INTRODUCCIÓN AL ANÁLISIS DOCUMENTAL Y SUS NIVELES: EL
ANÁLISIS DE CONTENIDO
MARÍA PINTO MOLINA
1. INTRODUCCIÓN
El carácter cíclico de la información, es decir, el hecho de
que ésta se base siempre en otra información previa, no hace sino poner de
manifiesto la importancia y necesidad de su transferencia, condición
indispensable para el progreso social, y por ende científico. Pero este proceso
transmisor, que en un principio pudo ser bastante simple, se ha venido
complicando con el paso de los años, sobre todo a partir de la aparición de la
imprenta, la creación de las universidades como sede oficial de la cultura científica
y la potenciación de la ciencia como instrumento al servicio de la sociedad,
fenómenos todos ellos que han socializado y desbordado la producción
bibliográfica hasta tal extremo que hoy día es imposible concebir un científico
que se pudiera enfrentar directamente con tan solo una ínfima parte de cuanto
se publica en su sector. La incapacidad del individuo para afrontar tal
aventura es una realidad incuestionable que ha obligado a los propios hombres
de ciencia a crear estrategias para tratar con la inalcanzable masa de
documentos que faciliten el acceso a los mismos a cualquier potencial usuario,
único camino que garantiza el cumplimiento del necesario ciclo de transferencia
informativa. Lo que en un principio se pensó con la intención de establecer un
control bibliográfico universal ha llegado a adquirir con nuestro siglo
categoría de ciencia, la Documentación —ciencia joven, muy condicionada por las
tecnologías del momento (informática y telecomunicaciones) que permite resolver
los problemas derivados de la denominada «explosión
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documental»—. Como parte fundamental de la Documentación, se
enclava en el análisis documental del que nos vamos a ocupar seguidamente. El
documento en general y en particular el científico es acumulación de
información; para que ésta se difunda y circule deberá ser sometido a un
proceso o conjunto de operaciones y técnicas realizadas en el marco de los
Centros de Documentación. De entre ellas destaca el tratamiento documental, cuyo
concepto hay que abordar para situar oportunamente el análisis. La disparidad
de criterios en cuanto a su delimitación operativa es grande. En opinión de
Amat, el tratamiento comprende «el conjunto de operaciones realizadas por el
documentalista con el fin de transformar las informaciones contenidas en el
documento» 1. De esa manera identifica tratamiento exclusivamente con análisis
documental. Sin embargo, Couture des Troismonts 2 emplea el vocablo tratamiento
documental en un sentido completamente distinto, al excluir toda fase de
transformación y representación del documento, y por consiguiente de análisis,
centrándose únicamente en los sistemas de recuperación. Según este
planteamiento, la operación de análisis se situaría en el contexto del proceso
documental, al mismo nivel que la selección, recuperación y difusión, y no como
parte integral del tratamiento. En esa línea restrictiva se pronuncia también
Gardin 3, al relacionar tratamiento con el término explotación de los fondos
documentales, relegando el análisis al proceso documental. Desde una
perspectiva científica y coherente López Yepes 4 concibe el tratamiento como el
conjunto de operaciones propias del quehacer docu-mental, esto es, el análisis
con sus correspondientes fases, y la búsqueda. En este sentido y teniendo en
cuenta razones metodológicas podemos definirlo, siguiendo las orientaciones de
García Gutiérrez 5, como el resultado de aplicar técnicas normalizadas
(análisis) a un conjunto documental para hacerlo más controlable y utilizable
(recuperación). El tratamiento pues centra bidireccionalmente una actividad
metódica, sistemática y dinámica en un fondo documental, a través del análisis
(1.8 dirección) como medio de organización y control, y elemento que potencia
la recuperación (2.8 dirección) arbitrando modos pertinentes de búsqueda. Por
consiguiente, esta concepción agrupará tanto el análisis como la recuperación,
que será eficaz en función del rigor y calidad del primero.
AMAT NOGUERA, N.: Técnicas documentales y fuentes de información.
Barcelona, Biblograf, 1979, p. 36. 2 COUTURE DES TROISMONTS, R.: Manual de
técnicas de documentación. Buenos Aires, Marymar, 1975, p. 50.3. 3 GARLAN,
J.C.; GROLIER, E.; LEVERY, F.: L'Organisation de la documentation scientifique.
Paris, Gauthier Villars, 1964, p. 9-13. 4 LÓPEZ YEPES, J. et. al.: Estudios de
Documentación general e informativa. Madrid, Seminario Millares Carlo, 1981, p.
413. 5 GARCíA GUTIÉRREZ, A.L.: Lingüística documental, Barcelona, Mitre 1984,
p. 77-8.
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2. EL CONCEPTO DE ANÁLISIS DOCUMENTAL
2.1. Formulación teórica Definida y delimitada la etapa de
tratamiento de los fondos en el proceso documental, nos ocuparemos del concepto
de análisis, contrastando brevemente algunas reflexiones de distintos autores.
Fue Paul Otlet a comienzos de siglo quien, al enumerar el conjunto de
operaciones que experimentaba el binomio libro/documento, aludió a la
descripción y análisis, entendiendo por tal tanto la catalografía como los
estudios objetivos a que da lugar el documento. Por su parte, la Federación
Internacional de Documentación 6, interesada en lograr una unificación de los
términos más empleados en Documentación, definía el análisis desde un doble
punto de vista: como término genérico «es la determinación exacta de los
elementos o componentes de un complejo cualquiera»; y desde una acepción más
específica habla de análisis de contenido, concibiéndolo como la «investigación
técnica con el fin de la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del
contenido evidente de una comunicación». Gardin 7, desde una perspectiva
lingüístico documental, dirá que es «la extracción del significado de los
documentos escritos». Restringe pues el ámbito de actuación del análisis;
primero en cuanto operación, al referirse exclusivmente al análisis de
contenido de los documentos, y en ningún momento al análisis de su forma; y
segundo, respecto a su objeto (el documento escrito), hecho no correcto desde
el prisma documental que considera analizable cualquier documento no bibliográfico
(visual, audio, audiovisual...) siempre que su contenido sea científico e
informativo. En resumen, por análisis documental entiende «toda operación o
conjunto de operaciones enfocadas a representar un documento bajo una forma
diferente de la original, bien se trate de traducirlo, resumirlo, indizarlo...,
para facilitar la consulta o recuperación por los especialistas interesados» 8.
