UN EXTRAÑO PLANETA... PLANETA... PLANETA... Héctor Oesterheld

 

UN EXTRAÑO PLANETA... PLANETA... PLANETA... Héctor Oesterheld

Abril 15, 2032.

Hoy terminamos de instalar la base.

Crawford y su gente partieron en la cosmonave. Por fin me quedé solo.

Fue un alivio verlos partir, ya Crawford me tenía bastante cansado, siempre sintiéndose comandante, cuidándose de no darme órdenes directas, pero imponiendo siempre su voluntad. Al fin de cuentas, quien se quedará en la base durante un mes soy yo y no él; soy yo quien debe vivir aquí, soy yo quien debe disponer de todo como se me dé la gana.

Nos llevamos un apurón tremendo para que la cosmonave pudiera partir a la hora fijada; la base ha quedado a medio arreglar, tengo muchísimo que hacer todavía. Y tengo que aprendérmela rutina déla entrada y la salida bien de memoria, hasta lograr hacerlo en forma automática; si me llego a equivocaru na sola vez, moriré en el acto. La atmósfera exterior tiene demasiado contenido de flúor, como podrá verse en los registros de los aparatos.

Seguiré mañana anotando mis impresiones, ahora estoy demasiado cansado.

Abril 16

Lo que se llama un día inolvidable. Salí bien de mañana; la luz azulada del sol doble bañaba la hondonada donde está la base. La Roca Alta, que este» detrás, aparecía como irisada en medio de tanta luz.

Sí, Sigma 9 es un planeta maravilloso.

Me adapté en seguida al traje espacial, no experimenté incomodidad ninguna me muevo y respiro con toda libertad.

Me alejé bastante de la base, en dirección al "bosque" que señaló Mulligan. Atravesé una especie de prado, cubierto por una vegetación extraña, un verdadero colchón de tallos retorcidos, parecen lianas que crecieran horizontalmente; el colchón tiene más de un metro de espesor. Pasé junto a un

arroyo, el agua humeaba; le medí casi 34 grados. Había plantas de hojasanchas en las márgenes, otras que parecían hongos, muy blancas. Más allá del arroyo pasé por la espesura de arbustos "musicales" que encontró Mulligan: es una planta de color rojizo, con hojas muy pequeñas, "vibradores" muy largos.

Apenas uno los toca, tal como lo describió Mulligan, emiten una serie de sonidos extraños, en curiosa armonía. Ya cerca del "bosque" vi pasar un verdadero enjambre de seres, no más grandes que avispas; los hubiera tomado por coleópteros si no fuera porque tenían sólo dos patas, corrían con increíble rapidez. En el borde del "bosque" vi las plantas azules que también alcanzó a

describir Mulligan en su informe: vi las "flores", son inmensas, impresiona verles los pétalos ondulando constantemente. Confirmo la observación de Mulligan: no había viento alguno, pero los pétalos se movían sin cesar. Filmaré el movimiento, seguro que algún ritmo lo preside.

No penetré en el "bosque", la tentación era grande, pero debo proceder con método. Investigaré el prado y, recién después, penetraré entre las "flores ondulantes". Vi volar los "polípteros" que tanto impresionaron a Mulligan: no son más grandes que mariposas comunes y tienen un número variable de alas.

Encuentro correcto el nombre que les puso Mulligan, "polípteros", o sea "muchas alas".

Regresé a la base, en tren de paseo. Una experiencia inolvidable: ver el sol doble bastante alto en el horizonte, ver la hondonada envuelta en la bruma azulada, con la Roca Alta cada vez más irisada. La cúpula de la base no parece fuera de lugar; la bruma la envuelve, se diría que siempre ha formado parte del paisaje de Sigma 9.

Me felicito por haber venido. Todos trataron de disuadirme, me pusieron por delante, hasta el cansancio, el ejemplo de lo ocurrido a Mulligan y a Ramsgate, los dos observadores anteriores.

Ahora me alegra el no haberles hecho caso.

En Sigma 9 no hay nada peligroso, no hay ningún animal más grande que un gato, no hay ninguna forma de vida inteligente. Crawford y su gente, en todos los días que estuvieron aquí, exploraron una superficie vastísima, sin encontrar nada que pueda representar algún peligro.

