partes de un registro bibliográfico.

18.2.2. Normas de descripción bibliográfica

Las normas reconocidas internacionalmente en este campo son las ISBD. La casi totalidad de los có-digos catalográficos nacionales se han desarrollado a partir de ellas, y todos muestran una gran uniformidad. La publicación de las ISBD puede verse como la cul-minación de la evolución de la descripción bibliográ-fica. En la elaboración de las ISBD influyeron un con-junto de elementos de los que podemos destacar: las reglas bibliográficas tradicionales; la historia y teoría de la catalogación, basadas fundamentalmente en los trabajos de Panizzi, Jewett y Cutter; la historia más reciente de los códigos catalográficos, y especialmente

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las reglas de catalogación de la Biblioteca del Congre-so, así como el trabajo de teóricos y profesionales con-temporáneos, desde Seymour Lubetzky hasta Michael Gorman. Las ISBD son, por tanto, las normas más aceptadas internacionalmente. Sin embargo, como ya se ha indicado, estas normas quedarán reemplazadas con la publicación de las RDA (Ressource Description and Access). El objetivo básico de las ISBD es ayudar a la co-municación internacional de información bibliográfica, ya que crea un lenguaje catalográfico universal com-prensible por todos. Este lenguaje permite: intercam-biar los asientos procedentes de diferentes fuentes, permitir su interpretación independientemente del idio-ma en que estén redactados y ayudar a convertir esos registros a formatos legibles por ordenador. Las normas ISBD prescriben los elementos obliga-torios que deben figurar en la noticia bibliográfica, el orden en que deben consignarse y la puntuación que debe separarlos. Divide la descripción bibliográfica en diferentes áreas, cada una de las cuales está formada por uno o varios elementos y separada entre sí por un punto y una raya. A su vez, los elementos de una mis-ma área han de ir separados por una puntuación deter-minada prescrita por las normas para cada caso.

18.2.3. Puntos de acceso al registro

Ésta es, sin duda, la parte más problemática del registro catalográfico. Al contrario que en el caso an-terior, en que existían reglas internacionales aceptadas por todos los países y dé uso generalizado, no ocurre así con los puntos de acceso y la forma que tienen que adoptar esos encabezamientos. El primer documento aceptado internacionalmente, que sería la base para el desarrollo mundial de la normalización en el campo bibliográfico, se creó, como ya se ha dicho, en la Con-ferencia de París de 1961. El resultado fueron los lla-mados Principios de París, a los que ya se ha hecho referencia. A partir de entonces, algunos de esos prin-cipios han recibido más atención que otros, y se han establecido estándares bibliográficos nuevos basados en ellos (FRAD). Pero, a pesar de esto, no existe, to-davía, un código internacionalmente aceptado para lle-var a cabo el proceso de establecer los puntos de acce-so y las formas de autoridad. Los códigos catalográficas de cada país definen sus propias reglas para realizar el

proceso. A partir de la publicación de las RDA, esta situación pensamos que cambiará. El control de autoridades forma parte, desde hace mucho tiempo, de las tareas bibliotecarias. Es un con-cepto que muchas veces se entiende mal, posiblemen-te porque su nombre no describe bien su función. El control de autoridades es un procedimiento mediante el cual una única forma de palabras/términos se esta-blece para un conjunto de datos bibliográficos. Estos datos no se corresponden con un solo registro, sino que son potencialmente comunes a más de uno de los re-gistros de la base de datos. Por ejemplo, el nombre de un autor, de una materia o el título de una serie. Esta forma autorizada de los datos se recoge en lo que se llama un «registro de autoridad», junto con las referen-cias a otras formas aceptadas o no aceptadas con las que pueda aparecer. El fichero de autoridades se con-sulta continuamente cuando se realiza la catalogación de los documentos y constituye la única forma posible de dar consistencia al catálogo. Es fundamental, ade-más, para la recuperación por parte del usuario final.

18.2.4. Las reglas de catalogación españolas

El primer intento de normalización bibliográfica en nuestro país surge en 1902, año en el que se publican las Instrucciones para la redacción de catálogos en bibliotecas públicas del Estado, realizadas por la Jun-ta Facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos. A partir de entonces, España participa en las conferen-cias internacionales de normalización y va adoptando la normativa internacional en las diferentes ediciones de las Instrucciones. En 1976, Bibliografía Española adopta las ISBD, aunque la normativa anterior sigue estando vigente. Finalmente, en 1980 se crea una co-misión de expertos para redactar unas nuevas normas de catalogación que recogieran tanto lo relativo a la descripción como a los puntos de acceso. De esta for-ma, se publican en 1985 las Reglas de catalogación españolas, cuya última edición es la de 1999. Las re-glas españolas asumen para la descripción bibliográfi-ca las normas ISBD, y para la elección de puntos de acceso y forma del encabezamiento recogen tanto las normas establecidas por la IFL.A, en las distintas pu-blicaciones de su programa CBU, como la tradición catalográfica española.