A finales de los años sesenta, Vickery lo definía como el «hecho de derivar de
un documento un conjunto de palabras que le sirvan de representación
condensada. Esta representación puede ser utilizada para identificar el
documento, para procurar puntos de acceso en la recuperación de la
documentación, para indicar su contenido, o para servir de sustituto al
documento. Puede tomar la forma de un extracto, sumario, resumen, encabezamiento
de un catálogo, encabezamiento de un índice...» 9, definición a
6 FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE DOCUMENTACIÓN: «Document
terminology». Revue de Do-cumentation, v. 25, no 2 (1958), p. 38-9. 7 GARDIN, J. C.: «Document analysis
and linguistic theory». Journal of Documentation, v. 29, no 2 (1973), p. 137. 8
GARDIN, J. C.; GROULIER E.; LEVERY E: Op. cit., p. 12. 9 VICKERY, E. C.:
«Analysis of information». En: Enciclopedia of Library and Information Science.
N. York, Marcel Dekkcr, v. I, 1969, p. 335.
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todas luces válida con la matización de que el verbo derivar
ha de entenderse en el sentido de extraer, sacar o seleccionar. Coyaud concibe
el análisis documental como una «operación o conjunto de operaciones que vienen
a representar el contenido de un documento bajo una forma distinta de la
original, a fin de facilitar su consulta o recuperación posterior. Un documento
del tipo que sea, no puede ser registrado en un sistema documental bajo su
forma primaria, en razón de su extensión, complejidad y presentación. Debe ser
transformado en el marco de un modelo general, para un sistema dado, a fin de
que las operaciones de almacenamiento y búsqueda puedan llevarse a cabo» 1°. En
esa formulación teórica nos encontramos con dos notas a destacar: por un lado,
el carácter dinámico del análisis documental, porque posibilita representar el
contenido de un documento de una forma distinta de la original. Se elude pues
el análisis de las formas documentales o soportes físicos que albergan todo
mensaje informativo. Y, por otro, se constata el sentido social y práctico de
dicha operación, pues su fin último es la recuperación de la información, lo
que repercutirá positivamente en el usuario, y en suma en la comunidad
científica. En opinión de Couture, el análisis «es el estudio realizado en el
documento con el fin de extraer las características de su contenido» 11.
Introduce una ligera novedad respecto a Coyaud al señalar que cualquier
documento debe ser analizado conforme a su contenido y a su forma. Para
Courrier, el crecimiento desbordante de la información científica ha conducido
a los usuarios e investigadores a confiar en los profesionales las tareas de
búsqueda documental obligándoles a desarrollar «los instru-mentos, técnicas y
métodos más complejos para ofrecer mejor calidad en los servicios y productos»
12. De entre esas técnicas sobresale el análisis, inter-mediario eficaz
definido como «operación intelectual difícil y compleja que consiste en
representar documentos y preguntas bajo una forma distinta de la original,
generalmente condensada y formalizada» 13. Reconoce dos categorías de problemas
en el ejercicio de dicha actividad: — Lingüísticos. Distingue las dificultades
surgidas en las palabras (sig-nificante y significados equívocos) y en los
textos (sentidos equívocos). Estos problemas derivan de que los documentos
escritos en un lenguaje natural necesitan ser traducidos a un lenguaje
formalizado y documental, de forma que «ser capaz de analizar supone que se es
capaz, a partir de ciertos significantes, de referirse a los mismos
significados». — Documentales, consustanciales a la propia idiosincrasia de la
operación
1° COYAUD,
M.: Introduction á l'étude des langages documentaires. Paris, Klincksieck,
1966, p. 2 y 5. 11 COUTURE DES TROISMONTS, R.: Op. cit., p. 54. 12 COURRIER,
Y.: «Analyse et langage documentaire». Documentaliste, v. 13, nº 5-6
(1976), p. 178. 13 Ibidem.
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de análisis y sus fases. Destacan los siguientes:
profundidad del análisis, juicio, falta de uniformidad y duplicación del
trabajo. Estos problemas vienen a sobreponerse a los anteriores, creando la
necesidad de arbitrar alguna solución válida que al menos los aminore. En esta
dirección han surgido los lenguajes documentales, de un elevado valor
instrumental. Un año después de la importante contribución de Courrier, en
1977, Fondin daba a conocer un trabajo puntual titulado «La structure et le vocabulaire
de l'analyse documentaire: contribution pour une mise au point» 14. Su objetivo
prioritario era unificar el término y concepto de análisis documental. Partía
del hecho de que el análisis, inmerso como técnica en la Ciencia de la
Documentación, se hacía eco de una terminología bastante fluida y variable que
obstaculizaba la formulación rigurosa de su concepto. A ello se sumaba la falta
de precisión en cuanto a su dominio y fronteras, pues «ninguna organización de
conjunto había fijado para todos los documentalistas los procesos y las etapas
del análisis documental» 15. En su opinión, es la síntesis de dos operaciones
distintas: de una parte, el análisis de contenido, y, de otra, la normalización
de la presentación y del vocabulario. Como resultado de ambas, se desemboca en
la realización de una descripción o representación del documento, que permitirá
situarlo de forma única en el conjunto de la producción científica. Chaumier
afirma que el análisis, «como operación o conjunto de opera-ciones enfocadas a
representar el contenido de un documento bajo una forma distinta de la
original, a fin de facilitar su consulta o su referencia en fase posterior» 16,
desempeña un papel clave en la cadena documental, al condicionar además la
calidad del sistema. En ese marco operativo, al igual que Gardin, no considera
analizable la forma del documento. De ahí que identifique análisis documental
únicamente con análisis de contenido, siendo éste un método general de
aprehensión de la información transportada por un lenguaje o por la imagen.
Concluye señalando que el análisis documental es una operación intelectual más
o menos complicada según el grado de elaboración y finura, y su resultado será
el nacimiento de un diversificado producto secundario. Los soviéticos Mijailov,
Chernii y Guiliarevskii no emplean la expresión análisis documental sino la de
procesamiento analítico-sintético, «consistente en presentar cada documento o
determinado grupo de ellos en forma que responda al máximo a las distintas
tareas de la actividad científico-informa-tiva» 17.