Ramsgate se mató, es cierto, pero desgraciadamente no es el primer observador naturalista que, librado a sí mismo en la soledad y la extrañeza de un nuevo planeta, no soporta el aislamiento y termina pegándose un tiro.

Lo de Mulligan fue más serio, no cabe duda, porque era un científico que prometía, una verdadera personalidad. Pero vaya uno a saber qué conflictos rugían en el fondo de su espíritu cuando decidió venir a Sigma 9; si terminó volviéndose loco habrá sido por algún problema anterior, no porque la vida en Sigma 9 se le hiciera insoportable, o porque algo lo aterrorizara hasta privarlo de sus facultades mentales. La misma forma de locura prueba que Sigma 9 no tuvo mucho que ver: parece que Mulligan, cuando fue encontrado por la Expedición de Relevo no hacía más que repetir la misma frase: "Desde la cima de la Roca Alta, la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombrasmulticolores, transparentes...". La repetía sin cesar, casi como si fuera un rezo.

Y no hubo forma de hacerlo callar, ni de hacerle decir otra cosa...

Peor para Mulligan y para Ramsgate si no pudieron adaptarse: Sigma 9 es un planeta ideal para un naturalista. Hay tantas nuevas formas de vida aquí que uno no sabe por dónde empezar, es un verdadero paraíso.

Y no sólo eso: quien primero estudie la flora y la fauna de este planeta, pasará, sin duda, a tener un nombre destacado en la Historia Natural del espacio.

Mulligan empezó a hacerlo, pero apenas si trabajó dos o tres días. Sigma 9 está prácticamente virgen, enteramente a mi disposición.

Abril 17

Un día agotador.

Desde temprano no hago más que cazar pequeños animales, no más grandes que insectos; los cazo y los pongo en el frasco con "Toxol".

Prácticamente sin alejarme de la base, he llenado más de diez frascos, todos con formas de vida diferentes. Cacé también un políptero, uno de esos animales parecidos a mariposas, con alas múltiples; mejor dicho, se cazó solo: prácticamente se metió por sí mismo en el frasco con "toxol".

Ha sido un día extenuante, tengo los ojos todavía prácticamente llenos con todo lo que he visto: es tal la variedad de seres, tan extraño aparece todo, que estoy como deslumbrado, anonadado. Lo que es más curioso, lo que me intriga más, es la sensación general de familiaridad que, a pesar del exotismo de todo, me producen las diferentes formas de vida de Sigma 9: hay un extraño

paralelismo, aunque sólo sea formal, con la fauna y la flora de la Tierra.

¿Estaré en el umbral de algún gran descubrimiento científico? ¿Aquí, en Sigma 9, no terminaré por encontrar la clave al secreto de la evolución de la vida en el universo?

Darwin hizo un largo viaje en el "Beagle", y de las observaciones que practicó extrajo las bases para su célebre teoría de la evolución. ¿Llegaré yo a algo parecido?

No, mejor no desvariar, no soy quién para aspirar a tanto. Quizá Mulligan pudo hacerlo, él era un hombre mucho más preparado que yo. A propósito, ¿qué le ocurriría a Mulligan? ¿Por qué terminaría perdiendo la razón?

Me cuesta creer que la soledad lo abatiera: Mulligan era un verdadero naturalista, y en un lugar como éste, un hombre de ciencia no puede sentirse solo nunca. Es tanto lo que hay que hacer aquí, es tanto lo que hay que observar, tantos los enigmas que se presentan al espíritu, tantas las cuestiones que quedan sin respuesta...

Para un hombre cualquiera, todo esto sería muy extraño, lo admito. El día con el sol doble, las noches con esas tres lunas que producen sombras tan cambiantes, las plantas, los animales tan ajenos a todo lo que uno ha conocido. Sí, para un hombre cualquiera tanto exotismo sería algo

insoportable. Pero no para un hombre como Mulligan.

Cuando uno se entrega a la ciencia no tiene patria ni hogar. La patria y el hogar son el propio estudio. Yo mismo, que no le alcanzaría a la suela de los zapatos a Mulligan, me encuentro aquí como en mi casa; no puedo sentirme completamente solo, conmigo están también los hombres de ciencia de la Tierra que, apenas yo regrese, se desvivirán por leer mis informes, por ver de

cerca los especimenes que yo lleve, por estudiar mis colecciones.