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18.3. LOS REGISTROS BIBLIOGRÁFICOS Y LA NORMALIZACION EN LOS CATÁLOGOS AUTOMATIZADOS

Los registros bibliográficos manuales están regidos por unas normas (ISBD, reglas de catalogación, etc.), y el usuario puede distinguir un dato de otro según su posición en la ficha o según la puntuación. Puede, asi-mismo, distinguir un registro de otro diferente por ocu-par diferentes fichas catalográficas. ¿Pero cómo hace-mos que el ordenador comprenda la información que tiene que procesar? La información que se almacena en una base de datos debe organizarse de tal manera que sea fácil recuperarla y manipularla. Es decir, cada dato debe identificarse de forma unívoca para que el sistema pueda interpretarlo. ¿Cómo puede reconocer el sistema un encabeza-miento de materia o un autor personal? ¿Cómo puede saber dónde empieza y dónde termina un registro o un área? Sólo puede hacerlo adjudicando códigos, como un sólo byte, que diga «éste es el final del registro». Cada tipo de información, cada dato, debe ser iden-tificado sin ambigüedades para su posterior manipu-lación. La automatización de los catálogos requiere, por tanto, una serie de trabajos previos, y el primero de todos consiste en estructurar los datos que van a intro-ducirse en el sistema informático. Para ello, los diferen-tes elementos de una noticia deben ser distribuidos y codificados de una manera especial; a este ordenamien-to y codificación particular es a lo que se le denomina «formato». El formato bibliográfico puede considerarse la estructura y el sistema de códigos que hacen com-prensible al sistema informático el contenido de una noticia bibliográfica. Debe estar diseñado de tal modo que sea capaz de recoger de un documento todos los elementos descriptivos precisos, teniendo en cuenta las necesidades de Ios usuarios. Además, debe disponer de mecanismos para realizar las operaciones de selección, ordenación, búsqueda, edición y análisis estadísticos.

18.3.1. Organización de los datos bibliográficos

Todos los formatos de descripción bibliográfica comparten unos conceptos básicos que son imprescin-dibles para comprender su funcionamiento. A continua-ción vamos a definir brevemente los más importantes.

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La catalogación en la biblioteca digital / 297 Registro: grupo de elementos de información tra-tados como una unidad por la aplicación del programa. Cada registro contiene información referida a una uni-dad determinada en el caso de las bibliotecas: mono-grafías, publicaciones seriadas, etc. Como puede ser necesario acceder a algunas partes del registro, éstos están divididos en campos y, si es necesario, en sub-campos. Los sistemas automatizados pueden, por su-puesto, leer todos los registros para detectar la presen-cia o ausencia de un dato específico, pero sí dividimos el registro en campos y subcampos, se logra una mayor rapidez en el proceso de búsqueda y recuperación. Campos: parte de un registro que contiene infor-mación relacionarla con una característica o grupo de características de la unidad bibliográfica que represen-ta el registro. Normalmente estos campos representan las diferentes áreas tradicionales de los registros biblio-gráficos. El número y la naturaleza de los campos se determina al mismo tiempo que se diseña la estructura del registro. Subcarnpos: partes de los campos que no pueden estar aisladas de la información del campo pero que requieren un tratamiento individualizado. Por ejemplo, el editor-en el campo de publicación. Los subcampos son el equivalente automatizado de los elementos de las áreas catalográficas. Formato del registro: los términos estructura del registro, formato del registro y formato legible por or-denador se utilizan para referirse a la disposición e identificación de la información que manipula el orde-nador. La palabra «formato» expresa la noción de un marco formalizado, una estructura que utilizarán los registros de contenido vario. También implica la idea de un juego de reglas para controlar la representación de la información. Estas reglas pueden ser únicas de un sistema o compartidas con otros sistemas. Existen, por tanto, formatos internos y formatos de intercambio. Formatos de intercambio: tienen como finalidad el intercambio de registros entre sistemas. Deben, por tanto, ser aceptados por las agencias de intercambio y ser a la vez sumamente flexibles para poder adaptarse a los diferentes sistemas de software. Teóricamente de-berían facilitar el intercambio de información que se utiliza en las diferentes aplicaciones bibliográficas, desde la producción del catálogo tradicional en fichas hasta los registros en bases de datos de acceso público en línea. Formatos internos: específicos de un sistema o software. En comparación con los formatos de inter298 / Manual de Ciencias de la Información y Documentación

cambio, pueden construirse específicamente para las necesidades de un sistema local y no tienen que ade-cuarse a ningún estándar externo.