14 FONDIN, H.: «La strucrure et le vocabulaire de l'analyse
documentaire: contribution pour une mise au point». Documentaliste, v. 14, n0 2
(1977), p. 12. 15 Ibidem. 16 CHAUMIER, J.: Les tecbniques documentaires. Paris,
PUF, 1979, p. 13. 17 MIJAILOV, A. I.; CHERNA, A. I; GUILIAREVSKII, R.S.:
Fundamentos de Informática. La Habana, Academia de Ciencias de Cuba, 1973, T.I,
p. 18.
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De entre los teóricos españoles fue pionero el profesor
López Yepes, para quien el análisis documental es «el conjunto de operaciones
que permiten desentrañar del documento la información en él contenida. El
resultado de esta metamorfosis que el documento sufre en manos del
documentalista culmina cuando la información liberada se difunde y se convierte
en fuente efectiva de información. Entonces el mensaje documen-tado se hace
mensaje documental, información actualizada» 18. Los dos polos que concretan su
campo de actuación son, pues, el análisis físico o formal y el análisis de
contenido. Nuria Amat incluye el análisis dentro del tratamiento documental y
lo define como «conjunto de operaciones que tienden a representar el contenido
de un documento de una forma distinta a la original, provocando la elabo-ración
de un documento secundario» 19. Esta afirmación se centra más que en las
características y objetivos del análisis, en sus efectos, dejando de lado su
papel instrumental al actuar de intermediario y servir de control sobre los
documentos originales. Para García Gutiérrez, será «aquella técnica documental
que permite mediante una operación intelectual objetiva, la identificación y
transformación de los documentos en productos que faciliten la consulta de los
originales en aras del control documental y con el objetivo último de servicio
a la comunidad científica» 20. En base a las aportaciones anteriormente
expuestas de teóricos extranjeros y españoles y como conclusión digamos que el
análisis documental está constituido por un conjunto de operaciones (unas de
orden intelectual y otras mecánicas y repetitivas) que afectan al contenido y a
la forma de los documentos originales, reelaborándolos y transformándolos en
otros de carácter instrumental o secundarios, con el objetivo último de
facilitar al usuario la identificación precisa, la recuperación y la difusión
de aquellos. No obstante, esa transformación es el resultado no sólo de una
fase de análisis, previa e imprescindible, sino también de un proceso de
síntesis, que conduce a la conformación definitiva del documento secundario. Es
el caso por ejemplo de la operación de resumir, donde tras la lectura del
documento original, análisis de las partes más significativas y síntesis de las
ideas fundamentales, se gesta el resumen o documento secundario. Por ello, la
denominación procesamiento analítico-sintético como alternativa a esta técnica
tiene su razón de ser, aunque no haya cristalizado. De todas formas hay que
tener presente que la expresión análisis documental, más asentada e incluso
institucionalizada como disciplina universitaria, va a quedar perfilada al
concretarse su campo operativo, basado en determinados niveles de profundidad.
Para que el objetivo final del análisis se cumpla es preciso que reúna al
18 LÓPEZ YEPES, J. et al.: Op. cit., p. 119. 19 AMAT NOGUERA,
N.: Op. cit., p. 36. 20 GARC(A GUTIÉRREZ, A. L: Op. cit., p. 83.
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menos estos dos requisitos: objetividad y normalización,
hecho bastante lógico, ya que si el documento secundario es en principio o a
veces sustituto del original, la objetividad deberá presidir su gestación
analítica, y la nor-malización, como imperativo de la documentación,
contribuirá a favorecerla.
2.2. El analista
El sujeto ejecutor por antonomasia del análisis documental
es el hombre en sus múltiples facetas: desde el autor del documento original,
pasando por el investigador o científico de un determinado campo del saber,
hasta el profesional de la información y documentación científica —analista en
nuestro caso—, dependiendo de la finalidad y aplicación de las operaciones que
conforman esta técnica. El investigador cuando analiza un documento
generalmente lo hace como plataforma para utilizar el contenido informativo en
el transcurso de su actividad investigadora. Sin embargo, el autor, al efectuar
esta tarea sobre su propia publicación, pretende dinamizar lo esencial de su
mensaje, ahorrando tiempo y esfuerzo al usuario. Con esa intención —aunque con
una preparación específica— trabaja el analista, cuyo esfuerzo va orientado a
la comunidad científica. Levery señala que es preciso trasladar la función
inicial de analista a los autores de los trabajos científicos con el fin de
descargar considerablemente el volumen de tarea del centro de documentación; en
ese caso el documen-talista ejercería las labores de coordinación 21. También
López Yepes abunda en ese planteamiento al afirmar que «la concienciación entre
los investiga-dores para colaborar como analistas en la difusión de sus propias
ideas debería ser planteada en los mismos centros universitarios como
disciplina académica» 22. El analista ideal deberá responder a un perfil
profesional„definido por las cualidades humanas, técnicas y científicas
óptimas. De entre las primeras destacaremos su espíritu altruista, afabilidad y
fluidez en la comunicación interpersonal, deseo de formación continua... Las
cualidades técnicas podemos concretarlas en los siguientes aspectos: —
Habilidad y destreza en los métodos de lectura para captar el conte-nido del
documento. — Espíritu analítico, necesario para identificar lo sustancial de lo
acce-sorio, teniendo en cuenta una serie de indicadores claves del documento
original, como objetivos, metodología, resultados y conclusiones. — Capacidad
de síntesis, que no debe ser confundida en modo alguno con una simple
yuxtaposición de ideas.
21 GARDIN,
J. C.; GROLIER, E.; LEVERY, E: Op. cit., p. 169. 22 LÓPEZ YEPES, J.:
«Notas sobre la formación del documentalista en la Facultad de Ciencias de la
Información de Madrid». Documentación de las Ciencias de la Información, v. I,
(1976), p. 41-9.