Mulligan tiene que haber sentido lo mismo, él vivió siempre entregado totalmente al estudio. ¿Por qué se dejó abatir así? ¿Por qué su intelecto, habituado a la férrea disciplina de la investigación, terminó por claudicar de manera tan súbita?

Francamente, no lo entiendo...

Abril 18

Hoy no salí de la base: me he quedado ordenando todo el material que recolecté ayer.

El día no me ha rendido mucho, que digamos. Culpa del políptero.

Creí que el "toxol" del frasco lo mataría, igual que a todos los otros animales que recolecté.

Pero no, el políptero quedó bien vivo, tanto que, durante la noche, se comió a todos los otros animales que compartían con él el frasco.

No he visto nunca un animal semejante, la suerte me ha puesto delante de un ser verdaderamente único: su metabolismo es "fuera de serie", no creo que haya otro animal como él, capaz de crecer a ojos vista. Le he tomado fotografías seriadas: de una hora a otra su tamaño aumenta en un cinco por

ciento.

Para ver si seguía aumentando de tamaño, le di de comer otro de los animales que estaban en los otros frascos; tal como lo había previsto, el políptero siguió creciendo. El "toxol", a pesar de que es tan eficaz, que mata instantáneamente a todos los otros animales, a él no le hace efecto alguno.

Pero mejor me desentiendo un poco del políptero; tengo otras muchas cosas que hacer. Debo repasar los aparatos registradores, debo cambiar las cintas, debo preparar el programa para mañana.

Abril 19

Otra vez el políptero. Ya dije ayer que estaba delante de un animal increíble.

Me he quedado corto, el políptero es, creo, el ser más desconcertante que jamás encontró expedición espacial alguna.

Hago mal en decir que es desconcertante, la palabra que lo define mejor es sensacional.

Dormía todavía cuando me despertó un ruido seco.

Era el políptero que había roto el frasco.

Había crecido tanto durante la noche, que terminó por no caber dentro, hizo presión contra las paredes, el plástico terminó por ceder.

Resolví dejar de lado totalmente el programa de trabajos, para dedicarme de lleno al estudio del políptero. Me fue fácil atraparlo. Apenas si se debatió en el cazamariposas. Lo puse bajo el microscopio binocular. No tenía esqueleto externo, nada que lo semejara a un insecto terrestre. El

cuerpo de los polípteros está recubierto por una especie de piel.

Empecé a examinarle la boca por si resultaba peligroso manejarlo. Pero no, la boca es pequeña, sin aguijón, con piezas mandibulares que recuerdan curiosamente a una langosta. Traté de hacerle abrirlas piezas mandibulares para observarlas mejor, le introduje con suavidad el extremo de la lanceta. Y entonces ocurrió algo inesperado.

Cerró las piezas mandibulares en torno a la lanceta y, con un movimiento de la cabeza, me la quitó de la mano. Sí, me la quitó de la mano. Traté de recuperarla, pero aquella boca, aunque tan pequeña, era de una fuerza increíble.

Empezó a debatirse, traté de sujetarlo, pero fue imposible, terminó por soltarse. Me quedó en los dedos un polvillo parecido al que deja una mariposa terrestre. Sólo que era un polvillo color plomo. Desde el regenerador de aire, hasta donde había llegado en rápido vuelo, el políptero se quedó mirándome con los ojos grandes, múltiples. Y arreglándose las alas, sin querer, yo se las

había descompuesto algo.

Esto sí que es extraordinario. Dije que el políptero era sensacional, pero me quedé corlo.

Mientras escribía todo lo que precede, estuve por fuerza distraído y no miré para nada al políptero.

De pronto, algo me revoloteó cerca, levanté la vista.

Era el políptero. Aunque no, no sé si era el mismo. Porque ahora había por lo menos ocho o diez polípteros, todos iguales, revoloteándome alrededor...

Por increíble que parezca, el políptero se había reproducido en el breve lapso durante el cual yo había escrito los párrafos que preceden. Lo dicho, estoy ante una forma única de vida.

Por suerte no es peligroso, no tiene órgano alguno de ofensa. La boca, aunque tan poderosa, es pequeña y no podría lastimar aunque se lo propusiera.

La mancha color plomo que me dejaron en los dedos las alas del políptero se ha extendido hasta toda la mano, llega ya a la muñeca. Es algo curioso, no lo entiendo, pero... ¿qué importa?