18.3.2. El formato MARC y MARC 21 MARC es un acrónimo de MAchine Readable Ca-taloguing (Catalogación legible por máquina), y es un estándar para el intercambio de información bibliográ-fica entre sistemas automatizados de bibliotecas. Este formato lo diseñó la Biblioteca del Congreso en los años sesenta con el fin de intercambiar datos bibliográ-ficos con otras bibliotecas de dentro y fuera del país. Desde 1968, en que se publica, se ha convertido en un estándar internacional. Actualmente describe una fami-lia de estándares que organizan la información biblio-gráfica para su almacenamiento y comunicación. Los formatos MARC son estándares para la representación y la comunicación de información bibliográfica y re-lacionada (autoridades, fondos y localizaciones). Se denominan «estándares para la representación de infor-mación» porque especifican una presentación estructu-rada de los datos. Se denominan «estándares de comu-nicación» porque no obligan a almacenar o visualizar la información de una forma determinada en los siste-mas automatizados. Esto dependerá de las caracterís-ticas propias del sistema, de los requisitos de la biblio-teca, etc. El objetivo principal de los formatos MARC es servir como formato de comunicación entre sis-temas. Se ha escrito mucho acerca de si los sistemas au-tomatizados de bibliotecas deben basarse en el forma-to MARC. El punto más importante es que si para una biblioteca tanto la comunicación de información bi-bliográfica entre sistemas como compartir recursos son cuestiones importantes, entonces el sistema que se se-leccione debe poder cargar registros MARC de fuentes externas y mantener esa información en un formato que permita al sistema generar también registros MARC de la base de datos de la biblioteca. De ello se deduce que el concepto más importante del MARC, como he dicho al comienzo, es su función como formato de comuni-cación. No importa que el sistema automatizado de una biblioteca almacene sus registros en formato MARC, pero sí es importante que permita una recodificación en formato MARC, ya que va a permitir importar y exportar datos bibliográficos. Ahora bien, hoy en día

también se utilizan otro tipo de esquemas más acordes con la situación tecnológica y las redes: los metadatos, cuyo representante principal es el Dublin Core. Aunque su uso en los catálogos bibliotecarios no está todavía muy extendido, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos en un período de cambios importantes en el terreno catalográfico. El formato MARC define la información bibliográ-fica de tal manera que todas las aplicaciones de los programas puedan trabajar con la base de datos de la biblioteca. Por ejemplo, los módulos de control de pu-blicaciones seriadas, catalogación, circulación, adqui-siciones, catálogo de acceso público, manipulan por-ciones de los registros basados en un formato común y en la información adicional apropiada, como, por ejemplo, los vendedores en el subsistema de adquisi-ciones o los diferentes usuarios del préstamo. En palabras de Henriette Abraham, una de las per-sonas que más contribuyó a la realización del formato MARC: «Un registro bibliográfico único, legible por ordenador, creado una sola vez, puede ser utilizado para una gran variedad de fines, incluyendo las adqui-siciones, la catalogación y el registro de publicaciones seriadas». El uso de los formatos MARC es fundamental para permitir a las bibliotecas y a los servicios bibliográficos nacionales compartir y comunicar información biblio-gráfica. El MARC permite a una biblioteca:

— Importar y descargar registros: hay muchas fuentes, como son los servicios bibliográficos, los productos en CD-Rom y bibliotecas nacio-nales, en las que una biblioteca puede obtener copias de catalogaciones en formato MARC. Si la biblioteca ha automatizado sus procesos utilizando una interfaz MARC, puede derivar registros al sistema local y después editarlos para adaptarlos a las prácticas locales y añadir su registro de ejemplares. — Compartir la catalogación: con grandes siste-mas, con sistemas regionales, con sistemas lo-cales, etc. — Participar en catálogos colectivos contribuyen-do así al control bibliográfico universal. — Mantener flexibilidad: los registros que impor-te siempre pueden editarse, se pueden definir registros para las necesidades propias de una biblioteca sin necesidad de elaborar toda la in-formación desde cero.

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Mejorar o cambiar de sistemas en el futuro. La creación de bases de datos legibles por orde-nador para reemplazar al catálogo en fichas es un proceso costoso y que consume muchos es-fuerzos. Es esencial que una biblioteca proteja esa inversión creando y manteniendo bases de datos de tal forma que quede garantizado que el catálogo puede ser trasladado a un nuevo sistema en el futuro. Hardware y software se vuelven obsoletos y deben reemplazarse o adaptarse. Una base de datos que se genere en MARC puede moverse a un nuevo sistema sin grandes esfuerzos de programación.