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— Dominio de la terminología específica del documento a
analizar, así como conocimiento de lenguas extranjeras. — Manejo de técnicas
documentales complementarias: bibliográficas, teledocumentales... Finalmente,
en cuanto al perfil científico, el modelo idóneo de analista de la información
deberá responder a la superposición de dos profesionales en una sola persona:
el científico de un área concreta del conocimiento y el científico de la
documentación. Aunque el grado de formación en ambos dominios puede oscilar
entre el generalista y el especializado, la tendencia hacia la especialización
es una imposición de nuestra cultura, de manera que los buenos analistas
deberán poseer una formación especializada no solo sobre la materia de los
docu-mentos a analizar, sino también en las técnicas documentales específicas.
2.3. El objeto del análisis: el documento científico El
objeto del análisis documental es el documento, elemento acumulador y difusor
de información y célula base de la estructura documental. Aunque a priori se
puede analizar cualquier registro de información, los documentos más comúnmente
analizados son los científicos, es decir, aquellos que comportan una fuente
permanente de información científica, transmisible en el tiempo y en el
espacio. Teniendo en cuenta las indicaciones de López Yepes y acorde con su
planteamiento, la tipología general del documento científico debe fijarse a
partir de un triple criterio coincidente con su propia esencia, por lo que
podemos agruparlos: — Según el soporte físico, distinguiéndose los documentos
gráficos, iconográficos, fónicos, plásticos y multimedia. — Desde la
perspectiva de su contenido informativo o resultado de la objetivación del
conocimiento en el soporte físico, hablaremos de documentos primarios,
secundarios y terciarios. — Y en razón a su difusión pueden ser publicados,
inéditos y reserva-dos. Tan solo nos centraremos en el segundo grupo, que
además es el que despierta más polémica entre los estudiosos. Distinguiremos
los siguientes tipos: primarios u originales, que reflejan los resultados
directos de la investigación científica en un soporte transmisible y durable; secundarios,
consecuencia de la transformación que experimentan los primarios tras ser
sometidos a las técnicas de análisis; y los terciarios, cuya delimitación
conceptual varía según las interpretaciones, pues para unos son reproducciones
del original por medios mecánicos, mientras que según otros contienen
información primaria u original presentada en forma repertoriada. Puesto que la
materia prima del análisis documental son los documentos primarios, aludiremos
a los dos grupos más frecuentemente utilizados en la investigación científica
en función de la información que aportan: las
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publicaciones unitarias, tales como libros, monografías,
tesis, publicaciones técnicas..., y las publicaciones periódicas: revistas,
boletines de instituciones, publicaciones técnicas, etc. Pese a eclipsar ambas
el espectro informativo documental, no podemos olvidar que cada día aumentan,
en el marco de centros de documentación especializados, los registros
documentales cuyo soporte no es el papel (material visual, sonoro,
audiovisual...). Este material es igualmente analizable siempre y cuando su
contenido sea científico o informativo.
3. EL ANÁLISIS DOCUMENTAL Y SUS NIVELES
Por tratarse de una técnica necesaria para el funcionamiento
de todo sistema de almacenamiento y recuperación de información, será muy
inte-resante que nos detengamos en el desarrollo de las fases del análisis y su
posible jerarquización. Los niveles de análisis estarán en relación directa con
los elementos dicotómicos que integran el documento: contenido (información) y
forma (soporte), distinguiéndose pues entre análisis formal o externo y
análisis de contenido o interno ambos con sus campos teóricos concretos. El
análisis externo se efectúa sobre el continente, envase o soporte documental, y
el interno se refiere al contenido del documento. Cada uno de ellos cuenta con
sus propias operaciones, que podrán llevarse a cabo con mayor o menor
profundidad, en función de las demandas y necesidades científico-informativas
de los usuarios. Las diversas contribuciones y reflexiones realizadas por parte
de los estudiosos del tema, podemos agruparlas en torno a estas dos corrientes:
los que conciben el análisis como una técnica integral, que incluye tanto las
operaciones de análisis formal como las relativas al análisis interno; y
aquellos que desde un prisma restrictivo lo reducen tan solo a las operaciones
de análisis interno. Dentro de la primera corriente podemos resaltar la
aportación de Van der Brugghen 23, que resume en tres las fases del análisis:
descripción bibliográfica (útil para identificar formalmente un documento),
resumen y descripción característica (por la que los elementos esenciales de un
docu-mento son representados mediante palabras claves o un código). Con esta opinión
coincide Vickery, al considerar que el análisis documental en el desarrollo de
sus fases aglutinará, además de las operaciones propias y típicamente
documentales (condensación e indización), otra tradicional en el marco de las
técnicas bibliotecarias: la catalogación, encuadrada en el contexto del
análisis formal. Mijailov, Chernii y Guiliarevskii 24, dentro del procesamiento
analítico-
23 Van der BRUGGHEN: Cours d'introduction á la
documentation. La Haya, FID, 1972, p. 23. 24 MIJAILOV, A. I.; CHERNII, A. I.;
GUIUAREVSKII, R. S.: Op. cit., T.I, p. 148.
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sintético, distinguen los siguientes tipos: asiento
bibliográfico, clasificación o indización, anotación y extractación, traducción
de un lenguaje a otro y confección de reseñas. Incluyen dos operaciones nuevas:
la traducción —tanto del documento original como de los productos documentales—
y la confección de reseñas, tarea esta última que supone un desbordamiento del
ámbito del análisis al ser cometido de la difusión documental. En una corriente
de propiedad terminológica se sitúa Couture des Troismonts 25 cuando inserta
dentro del análisis el señalamiento (o rasgos que identifican el documento) y
la clasificación e indización, dejando de lado la técnica de resumir. Mucho más
importante fue la aportación hecha por Fondin 26, quien distinguió dos partes
netamente diferenciadas dentro del análisis documental: de un lado, la
descripción bibliográfica, en íntima relación con la catalogación, se encargará
de recoger todos los elementos aparentes y convencionales que hacen posible la
identificación formal de cada documento siguiendo unos principios
normalizadores; y, de otro, la descripción o análisis del contenido,
considerado como «toda operación que permite poner de manifiesto el tema de un
documento y extraer los elementos o aspectos característicos que representen
fielmente las diferentes nociones o conceptos contenidos en él».