Los polípteros son inofensivos, yo lo he comprobado...

Pero si cada uno de los ocho polípteros que ahora revolotean se multiplica por otros ocho..., tendré pronto sesenta y cuatro polípteros... Y en seguida, si estos a su vez se multiplican, tendré otros quinientos doce polípteros...

Demasiados polípteros... Me consumirán el aire.

Debería matarlos, debería fumigar la cabina con "toxol" concentrado.

Pero no, sería demasiado trabajo...

Lo haré mañana, estoy muy pero muy cansado.

Mañana mataré a los polípteros...

Abril 20

Suerte que no maté a los polípteros. Durante la noche, contra lo que temía, no se multiplicaron.

Esta mañana salí de la base y todos los polípteros salieron conmigo, se dispersaron. Seguro que el aire de la cabina, tan rico en oxígeno, no les gustó.

Hice bien en no tomarme el trabajo de darles muerte.

Otro día cazaré algún otro políptero y me pondré a estudiarlo.

Curioso, hoy no he tenido ninguna gana de trabajar. No sé qué me pasa, pero veo lo que me rodea, todo este esplendor, esta variedad, esta riqueza de vida, y no siento ya ningún impulso, ningún deseo de estudiarla... Sólo pienso en quedarme quieto, contemplando, gozándolo todo en forma pasiva...

Subí a la Roca Alta, la roca que está detrás de la base, la roca irisada por la luz azulada del sol doble de Sigma 9...

Toda la hondonada se extendía allá abajo; desde la cima de la Roca Alta, la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

¿Dónde oí una frase semejante?

Ya me acuerdo: era la frase que Mulligan, mi antecesor en el puesto, repetía y repetía cuando lo encontraron.

¿Me estará por pasar a mí algo semejante? Vamos, Colby, no vale la pena pensar... ¿Para qué pensar?

La mancha plomiza, me fijé esta mañana cuando me levanté, se ha extendido por todo el brazo, me llega casi hasta el hombro.

Pero... ¿Qué importa? ¡Es tan hermoso lo que se ve desde aquí, desde la Roca Alta!

Desde la cima de la Roca Alta la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

Desde la cima de la Roca Alta la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

Mayo 28, 2032

Hasta aquí el diario de Francis Colby.

Nuestra expedición de relevo llegó de acuerdo con el programa establecido. Descendimos sin novedad junto a la base, pero Colby no vino a recibirnos. Entramos a la base y la encontramos en gran desorden: restos de comida sin reducir, aparatos registradores funcionando sin cintas, nadie las había cambiado.

Frascos con algunos ejemplares raros tirados por el suelo, papeles. Y, por todas partes, cubriéndolo todo había una especie de polvo muy fino, grisáceo, con algo de metálico. Buscamos a Colby y lo encontramos en la cima de la Roca Alta. Nos saludó, muy contento, vino a nuestro encuentro. Moviéndolos labios, murmurando algo, como si rezara:

—Desde la cima de la Roca Alta la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

Recordé lo ocurrido a Mulligan. Sin duda Colby está afectado por la misma forma de locura.

En consecuencia, se confirma que Sigma 9 no se presta, por lo menos por ahora, para la colonización humana: debe haber aquí alguna forma de radiación, quizás algún gas en la atmósfera, en fin, no me corresponde a mí establecer qué puede ser, que afecta de manera muy profunda la capacidad mental de los seres humanos.

Deberíamos emprender el regreso ahora mismo, me doy cuenta de que eso sería lo más prudente, pero sería un trabajo tan grande poner otra vez la cosmonave en condiciones...

Después de todo, bien nos merecemos un descanso luego de tantos días de viajar por el espacio...

Mañana regresaremos...

Mayo 29

Escribo desde la cima de la Roca Alta.

Tengo las manos color plomo; a mis compañeros les pasa lo mismo.

Subí a la Roca Alta para convencer a Colby de que debería venir con nosotros.

Pero ya se me fue el apuro.

¡Es tan hermoso lo que se ve desde aquí arriba...!

Desde la cima de la Roca Alta, la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

Desde la cima de la Roca Alta, la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

Desde la cima de la Roca Alta, la hondonada parece un mar de brumas, un mar de sombras multicolores, transparentes...

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