El formato MARC tuvo su origen en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en 1966, cuando se desarrollaron los proyectos MARC I y MARC II. Aunque colaboraron en el proyecto especialistas de Es-tados Unidos y Reino Unido, hubo dos versiones dis-tintas del formato, publicadas ambas en 1968, corno vemos antes de que se publicaran por primera vez las ISBD. Las diferencias venían marcadas fundamental-mente por la utilización de diferentes reglas catalográ-ficas. Los dos formatos, sin embargo, utilizan el mismo juego de caracteres y la misma estructura, estructura que fue aprobada por el American National Institute (ANSI) y por la British Standards Intitution (BSI), or-ganismos norteamericano y británico de normaliza-ción. En 1969 la estructura del formato fue aprobada por la Organización Internacional de Normalización (ISO), que la convirtió en la norma ISO 2709-1973: formato para el intercambio de información bibliográ-fica en cinta magnética = Formar for bibliographic in-formation interchange on magnetic tape. En líneas ge-nerales se puede decir que todos los formatos MARC siguen la ISO 2709, pero no por todos los formatos que sigan la ISO 2709 son formatos MARC. El éxito obtenido por los formatos de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y por la Biblio-. grafía Nacional Británica animó al desarrollo de siste-mas análogos en otros países, creándose lo que de for-ma coloquial se denomina la familia MARC. Muchos se desarrollaron a partir de las especificaciones de la LC, y otros, de las de la BNB. Por ejemplo, en España se crearon dos formatos MARC distintos: el IBER-MARC, muy parecido al USMARC, y el CATMARC, similar al UKMARC. El proyecto MARC consiguió dotar a la comunidad bibliotecaria de un formato de comunicación e inter-

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La catalogación en la biblioteca digital / 299 cambio bibliográfico y dio mayor estabilidad a las ac-tividades normalizadoras que se estaban llevando a cabo. El formato MARC y, con posterioridad, la inter-conexión de sistemas han permitido un intercambio efectivo de información y la creación de redes coope-rativas de catalogación. La expansión y la consolidación del formato MARC tuvieron lugar en el período comprendido entre 1969-1979. Los progresos realizados en esta década están íntimamente relacionados con cuatro aspectos. En pri-mer lugar, el rápido desarrollo en la tecnología del or-denador. En segundo lugar, una disposición favorable hacia la automatización en la comunidad bibliotecaria. En tercer lugar, el crecimiento significativo de los que hoy en día son los sistemas cooperativos más importan-tes y su apoyo al MARC. Y, por último, el desarrollo de los sistemas de recuperación de información. Existen tres tipos de formatos MARC que se adap-tan a las partes que conforman el proceso catalográfico: El formato MARC de datos bibliográficos, que contempla todo tipo de documentos (monogra-ffas, publicaciones seriadas, manuscritos y ma-teriales no librados). — El formato MARC de autoridades, para la crea-ción de los registros de autoridad. — El formato MARC de holdings o fondos y lo-calizaciones.

Los tres tienen idéntica estructura, pero el tipo de información que soportan es, evidentemente, de distin-ta naturaleza. En el año 1999, fruto de la colaboración entre la Biblioteca Nacional de Canadá y la Biblioteca del Con-greso de los Estados Unidos, se publicó el formato MARC 21, que armonizaba el USMARC y el CAN/ MARC. Nació con el objetivo de convenirse en un formato internacional, como así ha ocurrido. Marc 21 no es un nuevo formato, es una actualización que per-sigue eliminar las diferencias que existen entre los di-ferentes formatos MARC en el mundo. Hoy en día su uso está muy extendido, y es el formato que emplean la mayor parte de las bibliotecas.

18.3.3. IBERMARC y MARC 21

El formato IBERMARC se creó en 1976 en una edición provisional (Manual del formato IBERMARC300 / Manual de Ciencias de la Información y Documentación para monografías). El formato IBERMARC es simple-mente el USMARC adaptado a las características y normas catalográficas españolas. Bíbliografia Españo-la comienza a utilizarlo en 1976, en el mismo año que empieza a usar las normas ISBD para descripción bi-bliográfica. Ante la falta de normativa propia (la primera edi-ción de las Reglas de catalogación no aparecería hasta 1985) y la escasa automatización de los centros espa-ñoles, no podemos hablar de una verdadera utilización del formato hasta 1988, en que aparece el manual ac-tualizado. El formato IBERMARC es, como se ha señalado, una adaptación del USMARC. Se pretendía conse-guir la mayor compatibilidad posible con el formato MARC utilizado por las bibliotecas norteamerica-nas, en las que se encuentran estructuradas las prin-cipales y mayores bases de datos bibliográficas del mundo. El formato IBERMARC no es el único formato que se utiliza en nuestro país. En Cataluña se utiliza una versión del formato UKMARC (Reino Unido), deno-minada CATMARC. También hay que tener en cuenta que muchas veces la utilización de un formato depen-de del sistema automatizado que se implante. La última edición del formato 1BE1tMARC de da-tos bibliográficos es la publicada en 2001, y engloba de forma integrada todos los materiales. El formato IBERMARC de autoridades se publicó por primera vez en el año 1999, y unos años más tarde vio la luz el de fondos y localizaciones. En la actualidad, en España, desde que la Biblio-teca Nacional adoptó el MARC 21 en el año 2008, en aras de una mayor internacionalización, muchas biblio-tecas han comenzado a utilizarlo. Es necesario señalar que las diferencias no son muy grandes, y su aplicación no difiere, apenas, del IBERMARC. Se puede consul-tar una tabla con las diferencias en las páginas web de la Biblioteca Nacional de España.