En esta línea se sitúa López Yepes 27, al afirmar que los
dos polos sobre los que gira esta actividad son: el análisis físico o formal de
los documentos primarios, que engloba la descripción bibliográfica o
catalogación; y el análisis del contenido de los mismos, para su posterior
localización (des-cripción característica o indización) y para su conocimiento
en profundidad (descripción sustancial o resumen). En opinión de Amat, el
análisis documental comprendería estas cuatro fases: descripción bibliográfica,
catalogación, indización y resumen. García Gutiérrez las reduce a tres sin
embargo: descripción física o bibliográfica, descripción característica y
descripción sustancial. En cuanto a la concepción restringida sobresale Gardin
28, pues concentra su atención únicamente en el análisis interno, distinguiendo
tres opciones: resumen, indización y traducción eventual del documento. En una
dirección similar se pronuncian Coyaud, Courrier y Chaumier, para quienes el
análisis comprende las operaciones de condensación e indización. Como
conclusión y sin ánimos de dogmatizar, abogo por la concepción integral del
análisis documental, caracterizada por las fases de análisis formal y análisis
interno de los documentos. Dentro de la primera distin-
25 COUTURE DES TROISMONTS, R.: Manual de tácnicas de
documentación. Buenos Aires, Marymar, 1975, p. 55. 26 FOND1N, H.: Op. cit., p.
12. 27 LÓPEZ YEPES, J.: Nuevos estudios de documentación: el proceso documental
en lar Ciencias de la comunicación social. Madrid, Instituto Nacional de
Publicidad, 1978, p. 112. 28 GARD1N, J. C.; GROLIER, E.; LEVERY, F.: Op. cit.,
p. 13.
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guiremos la descripción bibliográfica y la catalogación, en
modo alguno contrapuestas pero tampoco identificables en sentido operacional,
porque la primera tiene un marco más restrictivo al no recoger nada sobre encabeza-mientos;
ubicación del documento dentro de una colección determinada; confección de
fichas secundarias o su ordenación en los catálogos, cometidos estos propios de
la operación de catalogación 29. Respecto al análisis interno comulgo con la
división que hacen la mayoría de los autores, que distinguen las operaciones de
indización y de resumir. Tan solo cabría plantearse su jerarquización, en cuyo
caso, si la enfocamos desde el punto de vista operativo y en función del grado
de profundidad analítica alcanzado (de menor a mayor), diremos que la
indi-zación precede a la técnica de resumir, pues ofrece como resultado solo
unas palabras claves o descriptores relevantes, en tanto que el resumen recoge
lo sustancial del documento analizado. Sin embargo, desde la experiencia de la
práctica documental, es más ventajoso efectuar primero la operación de resumir,
ya que la posterior indización, si es ejecutada por la misma persona, se
realizará con la ventaja de conocer más a fondo el contenido del documento analizado,
y de poder extraer palabras claves pertinentes del propio resumen.
4. EL ANÁLISIS DE CONTENIDO
4.1. La indización Los orígenes de la indización —si bien no
como técnica documental en su formulación actual— se remontan a la época
clásica, concretamente a ciertas ordenaciones de papiros egipcios y registros
fiscales de la antigua Grecia. Pero será con la adopción del códice como forma
de libro, en lugar de los rollos de papiros, cuando la idea de indización
alfabética se lleve a la práctica. Siguiendo a Witty 30 la aproximación más
temprana a índices temáticos alfabéticos conocidos aparece en un trabajo
anónimo del siglo V de nuestra era, la Apothegmata —lista de refranes de varios
padres griegos sobre temas teológicos— que aunque originariamente dispuso de
otro orden, fue organizado alfabéticamente en el siglo vi. Sin embargo, habrá
que esperar a los siglos xiv y xv para encontrar índices temáticos
racionalmente estructurados. Es el caso de la impresión del códice «De Materia
Médica», de Dioscórides, que recopiló todo el saber farmacológico de su tiempo,
o la obra de Aegidus Romanus «Comentarius in primum sententiarum», que engloba
un amplio índice compuesto por palabras representativas de los
29 Dado lo limitado de este artículo nos abstendremos de tratar
la descripción física de los documentos, recomendándose la lectura de
bibliografía específica como las obras de HuNTER y BAKEWELL: Cataloguing; la de
WYNAR: Introduction to cataloguing and classification... 30 WIrrY, F. J.: The beginnings of indexing and
abstracting... v. 8, n/ 4 (1973), p. 193-198.
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capítulos y no por las primeras de ellos como era habitual
en los índices de la época. No obstante el gran desarrollo de esta técnica se
produce en el último tercio del siglo XIX, cuando algunos bibliotecarios
emprendieron el análisis de contenido de los documentos. Y fue después de la II
Guerra Mundial cuando se desarrollaron nuevos métodos no convencionales, como
el sistema uniterms o el de descriptores, que hacían más eficaz la recuperación
de información. También la aparición de los primeros tesauros a principios de
los años sesenta, produjo todo un cúmulo de reacciones y nuevas perspectivas. A
partir de este momento se ha venido gestando una amplia concepción teórica de
la indización que ha acotado su campo operativo específico. La operación de
indizar es definida por la UNESCO en su Programa Unisist 31 desde un doble
punto de vista: como proceso, «consiste en describir y caracterizar un
documento con la ayuda de representaciones de conceptos contenidos en dicho
documento»; en cuanto a su finalidad, va destinada a permitir una búsqueda
eficaz de las informaciones contenidas en un fondo documental. Personalmente
opino que es la técnica de caracte-rizar el contenido de un documento y/o de
las demandas documentales reteniendo las ideas más representativas para
vincularlas a unos términos de indización adecuados, bien procedentes del
lenguaje natural empleado por los autores, o de un lenguaje documental
previamente seleccionado. En suma, es la operación central del sistema
documental, actuando su producto (índice) de auxiliar en el almacenamiento y
recuperación de la información. La indización podrá comportar distintos niveles
de profundidad en función de que se realice a partir del título de documento
—siempre y cuando sea significativo—, sobre el resumen —lo que significa una
economía en tiempo y esfuerzo— o sobre el mismo texto del documento original.