18.3.4. Estructura de los formatos MARC

Muchos bibliotecarios crean y usan registros MARC sin entender realmente su naturaleza. Si bien para catalogar no es imprescindible conocer el funcio-namiento interno del MARC, los bibliotecarios nece-sitan saber más acerca de cómo funciona el MARC en los sistemas automatizados de gestión bibliotecaria. Un

mejor conocimiento del MARC ayuda cuando se debe tratar con vendedores o con empresas de servicios, o cuando tenemos que decidir sobre OPAC y otros siste-mas automatizados. El formato MARC constituye la base para almace-nar información bibliográfica de una forma consisten-te, compartir esa información y manipularla mediante el ordenador. A continuación se presentan las características principales de este formato a través de esquemas que ayuden a comprender tanto los aspectos técnicos como los operacionales. Comenzaremos mostrando un ejem-plo de un registro en formato ISBD y su traducción a formato MARC de salida. A continuación, desglosare-mos ese formato MARC en las diferentes partes que lo componen para facilitar su lectura y analizaremos cada una de ellas.

Registro ISBD

Townson, Hazel ¿Se puede saber qué haces? / Hazel Townson ; tra-ducción de Carlos Torres ; ilustraciones de Mary Rees. — Madrid : Espasa-Calpe, D.L. 1991. — 30 p. : il. col. ; 19 cm. — (Austral infantil ; 59) Tít. orig.: What on the earth? D.L. M-8298-1991. — ISBN 84-239-2879-9 I. Torres, Carlos. II. Rees, Mary. HI. Título, IV. Serie 087.5:82

Registro MARC

00598nam002200181 i 4500 00100130000000500130001300800410002601000 17000670170016000840200019001000400018001190 410013 00137080001300150100001900163245010 400182260003600286300002900322440002500 3 5 15 O 0003 1 O 0376 7 00 001 9 O 04 077 0 00 01 5 004 26ABNE930649144A199306132115t792121151991 esp spa dA SzCEN920161110A $aM 8298-1991A $a84-239-2879-9A $aCENSbspaScCENA 1 $aspa$hengA 4$a087.5:82 A 10$aTownson, HazelAll$a¿Se puede sa-ber qué haces$cHazel Townson ; traducción de Carlos Torres ; ilustraciones de Mary Rees AO SaMadrid$bapasa-Calpe$cD.L. 1991A $a[30} p.$bil. col.$c19 cmA 0$aAustral infantil$v59A4 $aTít. orig.: What on earth? AllSalbrres, CarlosAll$aRees, Mary A A .

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La catalogación en la biblioteca digital / 301

Registro MARC desglosado Cabecera o leader: 00598nam00220018114500 Directorio:

001001300000 005001300013 008004100026 010001700067 017001600084 020001900100 040001800119 041001300137 080001300/50 100001900163 245010400182 260003600286 300002900322 440002500351 500003100376 700001900407 700001500426 001 BNE930649144 005 199306132115 008 921211s1991. .esp spa.d 010 UCEN920161110 017 $aM 8298-1991 020 $a84-239-2879-9 040 $aCEN$bspa$cCEN 041 1. $aspa$heng ()SO .4 $a087.5:82 100 10 $aTownson, Hazel 245 11 $a¿Se puede saber qué haces$c / Hazel Townson ; traducción de Carlos 'torres ; ilustraciones de Mary Rees 260 0. $aMadrid$b : Espasa-Calpe$c, D.L. 1991 300 $430] p.$b : ii. col.$c ; 19 cm 440 .0 $aAustral infantil$v ; 59 500 4. $aTít. orig.: What on earth? 700 11 Saibrrcs, Carlos 700 11 $aRees, MaryA A

«.» = espacios en blanco

Todos los registros MARC, independientemente de y localizaciones) y de su nacionalidad, tienen una es-su formato (datos bibliográficos, autoridades y fondos tructura básica común que es la siguiente:

Cabecera Directorio

Campos de control

Campos de infor. bibliográfica 1 Separador del registro

Etiquetas

Indicadores

Códigos de soberano

a) Leader o cabecera: es la primera parte de un registro MARC. Tiene una longitud fija (24 caracteres) y su objetivo principal es propor-cionar al sistema, de forma codificada, la in-formación básica del registro, como: longitud del registro, estado del registro, tipo de regis-tro, nivel bibliográfico, nivel de codificación, longitud de los elementos en el directorio, etc. El programa lo crea al mismo tiempo que se crea o se modifica el registro. Contiene dos tipos de información: una generada automáti-

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camente por el sistema y otra que proporciona el usuario. b) Directorio: está formado por segmentos de longitud fija (12 caracteres). Cada segmento corresponde a un campo presente en el regis-tro. Por tanto, habrá tantos segmentos como campos tenga el registro. El directorio lo crea y lo mantiene el software, y el usuario no pue-de modificarlo. Su objetivo principal es per-mitir al programa la localización de los datos en el registro rápida y eficazmente. Cada uno 2 Manual de Ciencias de la Información y Documentación

de los segmentos que forman el directorio está compuesto por: la etiqueta de cada campo (tres caracteres), la longitud de cada campo (cuatro caracteres) y la posición del carácter inicial de cada campo (cinco caracteres). c) Campos de control: contienen información co-dificada, identificada por su posición. Son, por tanto, campos posicionales, de longitud fija. Todos comienzan por 00 y no son repetibles. A diferencia de los campos de información, no tienen indicadores ni subcampos. Contienen números de control e información codificada que usa el sistema para procesar los registros. d) Campos de datos (bibliográficos, de autoridad o de fondos): son de longitud variable, están agrupados en niveles (Le. IXX: encabeza-mientos principales, 7XX: encabezamientos secundarios) y pueden ser repetibles o no re-petibles dependiendo de la naturaleza de la información. Todos están compuestos por los siguientes elementos, que se denominan de forma genérica «designadores de contenido»: — Etiqueta del campo (tres dígitos). — Dos indicadores que sirven para cualificar la etiqueta y que tienen valores diferentes dependiendo del campo al que estén aso-ciados. Su objetivo es dar información de cómo debe tratarse la información conte-nida en el campo. — Delimitadores de subcampo: códigos inter-calados en el texto: $a, $b, etc. Preceden e identifican los elementos de los campos del registro. Carecen de significado fuera del contexto del campo al que van asociados. e) Separador del registro: indica al sistema que ese registro ha terminado y comienza uno nuevo.

Si hacemos una comparación entre un registro bi-bliográfico manual y uno automatizado, podemos ver que la estructura del registro manual, realizado siguien-do las reglas de catalogación, se ve perfectamente re-flejada en la estructura de campos del formato MARC.

Registro manual en ficha Encabezamiento principal Área de título y mención de responsabilidad. –Área de edición. – Área de detalles específicos de la clase de documento. Área de publicación y distribu-ción. – Área de descripción física. – Área de serie. Área de notas Área de número normalizado 1. Encabezamientos de materia. 1. Encabezamien-tos secundarios de nombres y series CDU

Registro en formato MARC 001 Número de control 020 ISBN 080 Número de la CDU 1XX Encabezamiento principal 245 Área de título y mención de responsabi-lidad 250 Área de edición ' 25X Área de detalles específicos de la clase de documento 260 Área de publicación 300 Área de descripción física 4XX Área de serie 530C Área de notas 6)0C Encabezamientos secundarios de materia 7XX Encabezamientos secundarios 830C Encabezamientos secundarios de serie

Si descendemos al nivel de elementos de áreas y su equivalente en el formato, los campos, también ve-mos cómo el MARC sigue en su estructura a las reglas de catalogación. En la página siguiente se presenta un esquema con los campos del formato MARC 21 que se utilizan para la catalogación de monografías y que puede ser muy útil para comprender de forma genérica la estructura de la información de un registro bibliográfico y poder, así, aplicar las etiquetas a las distintas áreas y puntos de acceso de una noticia bibliográfica.

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CAMPOS DEL FORMATO MARC 21: MONOGRAFÍA

001 Número de control (NR) 005 Fecha y hora de la última transacción (NR) 008 Códigos de información (NR) 016 Número de control de la Biblioteca Nacional (NR) 017 Número del Depósito Legal (R) 020 ISBN (R) 026 NIPO (R) 035 Número de control del sistema de procedencia (R) 041 Código de lengua (NR) 080 Número de la CDU (R)

100 Encabezamiento principal: Autor personal (NR) 110 Encabezamiento pricipal: Nombre de entidad (NR) 111 Encabezamiento principal: Nombre de congreso (NR) 130 Encabezamiento principal: Título uniforme (NR)

240 Título uniforme (NR) 243 Título uniforme colectivo (NR) 245 Mención del título (NR) 250 Mención de edición (NR) 260 Publicación, distribución, etc. (NR)

300 Descripción física (R)

490 Mención de serie (R)1

500 Nota general (R) 501 Nota de «con» (R) 502 Nota de disertación y tesis (R) 503 Nota referente a la edición e historia bibliográfica (R) 504 Nota de bibliografía (R) 505 Nota de contenido (NR) 510 Nota de citas o referencias bibliográficas (R) 520 Nota de sumario, resumen, etc. (R) 533 Nota de reproducción (R) 534 Nota sobre la obra original (R) 580 Nota de relación compleja con otro documento (R.)