La elección de esos niveles vendrá determinada por alguno de estos factores: la
cualificación y efectivos de personal disponible, el volumen y naturaleza de la
información a analizar, el sistema de almacenamiento y recuperación de la
información, los medios económicos... Rowley resume en tres las etapas que
conlleva todo proceso de indiza-ción 32: — Familiarización con el contenido y
materia del documento. — Fase de análisis, donde el indizador decidirá qué
materias representa el tema principal del documento y por tanto deben ser
indizadas. Es una etapa difícil, pues a menudo se tropieza con temas
secundarios que complican la tarea. — Selección de términos representativos que
expresen sin ambigüedad el contenido del documento. Algunos teóricos incluyen
también la traducción de esos términos a un lenguaje documental. Estas fases no
tienen por qué
334
31 UNESCO: Principes d'indexation. Paris. Unesco, 1975, p. 2. 32 ROWLEY, J.: Abstracting
ad indexing. Londres, Clive Bingley, 1982. p. 45-6.
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ser secuenciales, ya que un indizador profesional
familiarizado con el lenguaje de indización puede ser capaz de efectuarlas
simultáneamente. Partiendo de la premisa de que el contenido de cualquier
documento es el conjunto de nociones de que trata, expresado mediante palabras,
obser-varemos que se genera un problema de lenguaje. A grandes rasgos podemos
distinguir entre lenguaje natural y lenguaje documental. El primero es aquel en
que está escrito el documento y los términos de indización son extraídos del
mismo texto. Es un lenguaje simple en su utilización pero ambiguo debido a la
multiplicidad de sentidos de algunos vocablos. Se establece y evoluciona por
impulsos sociales. El lenguaje documental se define a priori, antes de comenzar
la indización. Incluye un vocabulario artificial y estereo-tipado, compuesto
por una lista de términos normalizados y sus respectivas relaciones. Su
evolución estará en relación con el cuerpo documental y la comunidad de
usuarios a la que sirve. En el esquema de Courrier 33 estos lenguajes
documentales vienen des-critos por dos aspectos: la coordinación y el control.
En función a la coordinación podemos distinguir los lenguajes precoordinados
(coordinan antes del almacenamiento los diferentes conceptos que integran un
docu-mento) y lenguajes postcoordinados (donde el proceso de coordinación de
conceptos se produce en el momento de la búsqueda). Respecto al control,
diferenciamos entre lenguaje de vocabulario controlado (porque se establece de
antemano una lista cerrada y nominativa de términos que pueden unívoca y
limitadamente representar el contenido de un documento) y lenguaje de
vocabulario libre (que no necesita a priori una lista de términos autorizados,
sino que se extraen del documento los conceptos más apropiados tal y como
aparecen). Tras estas divisiones conviene matizar que ningún lenguaje es
totalmente puro, pues pueden mezclarse los aspectos de coordinación y control
dando lugar a múltiples combinaciones, cada una de ellas con sus ventajas e
inconvenientes. En estrecha conexión con los lenguajes están los sistemas de
indización o grupo de procedimientos prescritos para organizar el contenido de
los registros de información con el propósito de la correcta recuperación y
difusión. Pueden agruparse en tres categorías en base a que la indización se
efectúe sobre las palabras (indización por unitérminos), los conceptos
(in-dización por descriptores) o los temas (indización por materias). Como
hemos anticipado, los primeros avances en la descripción carac-terística de los
documentos se realizaron en el seno de las bibliotecas a finales de la centuria
pasada, con el desarrollo de las clasificaciones enciclo-pédicas y facetadas
basadas en la sistematización de materias. Se estaba creando el concepto de
indización por materias —pero no el término—, entendida como la correlación
sucesiva de diferentes encabezamientos que
35
COURRIER, Y.: «Analyse et langage documentaires». Documentaliste, v. 13,
no 5-6 (1976), p. 183.
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335
expresan el tema o temas de un documento. Pese a sus
ventajas, este sistema fue ineficaz a medida que la recuperación ocupaba el
primer lugar de la actividad documental, lo que provocó la aparición del
sistema uniterms, creado por Taube. Según éste se trataba de vocablos pequeños
y simples seleccionados del propio documento para su identificación. Ello
suponía un importante avance en el campo de la indización, porque gracias a su
poder combinatorio era posible expresar las ideas contenidas en un documento
mediante un restringido número de términos. No obstante planteaba dos
inconvenientes serios, como recogen Van Dijk y Neiva Morelli 54: el primero
deriva del hecho de que las palabras aisladas a veces pueden carecer de
significación propia, comportando ambigüedad; y el segundo problema surge
porque las relaciones entre esas palabras o uniterms pueden dar lugar a falsas
combinaciones durante la búsqueda documental, distintas a las necesidades del
demandante. Pese a todo, el método de Taube fue una etapa conceptual importante
en el camino hacia la indización basada en los conceptos o indización por
descriptores. Para Silva 35 el descriptor es un viejo vocablo latino presente
en los diccionarios de varios idiomas (español, portugués, francés e inglés), y
que «ha adquirido un nuevo rigor y ha pasado a atraer los intereses de cuantos
se ocupan de los sistemas de almacenamiento y recuperación de la informa-ción.
Viene a ser la última denominación de algo que ha sido llamado sucesiva y
simultáneamente índice, encabezamiento de materia, término coordinado, palabra
clave». Pero dicha afirmación debe ser matizada, y a este efecto es
esclarecedora la tesis de García Gutiérrez 36 al afirmar que «el término
descriptor no encierra ninguna connotación sinonímica u otra dependencia
semántica con las precedentes, sino, por el contrario, la única relación es la
creada por la evolución de las técnicas indizadoras y no de los conceptos». En
la actualidad, constituye «el campo léxico esencial y más eficaz con objetivos
recuperacionales en los diferentes ámbitos del saber». Finalmente, debemos
señalar que el producto tradicional de la indización es el índice, documento
secundario que conduce al usuario desde la informa-ción conocida a otra
adicional previamente desconocida. Fruto también será la configuración de
listas de términos base para los lenguajes documentales y posterior
construcción de tesauros.
4.2. La operación de resumir El crecimiento desbordante de
la información científica y la multiplicidad
54 DIJK, M. van; SLYPE, G. van: El servicio de Documentación
frente a la explosión de la información. Buenos Aires, C.N.I.C.T., 1972, p.