600 Encabezamiento secundario de materia: Nombre personal (R) 610 Encabezamiento secundaría de materia: Nombre de entidad (R) 611 Encabezamiento secundario de materia: Nombre de congreso (R) 630 Encabezamiento secundario de materia: Título uniforme (R) 650 Encabezamiento secundario de materia: Término materia (R) 651 Encabezamiento secundario de materia: Nombre geográfico (R) 653 Término de indización no controlado (R)

700 Encabezamiento secundario: Nombre personal (R) 710 Encabezamiento secundario: Nombre de entidad (R) 711 Encabezamiento secundario: Nombre de congreso (R) 730 Encabezamiento secundario: Título uniforme (R) 740 Encabezamiento secundario: Variante de título (R) 770 Entrada de suplemento/Número especial (R) 772 Entrada de registro de publicación principal (R) 800 Encabezamiento secundario de serie: Nombre personal (R) 810 Encabezamiento secundario de serie: Nombre de entidad (R) 811 Encabezamiento secundario de serie: Nombre de congreso (R) 830 Encabezamiento secundario de serie: Título uniforme (R)

18.4. NUEVOS ESTÁNDARES PARA LA CATALOGACIÓN

El conjunto de normas y estándares que se ha de-sarrollado en las últimas cinco décadas ha permitido llevar a cabo un acceso a colecciones controladas de información. Las Anglo-American Cataloguing Rules, las regias de catalogación españolas, los ISBN e ISSN, el formato MARC, el MARC 21 y el crecimiento de las bibliografías nacionales representan el gran esfuer-zo profesional realizado para globalizar y normalizar el control bibliográfico. En el mismo sentido, la cata-logación cooperativa, la conversión retrospectiva de catálogos y los servicios de indización y resumen han dado como resultado grandes bases de datos que se han puesto a disposición de la comunidad interna-cional.

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Sin embargo, en las dos últimas décadas ha surgi-do un nuevo reto para las bibliotecas provocado por el crecimiento vertiginoso de la información electrónica y han nacido nuevos estándares para describir, recupe-rar y acceder a los objetos de información en un entor-no de red. Estos nuevos estándares están relacionados, por una parte, con normas catalográficas más acordes con la tecnología existente y provienen, fundamental-mente, de las bibliotecas y asociaciones bibliotecarias. Por otra, con los desarrollos propios de la red y la des-cripción de los objetos de información, esto es, los len-guajes de marcas y los esquemas de metadatos. En lo que respecta a la normativa catalográfica, el nuevo código internacional se editó en el año 2010, RDA (Resource Description and Access), basado a su vez en los FRBR, FRAD y los Principios Internacio-nales de Catalogación de 2009, intenta aunar los con-04 / Manual de Ciencias de la Información y Documentación

ceptos catalográficos con diferentes esquemas de codi-ficación en los entornos electrónicos. Es decir, los catálogos que se construyan podrán realizarse con for-mato MARC o con metadatos. Los metadatos o metadata hacen referencia a cual-quier dato usado para ayudar a identificar, describir y localizar los recursos electrónicos en un entorno de red. En el mundo bibliotecarió el concepto de metada-tos, datos acerca de datos, nos es familiar. Los registros bibliográficos que se han creado a lo largo de muchos años son esencialmente metadatos. Proporcionan infor-mación descriptiva y analítica sobre un objeto de in-formación. Los catalogadores los han empleado como método descriptivo desde hace décadas, bien como re-gistros MARC en los OPAC, bien como fichas catalo-gráficas en los catálogos manuales. Por tanto, un regis-tro catalográfico no es otra cosa que un conjunto de metadatos. Los metadatos se usan para describir recursos di-gitales y no digitales localizados en un sistema distri-buido en un entorno de red. Para que su uso sea eficaz, deben estandarizarse. Tradicionalmente los metadatos incluían las reglas de catalogación y los formatos. Sin embargo, debido al gran incremento de la información electrónica, se han extendido, reflejando las necesida-des de recuperación y uso de la información en entor-nos de red. Y, en lugar de usar el término «reglas de catalogación electrónicas», se utiliza el de metadatos. Los metadatos son importantes en la recuperación de la información global en Internet por distintas ra-zones:

— Permiten indizar gran cantidad de datos de di-ferentes tipos sin necesidad de utili7ar un gran ancho de banda, ya que se indiza la represen-tación del objeto y no el objeto en sí. — Ayudan a descubrir y recuperar recursos en la red, ya que analizan el contenido del objeto con profundidad. Comparten e integran recursos de información heterogéneos y localizados en sitios muy di-versos. — Pueden controlar el acceso a información res-tringida.

El uso de metadatos para organizar el contenido de la información en Internet está, hoy en día, muy exten-dido. Los metadatos se usan de tres formas distintas: pueden ir acompañando al propio documento o recurso

(en la cabecera de un documento HTML o cabeceras SGML y XML en general); pueden formar un fichero separado de metainfonnación para describir recursos distintos de los de HTML (sonido, imagen, programa de ordenador, etc.), o también se puede crear con ellos una base de datos central o distribuida con punteros a los recursos que describen. Los metadatos han evolucionado desde formatos de estructura muy simple hacia formatos más comple-jos. Y se han movido desde estándares emergentes pro-pietarios a estándares internacionales. Y, muy impor-tante, los metadatos que se crean se pueden compartir con otros. La información que contienen es variada: desde información descriptiva similar a la que estamos acos-tumbrados a ver en las bibliotecas hasta información que ayude a la aplicación cliente a tomar una decisión sobre el formato o sobre la localización. Sus usuarios pertenecen también a distintas categorías, desde aque-llos que desean conocer sólo los términos de disponi-bilidad de un recurso hasta aquellos que desean tener más información sobre el contenido del objeto infor-mativo. Los recursos son, además, de distinta tipología: algunos tienen una existencia efímera y sólo necesitan una descripción somera; unos pueden ser simples, otros, más complejos. En este sentido nos encontramos con una tipología parecida a la que existe en el mundo impreso. Las estructuras de metadatos están adquiriendo un lugar central en la descripción de documentos electró-nicos, de cualquier tipo y naturaleza, como medio de dotarlos de formas eficaces de recuperación. El estándar que más se utiliza para la estructura-ción de estos datos es XML, que proporciona acceso a información jerárquica, bibliográfica y analítica com-pleja. Todos los conjuntos de metadatos que se están em-pleando para describir los recursos en las redes, bien sea como parte de los documentos, bien como entida-des individuales pero enlazadas a los documentos, si-guen el lenguaje XML, Extensible Markup Language (lenguaje de marcas extensible). Es un metalenguaje extensible de etiquetas desarrollado por el World Wide Web Consortium (W3C). Supone una simplificación y adaptación del SGML, Standard Generalized Markup Language (Lenguaje de marcas estándar generalizado), y permite definir la gramática de lenguajes específicos (de la misma manera que HTML es a su vez un len-guaje definido por SGML). Por tanto, XML no es real-

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mente un lenguaje en particular, sino una manera de definir lenguajes para diferentes necesidades. Aunque XML es un estándar generalizado, no es, realmente, un lenguaje de marcas como tal. No propor-ciona por sí solo un lenguaje de marcas que uno puede simplemente llevarse a casa y aplicarlo a una carta, una novela, un artículo o un registro catalográfico. XML, como se ha señalado, es conocido como un metalen-guaje, lo que significa que no es un único lenguaje, sino una norma amplia para construir lenguajes de marcas. Proporciona una sintaxis para definir y expresar la es-tructura lógica de los documentos, así como las con-venciones para nombrar los componentes o elementos de los documentos. Son numerosos los proyectos de diseño de meta-datos que se están llevando a cabo. Los más importan-tes, atendiendo a su uso y a la organización que los ha creado, son:

- DC: Dublin Core Metadata_ - RDF: Resource Description Framework. — TEI: Text Encoding Initiative. - MARCXML.

De todos ellos, el más extendido es el Dublin Core, forma abreviada de denominar el Dublin Metadata Core Element Set (Conjunto básico de elementos me-tadatos de Dublín). Es un proyecto cooperativo de ám-bito internacional —promovido por OCLC y NCSA (Nacional Center for Supercomputer Applications)—

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cuyo objetivo principal es crear un conjunto de elemen-tos de datos que describan los documentos electrónicos de las redes con el fin de facilitar su búsqueda y recu-peración. El Dublín Core está diseñado para facilitar la re-cuperación de recursos en las redes de una forma simi-lar a un catálogo de biblioteca pero con una estructura mucho más sencilla. Está formado por 15 elementos de datos y su punto más fuerte es que el diseño es tan intuitivo que los propios proveedores de información pueden codificar sus documentos al mismo tiempo que los crean sin necesidad de poseer una formación espe-cífica. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha realizado ya un programa de conversión entre MARC 21 y XML, denominado MARCXML. Para concluir. El mundo de los catálogos, en la actualidad, está sufriendo numerosos cambios para po-der acompasar el ritmo tecnológico imperante. Nos encontramos, en este momento, en una etapa de tran-sición en la que las normas y formatos tradicionales siguen empleándose de forma mayoritaria. Pero co-mienzan, al mismo tiempo, a materializarse nuevas formas para los catálogos que, con seguridad, se con-solidarán en los próximos años. Este cambio es abso-lutamente necesario, ya que la catalogación adolecía del entorno manual en el que fue creándose y desarro-llándose. Ahora es tiempo de adaptar las prácticas an-tiguas a un nuevo medio para que el catálogo siga re-presentando un papel importante entre el gran número de recursos de información a los que tenemos acceso.

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