52-53. NEIVA MORELLI, J.: Conhec e aplique a indexacao coordenada. Rio de
Janeiro, Associalao Brasileira de Bibliotecarios, 1968, p. 13. 55 SILVA, B.:
Origem e evolufao dos descritores. Rio de Janeiro, Fundalao Getulio Vargas,
1972, p. 27. 56 GARCÍA GUTIÉRREZ, A. L: Lingüistica documental. Barcelona,
Mitre 1984, p. 110.
336
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de documentos publicados hace cada vez más útil y necesaria
cualquier técnica que informe sobre el contenido de cada documento. Aunque sus
orígenes se remontan a la época clásica, la implantación social en nuestra
cultura es paralela al desarrollo de las revistas científicas y por tanto al
concepto de ciencia moderna. Desde ese momento resumen y revista científica
inician una andadura conjunta hasta nuestros días, y en la que aquél provee a
ésta de especiales características. Será en los siglos xIx y xx cuando
asistamos a la proliferación de revistas de resúmenes especializadas, como
entre otras Physics Abstracts, Chemical Abstracts, Historial Abstracts... La
variada e imprecisa gama de denominaciones que ha recibido esta operación
(condensación, reducción, extracción, resumen...) nos obliga a detenernos en su
concepto. En opinión de Cleveland 37 es un procedimiento complejo dirigido a
representar el contenido de los documentos analizados en orden a guiar al
usuario en la información apropiada. A nuestro modo de ver, la operación de
resumir consiste en la transformación que experi-mentan los documentos
primarios a través de dos procesos: de un lado, el análisis hasta obtener su
contenido esencial, y de otro, la síntesis abreviada y precisa de ese contenido
previamente analizado. Si bien la etapa analítica de este proceso resumidor
puede ser sometida con cierta facilidad a un conjunto de reglas y
procedimientos para su mejor desarrollo, no sucede igual con el estadio
sintetizador, cuyo carácter eminentemente creativo se rebela ante los intentos
normalizadores, pudiendo afirmarse que nos encon-tramos ante un auténtico arte.
Su dificultad estriba en que no existen normas suficientemente válidas para
aprender a resumir. No basta con someterse a los numerosos consejos en cuanto a
la objetividad, precisión, concisión... Hay que suministrar vida, revitalizar
el documento. Y ello no puede hacerlo más que una mente capacitada para crear.
En la operación de resumir confluyen estos ingredientes fundamentales: el
resumidor, el documento original y el destinatario. En cuanto al sujeto, la primera
cuestión que se plantea está relacionada con la idoneidad para llevar a cabo
esta tarea. Es evidente que debe ser alguien familiarizado con la temática del
documento a resumir, ya sea el autor del documento original, un especialista en
la materia, o un resumidor profesional. Pese a las peculiaridades de cada uno
de ellos, el resumidor será el agente por excelencia de esta operación, y
deberá gozar de experiencia en el tema a resumir y conocimiento de las técnicas
documentales. El objeto sobre el que se opera es el documento y en especial el
científico, que podremos agrupar en las siguientes categorías: revistas,
monografías y libros, informes técnicos, tesis, actas... Por último es
fundamental conocer el destinatario de esta actividad, cuyo amplio espectro va
desde los científicos, investigadores y docentes a indizadores y bibliotecarios
referencistas.
37
CLEVELAND, D. & A.: Introduction to indexing and abstracting. Littleton,
Libraries Unlimited, 1983, p. 104.
B. Andbad, XXXIX (1989), núm. 2
337
Es difícil hablar de metodología en una actividad
caracterizada por su cualidad intelectual. La pobreza de literatura al respecto
es fiel reflejo de esta dificultad. Como tarea preliminar el centro o servicio
de documentación fijará los criterios de selección del material a resumir,
teniendo en cuenta que no todo lo que se publica es relevante y significativo,
y además el costo económico y la disponibilidad de tiempo son factores
decisorios. La operación de resumir constituye una unidad de actuación indivisible,
pero por razones metodológicas vamos a diferenciar dos etapas que, aunque
complementarias, son funcionalmente distintas: el análisis del documento, y la
síntesis o tarea definitiva. Dentro de la primera, y en consonancia con la
naturaleza del documento, distinguiremos el análisis formal (cuyo cometido es
la redacción de la correspondiente referencia bibliográfica) y el análisis
temático, que se inicia con la lectura para llegar a la recogida de notas a
través de la etapa analítica propiamente tal 38. Ha de hacerse como mínimo una
doble lectura: la primera rápida, para centrar la atención en sus
características fundamentales; y otra más cuidadosa y activa poniendo énfasis
en los principales párrafos y las secciones claves presentadas bajo los
siguientes epígrafes: introducción, objetivos, metodología, conclusiones, ya
que estos generalmente contienen la esencia de lo que el autor considera
conceptualmente importante. Con los datos suministrados por las diferentes
lecturas estaremos en condiciones de comenzar el auténtico análisis del
documento, entendido éste como «distinción o descomposición de las partes de un
todo». Ello conduce a un desmenuzamiento de la información explorando las
partículas más pequeñas «hasta que las partes pertinentes de la estructura
queden expuestas y dispuestas para ser escritas». Es ésta una necesaria y
difícil labor de «strip-tease» que nos permitirá ver al desnudo las auténticas
aportaciones del original en estudio, eliminando toda la información
irrelevante. La fase de síntesis trata de recomponer lo que el análisis
descompuso, pero no en base a yuxtaponer ideas aisladas, sino dándoles una
unidad y sentido nuevos. Culmina con la arquitectura de su producto: el
resumen, concebido como el resultado de una transformación analítico-sintética
del contenido del original, de extensión reducida, que actúa de intermediario
entre éste y el usuario. Su estructura obedecerá a un desarrollo lógico y
constará de una introducción que albergue la información esencial no recogida
en el título, un núcleo central, compuesto de párrafos equilibrados, y unas
conclusiones. Todo ello completado por la referencia bibliográfica y la firma
del resumidor. En cuanto al estilo, estará presidido al menos por estos
criterios: fidelidad al contenido del documento original; precisión; claridad
expositiva
38 Véase sobre este particular mi artículo: «La operación de
resumir: formulación teórica, procedimientos y perspectivas». Cuadernos de
Documentación de Cajas de Ahorros, v. 111, nQ 5-6 (1987), p. 40-62.
338
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(utilizando la terminología apropiada) y concisión, dando a
la frase plenitud de sentido con el mínimo número de palabras. Para la
elaboración de resúmenes los servicios disponen de sus propias pautas en forma
de manual de instrucciones y recomendaciones, pues aunque existen normas
publicadas (ISO 214-1976, ANSI Z. 39 14-1979...) éstas son más ricas en
consejos sobre la redacción del análisis que en recomendaciones sobre el
verdadero análisis de contenido 39. De entre las funciones del resumen
recogemos las más significativas: — Actúa de anticipo del documento original. —
Mantiene al investigador actualizado de los avances en su campo temático,
ahorrándole tiempo y esfuerzo. — Elimina las barreras del lenguaje, al ser
presentado en una lengua de amplia difusión. — Ayuda a la búsqueda
retrospectiva de información y cumple un papel importante en la estructura de
los sistemas automatizados, ya que muchas bases de datos incluyen, además de
las referencias bibliográficas, resúmenes que permiten la localización y
selección del «full text». En cuanto a las tipologías del resumen hay diversos
criterios para establecerlas. Algunos autores como Van Dijk y Van Slype 40,
desde un prisma cuantitativo, basado en la extensión del mismo, en función de
la mayor o menor cantidad de información contenida, distinguen hasta nueve
tipos: título, anotación, resumen telegráfico, indicativo, informativo,
extracto, reseña, compendio y el texto mismo. Otros, entre ellos Bernier y
Chaumier 41 dividen los resúmenes: — Según su forma o propósito interno en: a)
indicativo (señala breve-mente los temas abordados en el documento), b)
informativo (proporciona una descripción completa del contenido del documento
intentando cubrir cuatro puntos esenciales: objetivo y alcance, metodología,
resultados y con-clusiones) y c) crítico, aunque se cuestiona si es en efecto
una tercera categoría, ya que se trata de un resumen que junto al contenido del
documento aporta las conclusiones personales del resumidor. Este tipo deberá
explicitarse y llevar la firma de su autor. — Según su origen se pueden
clasificar en a) resumen de autor, redactado por el propio autor del documento
original. Tiene la ventaja de ser confec-cionado por la persona que mejor
conoce el tema a priori, y de aparecer simultáneamente a la publicación del
documento original. Pero a veces la falta de objetividad y el desconocimiento
de las técnicas y procedimientos de resumir da lugar a productos de baja
calidad; b) resumen de expertos en el área temática, conocedores y peritos en
la materia a resumir, pero no por
39 Ibidem, p. 57-60. 40 DIJK, M. van; SLYPE, G. van: Op.
cit., p. 99-100. 41 BERNIER,
C. L.: «Abstracts and abstracting». En: Enciclopedia of Library and Information
Science. v. I, 1969, p. 17; CHAUMIER, J.: Análisis y lenguajes documentales. Barcelona,
Mitre, 1986, p. 22-23.
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339
regla general en sus técnicas; c) profesional del resumen,
que hace de la operación de resumir una manera de vivir. Producen resúmenes
óptimos sobre todo si trabajan campos específicos, con los que están
familiarizados. Por último Rowley 42 aporta una tercera clasificación teniendo
en cuenta su propósito externo y distingue: a) resumenes orientados «a
disciplina», porque están escritos para un área específica del conocimiento, y
b) los orientados «a misión», que son escritos para apoyar actividades de
aplicación. Ambos pueden ser a su vez indicativo, informativo o crítico en su
construcción interna. Finalmente debemos añadir que una vez redactado el
resumen se proce-derá a su edición e impresión, bajo la forma de boletín o
revista de resúmenes. De cualquier forma, la permanencia del resumen y/o de la
revista de resúmenes corre paralela a la de los documentos primarios que
representan.
5. EPÍLOGO
No queremos finalizar sin aludir a la importante función que
juega la normalización en el dominio de las Ciencias de la Documentación, pues
asegura la comunicación y transferencia de la información permitiendo
simplificar y racionalizar los métodos y técnicas de trabajo, unificando los
productos resultantes. La amplitud normalizadora permite incidir en el
desarrollo del proceso documental y por tanto del tratamiento en su doble
faceta: análisis documental y recuperación. Limitándonos al primero, objeto de nuestro
estudio, podemos afirmar que el producto de dicha normalización, la norma,
afectará a las fases de análisis del mismo modo que a los documentos o al
soporte en sí. Y precisamente será en el análisis formal donde las distintas
corrientes se han unificado a lo largo de este siglo, proporcionando un alto
grado de normalización internacional. Prueba de ello es que instituciones y
organismos nacionales (AENOR, AFNOR...) e internacionales (FIAB, FID, ISO,
UNES-CO...) hayan emitido normas a este respecto, sobresaliendo entre otras las
relativas a soportes físicos (formato de fichas), de descripción bibliográfica
(como las múltiples y específicas ISBDs), de catalogación (AACR 2, Reglas de
catalogación españolas...). No obstante el problema normalizador surge en las
operaciones de análisis interno, pues su marcado carácter intelectual las hace
difíciles y complejas. Las reglas y normas que se dan al analista no son
suficientes para asumir una uniformidad o consistencia satisfactoria. En el
apartado de la indización destaca la actividad de la ISO, que ha orientado sus
normas a la elaboración y presentación de vocabularios y terminologías
sistemáticas, o al establecimiento de principios directores sobre construcción
de tesauros.
42 ROWLEY,
J.: Abstraaing and indexing. Londres, Clive Bingley, 1982.
340
B. Anabad,
XXXIX (1989), núm. 2
Respecto a la operación de resumir disponemos de algunas
guías (de la UNESCO, p. ej.), directrices (Chemical Abstracts Services) y
normas (ISO 214-1976) centradas más en recomendaciones estilísticas y
semánticas que en cuestiones metodológicas. En general y para cualquier fase
del análisis, la normalización documental deberá evolucionar al unísono con las
necesidades de los usuarios y el progreso científico-técnico, para facilitar la
organización racional de los recursos y el tratamiento y difusión de la información
en ellos acumulada.
B. Atiabad,
XXXIX (1989), núm. 2
341



















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